
Teatro de comodines
El reemplazo de Gerardo Romano por Leonardo Sbaraglia en "Closer" le da actualidad al viejo tema de los actores suplentes, lleno de anécdotas
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Ser reemplazante. Aunque suena a banco de suplentes, no es una actividad para despreciar. Todo lo contrario: se está convirtiendo en algo habitual en las grandes y medianas producciones teatrales. A veces, literalmente, es un papel ingrato, aunque rentado; otras, es la gran oportunidad que puede abrir la puerta a la fama.
Esto de ser reemplazante de actores ya es una moneda corriente que pagan gustosos los productores para que los salve de tener que suspender una función, sobre todo si es exitosa, por enfermedad del o la protagonista. El gran ejemplo lo ofrece "La bella y la bestia", que tenía reserva humana para cubrir cualquier inconveniente actoral.
Pero aun en esta seudoprofesión , hay categorías en las que entran a jugar las circunstancias del reemplazo, las condiciones actorales, la memoria, la facilidad de afrontar momentos tensos, la paciencia para asistir a todas las funciones y para esperar lo que a veces nunca sucede. Paradojalmente, cuando un actor o una actriz sabe que tiene un reemplazante, difícilmente falte a una representación.
Sin embargo, hay otros casos imprevistos en los que la suplencia se hace necesaria.
Desde tiempo inmemorial, cuando un protagonista se enfermaba, se convocaba a otro que tenía facilidad para hacer lo que en el medio teatral se llama salir al toro . Es decir, en muy pocas horas tenía que aprender lo más importante del texto para salir al escenario.
Algo similar a lo que le sucedió a Fernando Lúpiz, quien por ser maestro de esgrima de la obra "Las alegres mujeres de Shakespeare" y pertenecer al proyecto fue el candidato ideal para reemplazar a Raúl Taibo, debido a una lesión de rodilla, en el papel de Don Juan.
"Me tuve que aprender la letra en cinco días -explica Lúpiz-. Por suerte la puesta ya la conocía porque soy el director de esgrima de la obra. Aprovechaba los ensayos como un taller de teatro. Cuando pasó lo de Taibo, me preguntaron si lo quería hacer y me pareció descortés negarme. La semana que tuve que aprender todo el libreto no la viví... ¡La sobreviví! Todos los días pedía un día más para aprender la letra. Fue un sufrimiento, pero después vino lo más lindo. Todos me ayudaron mucho. Hay un verdadera comunión en el elenco."
Otra categoría de suplentes teatrales son los stand by , preparados con la anticipación debida para cubrir uno o varios papeles.
Sirve como ejemplo ilustrativo el famoso film "La malvada" ("All about Eve"), de Joseph Mankiewicz, donde Eva (Anne Baxter), sustituta del papel protagónico, fragua un desperfecto en el coche de la actriz Margot Channing (Bette Davis) para poder reemplazarla en una función.
Aquí la ficción, donde entra a jugar la intencionalidad; pero en la realidad, los stand by son actores contratados para cumplir con esta tarea y sobre esto cada experiencia es única.
Como ejemplo de reemplazantes, la obra "Tamara" es casi pionera en el tema del doble elenco, donde cada personaje tenía su reemplazo por exigencias de los productores canadienses.
"No fue una tarea sencilla -dice el director Julio Baccaro, responsable de aquella puesta-, ni tampoco muy efectiva. Se trataba de una puesta donde había que caminar por varios ambientes (se desarrollaba en una casa), y a los titulares les costaba adaptarse al ritmo de los nuevos actores. Por otro lado, los reemplazantes reclamaban, por el esfuerzo invertido, la oportunidad de salir a escena. A esto se sumó el abuso de los actores, que pedían reemplazo para un sábado, por ejemplo, porque tenían que ir a una quinta. Por eso los productores dejaron sólo un reemplazante para todos los personajes. Lo que fue complicadísimo de instrumentar".
