
Nueve norteamericanos furiosas se convierten en la banda mas pesada del planeta gracias a su devocion por el ruido, las heces y la rotura de sus propios huesos.
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Slipknot es una banda metalera. Vendió tantos cds que ya ganó el Disco de Platino. Sus integrantes, oriundos de Des Moines, Iowa, Estados Unidos, se han hecho célebres por arrojar excrementos (propios), beber orina (también propia), prenderse fuego unos a otros y romperse los huesos mutuamente durante los recitales. La lista de lesiones colectivas de Slipknot parece la de un equipo de hóckey profesional y, sin lugar a duda, se engrosará durante la inminente gira Tattoo the Earth, que comienza a mediados de julio. Además, sus devotos admiradores, muchos de los cuales se autoagreden hasta hacerse puré en honor a la banda, tampoco están a salvo: en un concierto en el Wolverhampton Civic Hall, en Inglaterra, una chica del público fue internada por lesiones en la cabeza y posiblemente en la columna vertebral, después de que un Slipknot volador (dj Sid Wilson, Número 0) se tiró sobre el público desde un palco de nueve metros de altura y aterrizó sobre ella. En Oklahoma estuvieron a punto de producirse serios incidentes cuando el grupo se negó a tocar en un teatro porque los organizadores no dejaron entrar a sesenta fans -que tenían sus entradas- dado que el lugar estaba peligrosamente repleto por la sobreventa de localidades. Pero hay un dato muchísimo más terrorífico y revelador acerca de Slipknot: cuando el baterista y miembro fundador Joey Jordison (alias Número 1 o "el Kabuki Aterrador" [el kabuki es un tipo de representación teatral japonesa]) no está de gira, su mamá todavía lo hace cortar el césped. "Yo no corto el césped: lo repaso", aclara Jordison. "Lo hago con el codo, man. Lo repaso lo más rápido posible."
Los nueve miembros de Slipknot están juntos desde hace cinco años. Se ponen unas máscaras espeluznantes y unos enteritos con códigos de barras, y en lugar de sus nombres utilizan números. La nómina es la siguiente: los ya mencionados Wilson y el baterista Jordison; el bajista Paul Gray (Número 2); el baterista Chris Fehn (Número 3); el guitarrista Jim Root (Número 4); Craig Jones, encargado de los samplers (Número 5); el baterista Shawn Crahan (Número 6); el guitarrista Mick Thomson (Número 7) y el cantante Corey Taylor (Número 8).
Para los miembros de Slipknot, las máscaras representan lo mismo que la música para sus tripas: cuerpo y alma. La utilización de enteritos y números tiene el propósito de aniquilar al individuo, enfatizar el concepto de grupo y, sobre todo, hacer que la gente se asuste hasta cagarse en las patas. La música de Slipknot suena a Ministry sin sintetizadores, a Slayer con más onda y a Marilyn Manson si Manson estuviera efectivamente enojado. Es el primer grupo de death metal que hace zapadas: reemplaza la precisión técnica por la improvisación despreocupada. En el plano personal, los integrantes son chicos de Iowa: trabajadores, pueblerinos y tan modestos que ni siquiera en su faceta más pavorosa dejan de ser educados. "Esta es mi máscara original de Payaso. La única persona que tiene permiso para ponérsela es mi hijito", explica en un momento Crahan, alias El Payaso, pero en seguida agrega con cortesía: "Igual, podés olerla, si querés".
Al dar rienda suelta a sus monstruos internos, los miembros de Slipknot confirman la peor pesadilla de todas las madres de la Asociación Cooperadora de la escuela: en el interior de los angelicales jóvenes norteamericanos se ocultan unos dementes desquiciados, ávidos de ultraviolencia. Sobre el escenario, los Slipknot predican con el ejemplo: se aporrean entre ellos siempre que les da la gana. "Soy famoso por pegarme puñetazos en la cara y cagarme a trompadas a mí mismo", señala Crahan con su voz ronca. "En todos los recitales hay algún chico del público que se da golpes igual que yo. Le veo los nudillos ensangrentados y los ojos morados. Lo miro a los ojos y me doy cuenta de que tiene la mente en otro lado. Es mucha responsabilidad."
