
Sonidos de un grupo inquieto
Presentación del grupo Adamantino. Integrado por Pablo Morat en percusión, guitarra, acordeón y voz; Marina Carrera, en acordeón y voz; Nahuel Di Leo en guitarras, banjo y voz; Sebastián Tesone, en contrabajo, y Matís Rivero en bombardino. En Vaca Profana. Nuestra opinión: bueno
Hace un tiempo, comenzó a hablarse de la influencia balcánica de las visitas de Goran Bregovic y Emir Kusturica ante la proliferación de grupos que, lejos del rock pero sin ninguna intención pop, comenzaron aquí en Buenos Aires a buscar nuevas sonoridades.
Adamantino sería uno de ellos, salvo que ni la definición es cierta ni buena para ningun grupo y definitivamente no se aplica a este ahora sexteto. Tanto en este caso como en el de la mayoría de los que quedaron estigmatizados por esa idea de lo gitano (donde parecería reunirse lo romántico con lo "contagioso"), lo que más bien puede pensarse es que se trata de la decisión de investigar y divertirse tanto con instrumentos tradicionales pero dejados de lado por la corriente principal del rock como con ritmos y sonidos de otras latitudes.
Así, en Adamantino, las composiciones musicales abrevan en imágenes sonoras variadas con una actitud lúdica que también se pone en juego en el "look" de la cantante con un aire de antiguo y musical Hollywood, así como en la facilidad con la que ríen cuando el escenario demuestra ser definitivamente pequeño para la cantidad de músicos y de instrumentos que éstos despliegan.
Porque los integrantes de Adamantino no se quedan quietos. Por eso pasean (y no se quedan en ningún género) por corridos mexicanos, chacareras o chamarritas alegres. Hay poco de rioplatense en la propuesta, al menos en el sentido en que últimamente se frecuenta el término y que conecta directamente con las raíces negras que tanto aquí como en Uruguay dieron nacimiento a unos ritmos característicos; pero sí hay rioplatense en el sentido de río y puerto, y que remite así a esta cultura porteña hecha de inmigrantes de distintos orígenes.
Los músicos de Adamantino también pasean por instrumentos y así quien está en la batería aparece tocando guitarra, y luego vuelve a hacerse cargo de un botellón de vidrio del que extrae sonoridades cercanas al udu; quien está a cargo del poco frecuentado bombardino lo deja por un momento para soplar un berimbao de boca; las guitarras varían de tamaño y formato y repentinamente todos se ponen de pie y sólo suenan los zapatos sobre las tablas, la percusión sobre algunos bidones de plástico y la voz de Marina Carrera.