Las letras de Slipknot -su segundo disco, que desde hace cinco semanas no se mueve del ranking Billboard 200- son contestatarias y nihilistas; por ejemplo: "Al carajo con todo, al carajo con este mundo, al carajo con las cosas que tolerás./ No formes parte de nada, no existas, ¡cagáte en todo! Nunca me juzgues" ("Surfacing"), o "Al carajo con esta mierda. Ya me tiene harto./ Vas preso. ¡Es una guerra!" ("Sic").
Entre los nueve integrantes del grupo, son pocos los que tienen padres divorciados y, a excepción de alguna que otra etapa sombría, todos siempre llevaron vidas saludables. De todos modos, están llenos de un odio furioso al que les cuesta encontrarle un porqué.
Shawn Crahan : Tengo una esposa lindísima, tengo tres hijos sanos. Soy feliz, man. Pero cuando subo al escenario, hay algo que se enciende en mí. Soy capaz de matar. La puta madre. Joey Jordison : Estoy en este grupo por todo el odio que me dan todas las cosas del mundo.
Mick Thomson : Miles de veces subo a escena y ni siquiera tengo ganas de tocar. Quiero tirar la guitarra al carajo y bajarles los dientes a todos. Y tocando no me descargo en absoluto. O sea: ¿hay algo que no me ponga loco? Todo lo que no tenga que ver con la calma y la serenidad total me pone loco.
Chris Fehn : Estoy enojado conmigo. Estoy enojado con la vida que llevás cuando estás de gira: es una porquería. Pero si no existiera la música, habría muchísimos asesinatos más. O sea, ¿qué pasaría si lo único que hubiera fuese Barry Manilow?
Sid Wilson : Estoy en guerra conmigo, en escena, todas las noches. Es algo que a veces me asusta. Me freno y me digo: "¿Qué estoy haciendo?".
Paul Gray : Si no tuviera este grupo, estaría sentado en Los Angeles, drogado y borracho hasta las manos.
Craig Jones : Todo me pone loco. La vida es una cagada. Si no estuviera haciendo esto, tal vez saldría a matar gente, igual que los demás miembros de la banda.
Jim Root : Tengo un humor muy cambiante. Todo el mundo tiene sus problemas. Y siempre aparecen problemas nuevos.
Corey Taylor : Siento un rugido terrible en la cabeza. Y cuando me pongo la máscara, me entrego a ese rugido. Nuestros recitales son mi forma de abrirme paso en la nebulosa que trato de mantener bajo control durante el día.
Slipknot surgió a partir de una idea de Crahan, por lejos el más conflictuado de los nueve (después de todo, le gustan los payasos). Tiene la convicción infernal de que la misión del grupo es "diseminar la enfermedad". Muchos de sus monólogos encajarían en Los expedientes X: "Analizo todo. ¿Y esos aviones que suben y dejan estelas de humo? ¿Qué son? ¿Cómo puede ser que siempre tracen una X? ¿Marcan el centro de algo? Me interesan muchísimo las pirámides y la filosofía egipcia; el Cinturón de Orión. Se descubrió que, donde están nuestras pirámides, en Marte hay como una cabeza de Esfinge que coincide. Y hay una mancha oscura en una de las lunas de Júpiter o Venus o no sé dónde, que nosotros no vemos, pero es un bulto y parece estar en el mismo lugar".
El ex soldador de 30 años, casado y con tres hijos, es el mayor de los Slipknot (los demás tienen más de 20 pero todavía no se acercan a los 30). Cuando no tiene puesta la máscara, Crahan no pierde intensidad. Si bien es muy simpático, sus llameantes ojos celestes no dejan de susurrar "descontrol". Es robusto, usa barba y un arito en una ceja, y tiene manos grandes y pelo corto (actualmente con una tintura símil leopardo, gentileza de su esposa, Chantal). Su frente está llena de cicatrices de tanto embestir con la cabeza contra su batería. Le creés cuando te dice que va a venir a buscarte si te interponés en su camino (frase que repite con bastante fre- cuencia).
Crahan tiene algo de mamá gallina: se regodea con el torbellino de llamados telefónicos que le hacen sus compañeros durante las horas previas a un ensayo. "Bueno, hay que hacer esto: es necesario que lleguen todos a horario; nos encontramos todos en mi casa", dice. "Sí, ya sé que tenés cosas que hacer, y yo tengo las mías. Pero esto también hay que hacerlo." En su casa, Crahan procede como una especie de maestro de colonia de vacaciones programando actividades para sus hijos. Parece de esos tipos que siguen disfrutando de patear la pelota. Pero tal vez sólo sea por el hecho de patear alguna cosa.
"¿Qué es ese ruido de mierda?", grita. Estamos recorriendo Des Moines en su curtida Maxima gris. El vehículo, igual que su dueño, despide ese olor dulce y viscoso de los duraznos podridos; es la consecuencia de usar todas las noches la misma máscara de látex que ya tiene quince años, bajo las luces fuertes, durante varias semanas seguidas. "Tiene que ser un guardabarros de mierda", murmura. "Lo voy a hacer recontrapelota. Los arranqué a todos, pero el ruido sigue estando." Sa-Tone, su técnico de batería, un hombre grandote con pelo teñido de rubio y kilos de metal que le cuelgan de los labios y la nariz, dice que puede ser un neumático. Cabe mencionar que Sa-Tone consiguió su puesto gracias a sus notables facultades digestivas. "Le dije: «Tomáte este pis»", relata Crahan. "Y él pregunta: «¿Por cuánto?». Le doy 100 dólares y se traga el meo. Después dice: «¿Me das 75 dólares más por vomitar y volver a tomarlo?». Cómo no. Lo larga, lo vuelve a tomar y... «Hasta luego, chicos». Por eso trabaja con el Payaso."
Crahan señala una casita ubicada en un barrio de clase media baja. "Mi taller de soldadura estaba en el garaje. Yo hacía unas esculturas y jaulas enormes, y las sacaba acá afuera para pintarlas con aerosol", recuerda, parado en la entrada. "Mientras soldaba empecé a pensar en formar un grupo, y un día le dije a mi esposa: «Voy a armar una banda. Va a ser impresionante»."
Crahan acudió a Gray, a quien había conocido en el ambiente speed metal de la ciudad. Gray tiene un tono de voz suave, usa pelo corto y lleva algunos aros en los labios. Vive en un Holiday Inn de Des Moines. El y Crahan se pusieron a zapar y finalmente incorporaron a Jordison, ex compañero de escuela de Gray. Jordison, el mayor de tres hermanos, vivió siempre en la misma ciudad; sus padres se divorciaron cuando era chico, y tiene alma de baterista desde los 3 años. "Se sentaba en el suelo y les pegaba a las cacerolas", cuenta su madre, Jackie. Jordison, que asegura (atención, amantes de lo gótico) que en su adolescencia vestía y embalsamaba a los muertos en la funeraria de su padrastro, tiene barba, ojos azules y un arito en una ceja. Mide 1,60 y le gusta usar un buzo con la leyenda: las personas chiquitas matan gente.
Los tres comenzaron a ensayar en serio en 1993. El padre de Crahan, que se dedicaba a los negocios inmobiliarios, le pagó 100 dólares por sacar una alfombra de una veterinaria. Crahan la usó para aislar el sonido en el sótano de la casa de sus padres. "Era de una veterinaria que se había mudado de un local de mi papá", recuerda el baterista. "La colgamos acá y nos dimos cuenta de que apestaba, porque la habían meado cualquier cantidad de perritos y gatitos. Después de ensayar cuatro horas, en el aire flotaba como un virus, mezcla de nuestra transpiración y de todo el pis de la alfombra. Creo que tenemos esa enfermedad desde el primer día. Empecé a esperar con ansias ese olor."
Ensayaban seis días a la semana, seis horas por día. Pasaron varios músicos más hasta que en 1995 se estabilizó la formación cuando se incorporaron los guitarristas Jim Root y Mick Thomson, y cuando Craig Jones dejó de tocar la guitarra para dedicarse a samplear. Jones, el Harpo del grupo, por lo común prefiere no hablar mucho con la prensa; ni con nadie, a decir verdad. "Es más fácil no abrir la boca", se justifica. "Así uno no se incrimina."
El grupo expandió aún más su sonido cuando incorporó a Wilson y a un tercer baterista, Chris Fehn, un ex jugador de fútbol americano devoto de Iron Maiden cuya madre toca el órgano en una de las iglesias católicas más grandes de Des Moines. "Creo que el mensaje que la banda trata de transmitir a los chicos es bueno, ¿no?", opina Gerry, el padre de Fehn. "Ya fui a tres de sus recitales, y la reacción de los chicos es excepcional. Tengo 55 años y cuando iba a recitales eran, por ejemplo, de Lionel Richie, los Temptations..." Fehn es el que usa la máscara de la nariz larga. Debajo de su careta fálica es, de todos los del clan, el que tiene aspecto más agradable: buen mozo, con ojos azules y pelo castaño rapado. Además es un ávido practicante de la pesca con mosca.
El último en incorporarse fue Corey Taylor, el vocalista gruñidor. Escribe la mayoría de las letras y no le faltan motivos para pegar alaridos. "Mi mamá era desocupada profesional", cuenta, "y a mi papá nunca lo conocí. Se esfumó antes de que yo naciera. Una vez, vivimos en la calle durante dos semanas en Fort Lauderdale. Estábamos en el lugar exacto donde filmaron Where the Boys Are [Henry Levin, 1960]; me lo dijo mi mamá cuando estábamos ahí sentados". Durante los primeros años de su adolescencia, Taylor tuvo problemas con las anfetaminas y con las drogas alucinógenas, "al punto que casi me muero", dice. A los 18, dejó el colegio secundario. "En la escuela no te enseñan un carajo", se queja. "Aprendés solamente lo que querés aprender. Yo me lo pasaba peleándome con los profesores. Una vez hasta le tiré un escritorio por la cabeza a uno; al profesor Raines. Es que justo había tenido un día de mierda. Le erré, pero por eso me suspendieron durante tres días. Después el profesor dejó de tratarme como antes."
Cuando los de Slipknot se pusieron en contacto con él, Taylor, aun escribía "cosas románticas con títulos como «Decí mi nombre»", cantaba en un grupo y al mismo tiempo trabajaba de noche en un local de material pornográfico. "Te digo una cosa, man: trabajar en un negocio de porno era genial", recuerda. "A veces lo extraño. Ahí fue donde escribí mis mejores letras. Podía poner Mighty Hermaphrodite [Poderosa hermafrodita], y era buenísimo. Una vez que te hiciste la paja unas tres veces, podés concentrarte como nunca."
Mamá, ¿hay alguien en casa?", pregunta Crahan abriendo la puerta de la modesta casa de sus padres, ubicada en el suburbio. Se nota que están arreglando las alacenas de la cocina. Fue en el sótano de esta casa donde la banda grabó los demos que darían origen al disco que hoy está en difusión. Ahora el sótano está lleno de mesas y sillas viejas y de algunos juguetes rotos. Es tan pequeño que los músicos literalmente se golpeaban la cabeza. "Somos una familia, y no hay mejor manera de expresar tus demonios internos que estar metidos en una piecita", dice Crahan. Una habitación lateral hacía las veces de oficina . "Acá traíamos a los periodistas, y estábamos ahí sin nada más que velas y polvo en el piso", recuerda. "Yo abría la puerta con la máscara puesta, y los demás estaban aquí entonando unos cantos gregorianos, tocando guitarras acústicas de dos cuerdas, golpeando el piso con botellas. Los periodistas se cagaban de susto, pero al final se ponían a huevear con nosotros."
Antes de bajar la escalera que lleva al sótano, hay una acuarela que Crahan pintó en su infancia. Es un borrón negro y verde con una mancha roja chorreada en el centro. Parece la imagen de lo que sucederá si Crahan sigue usando la misma máscara. "A mi máscara la llamo «el Fulano»", confiesa el baterista. "Duerme conmigo todas las noches. Antes era color piel. Ahora está toda cuarteada. Además, se está encogiendo, man, y secreta aceite. Yo lo limpio, pero vuelve a aparecer." Se le sugiere que eso tal vez tenga alguna relación con el hecho de que Crahan embadurna al Fulano con sus excrementos, pero él no presta atención.
Lesiones en las giras
Crahan : Desplazamientos de vértebras, fracturas de costillas y nudillos, una herida en la frente que recibió doce puntos de sutura.
Taylor : Un sector azul y sin vello en la pierna derecha a causa de una quemadura intencional.
Jones : Fractura del dedo gordo del pie (aplastado bajo el tambor de petróleo de 200 litros del set de batería de Crahan).
Fehn: Tablillas en las piernas, magulladuras y dolor crónico de cuello.
Gray: Heridas y magulladuras.
Thomson : Trastornos graves en la espalda.
Root : Heridas y magulladuras.
Jordison : Una canilla con laceraciones graves por tirarse encima su propio set de batería, fracturas y cicatrices en los nudillos, contusión y sutura a causa de un cañita voladora (lanzada por Crahan).
Wilson: Quemaduras de tercer grado en las piernas por prenderse fuego a sí mismo, dos costillas fracturadas, heridas, magulladuras.
Crahan vive en una agradable casa de dos habitaciones. En la entrada está estacionado un Mercedes 190 destartalado y sin cerradura en el baúl. "Esa cosa es una mierda. Nunca anduvo bien", explica.
Adentro, los oscuros pisos de madera de la sala están decorados con una alfombra persa elegida por su esposa. Sobre una mesa hay fotos de sus hijos junto a una gran toma en blanco y negro de Crahan en concierto, acercándose a una horda de chicos. "Ya no voy a los recitales", dice Chantal, su esposa, una rubia linda y delgada. Cuando sí iba, llevaba a sus hijos, a quienes les ponía orejeras de protección contra ruidos fuertes. A Crahan le gusta guardar su máscara en el cajón de ropa interior de Chantal, si ella se lo permite. "Apestaba tanto que le dije que la sacara de ahí. Y que la sacara del dormitorio", aclara ella. Lo mismo sostienen quienes visitaron el ómnibus de giras de la banda. "En el ómnibus guardábamos las máscaras en un cajón, pero la gente pasaba y se iba porque largaba un olor insoportable", confiesa Gray. (Ahora las máscaras viajan con los instrumentos.)
Crahan empezó a tocar la batería cuando era chico y un psicólogo se lo sugirió a sus padres para que el niño canalizara su agresividad. Sin embargo, tocar la batería no impidió que le prendiera fuego mientras le seguía el ritmo a Alex Van Halen. Actualmente adopta una perspectiva más orgánica, ya que prefiere cagarla en vez de incendiarla. Durante la gira europea de 1999, "ponía su mierda, digamos, en una botella, y la dejaba sobre el parlante mientras tocábamos", detalla Root. "Después untaba toda su batería y su propio cuerpo y se la pasaba por la espalda a Mick y creo que a mí también. Tenía un olor pestilente: mientras tocábamos, era como si fermentara. O sea, estábamos en Madrid y era verano; lo último que nos faltaba era que nos frotaran la mierda hirviente de un gordo."
Mañana slipknot se va a Canadá para una breve gira. Por primera vez en varios meses, hace dos semanas que descansan. Algunos de ellos no soportan la falta de actividad: Gray, Root y Thomson pasaron la primera semana en Los Angeles, con sus amigos. Después de viajar por todo el mundo, la perspectiva de volver a Des Moines, una ciudad de menos de 200 mil habitantes cuya zona céntrica se reduce a unas veinte cuadras, resulta tan raro como el hecho de compartir con los septillizos McCaughey, Cloris Leachman y Elijah Wood la condición de famosos nacidos en Des Moines. No es de sorprender que aquí abunden los grupos de thrash y los laboratorios de preparación de metanfetamina.
Esta noche, después de pasar rápidamente por Kum & Go para tomar unas gaseosas, los de Slipknot ensayan en un depósito de repuestos eléctricos. Entra Wilson con un chaleco de piel color tostado. "¡Miren!", grita. "Se me murió el perro. ¡Tuve que usarlo para hacer un saco!"
Wilson se acerca a la batería de Crahan y rasquetea una de las tantas manchas marrones que tiene estampadas. "Caca", sentencia tras olerse el dedo. Crahan lanza un gruñido. La banda arranca con la lista de temas que viene tocando desde hace meses -el primero es el canto fúnebre "Sic"- y se mueve al ritmo, salta y se las arregla para hacer de grupo y de público al mismo tiempo. Taylor pone los ojos en blanco y deambula sin rumbo entre una estrofa y otra. Se le tensan los músculos del cuello y se le enrojece la cara, lo cual le da un aspecto mucho más aterrador que su máscara. Cuando termina la canción, se inclina hacia delante y escupe repetidas veces algo que está a mitad de camino entre la flema y el vómito. "¿Podés guardarte el contenido de tus pulmones, por favor?", le pide Thomson, señalando un gargajo que ha caído peligrosamente cerca de su pie.
Mientras amontonan los equipos, Crahan revela el sencillo plan de la banda para el futuro. "Dominar el mundo", dice. "El último álbum de ’N Sync fue el disco de venta más rápida de la historia: 2,5 millones en una sola semana. ¡Eso significa que hay 2,5 millones de personas idiotizadas! ¿Cómo hacés para desprogramarlas? ¿Qué es lo que esta gente necesita urgentemente en sus corazones? Escuchan a falsos profetas, man. No están haciéndose cargo de sus verdaderas emociones."
Ya que está, Slipknot intenta romper un poco la escena del rock, también. "Todos tratan de acelerar el trámite", explica Crahan. "Slipknot es el trámite, y ahora le corresponde a otra gente acelerarlo." Eso, siempre y cuando aceleren, no copien. "Puede que nos copien, pero no pueden duplicarnos", dice. "Me encontré con un chico en Nueva Orleáns, y me habló de su banda. Tenía nueve miembros, okay. Entonces dijo que usaban máscaras; está bien. Agregó que él llevaba una máscara de payaso. Tuve que controlarme. Por un minuto me agarró ese instinto asesino: «Payaso… debe… destruir a otro Payaso»."
Hay un tipo al que a Slipknot no le importaría destruir. "En algunos shows de Limp Bizkit, Fred Durst dijo que nuestros fans son gordos y desagradables", escupe Taylor. "Hay tantos que piensan que sus mierdas no tienen olor, pero son los que cagan los peores soretes." Fehn lo explica de modo más suscinto: "Todavía no nos tropezamos con ese tipo, pero, cuando lo tengamos enfrente, será historia".
Crahan, como el resto de la banda, pasa algunas horas después de cada show atendiendo a sus fans: "Yo soy el chico gordo y desagradable que se sentaba en la última fila de los conciertos de Kiss, el que nunca pudo conocer a la banda, el que trabajaba toda la semana para poder comprar una entrada, el que tenía que besarle el culo a todo el mundo para llegar hasta el show en auto. Si los fans quieren hablarnos, les hablamos. Durante horas, man. ¿Necesitan algo de dinero para comida? Vi a Joey dándoles 25 dólares para que se compraran algo para comer. Quiero decir: sin esos chicos, nosotros no estaríamos aquí". Queda muy claro, viendo el ensayo de Slipknot, que los mismos integrantes del grupo son sus más grandes fans. Esta música los moviliza tanto como a los chicos que, en cada show, usan máscaras hechas con sus propias manos. No hace tanto que estos nueve tipos de Iowa eran sólo caras en la multitud. Cuando no están en escena, lo siguen siendo.