Otro caso pintoresco fue el de Irma Ferraresi, que fue designada reemplazante de las cinco "Brujas". "Yo había hecho la obra en Perú -recuerda Ferraresi- y conocía la letra de uno de los personajes, el que aquí hacía Moria Casán. Bredeston y Rottemberg me ofrecieron hacer el reemplazo de Graciela Dufau porque estaba enferma. Ensayé a la tarde y tenía que salir al escenario esa misma noche. Finalmente Dufau se curó, pero me quedé como reemplazo de todas. Todos los días me sentaba en la platea para aprender la letra y los movimientos de todas las actrices.
"Hice 97 reemplazos en cinco años. Cubrí los papeles de todas menos los de Moria Casán y Nora Cárpena. Esas chicas son inquebrantables. Como experiencia fue única, incrementé mi capacidad actoral. A veces me avisaban con 15 minutos de anticipación que tenía que salir al escenario. Debía estar siempre en el teatro y no podía faltar. Me sentaba en el camarín toda maquillada y con una bata y si había que reemplazar a alguien elegía el vestido más acorde con el personaje y salía."
Otra categoría, más protagónica, queda reservada a los actores prestigiosos que tienen tiempo de estudiar y ensayar antes de sustituir a un compañero que se retira del elenco por razones profesionales.
Tal el caso de Gerardo Romano, quien reemplaza a Leonardo Sbaraglia, en "Closer". Y como éste, hay otros varios casos donde el cambio no fue tan intempestivo, sino que hubo algo de tiempo para hacer el enroque: Soledad Silveyra, reemplazando a Thelma Biral en "Hay que deshacer la casa" y a Luisina Brando en "Eva y Victoria"; Antonio Grimau, que cubrió el personaje de Lorenzo Quinteros en "Los invertidos" y el de Rodolfo Ranni, en "Cristales rotos"; Jorge Marrale, a Miguel Angel Solá, en "Los mosqueteros"; Gustavo Luppi a Darío Grandinetti en "Yepeto", y ahora las incorporaciones de Pepe Monje en "Porteños" y María Rojí en "Boeing Boeing". La lista no termina aquí y puede llegar a ser casi infinita.
Cambiar al protagonista
"Hasta el momento, en "Porteños", tuve que hacer dos reemplazos -dice Pepe Monje-: el de Gastón Pauls y el del Puma Goity. Para el de Gastón tuve tiempo de observar la obra desde afuera; para el otro personaje no pude trabajar de la misma forma. Por otro lado, gané al estar arriba del escenario y al poder integrarme al ritmo de escenario. Para elaborar los personajes trabajé con el director, Manuel González Gil, y el asistente sobre el libro original.
"También recibí ayuda de mis compañeros; por ejemplo, Goity (que se fue a San Sebastián a presentar la película "Tesoro mío", donde es protagonista) me pasó en limpio todos los inconvenientes que tuvo con el personaje, algunos de los cuales todavía estaba resolviendo en el escenario. A nivel actoral es un curso intensivo, que a mí me resultó más fácil porque estoy haciendo "El blues de showman", una hora y media de texto que me dio entrenamiento de memoria. Todo esto es imposible sin la ayuda del elenco que tiene que adaptarse a una música diferente de decir el texto. Voy a hacer el reemplazo del Puma, Pauls y Daniel Fanego. Y Goity se prepara para hacer los de Horacio Fontova y Osvaldo Santoro. El trabajo actoral, cuando los tiempos son cortos, se reducen a una búsqueda muy concreta. Mi integración al elenco fue muy buena porque los actores me pidieron para los reemplazos".
En cambio, para María Rojí, en "Boeing Boeing", la experiencia no fue tan gratificante. "Firmé un contrato para hacer un personaje, el de la taxista, y para aprenderme el de las tres azafatas para reemplazarlas. No es fácil saber la letra y los movimientos de tres personajes. Cuando Daniela Cardone se fue a España, yo pasé como titular a hacer su papel. Para prepararme, durante las funciones escuchaba a los personajes, los seguía. A nivel actoral, el balance que hago de esta experiencia es positivo; pero en lo personal es difícil hacer un personaje chico y esperar una eventualidad para mostrar lo que había elaborado. En resumen, no es lo ideal, pero es un trabajo. Hacer reemplazos es más trabajo que placer, por que no tenés posibilidad de mostrar lo que estuviste trabajando. Es todo el trabajo sin la recompensa del aplauso." En cambio, para alguien con experiencia como China Zorrilla, la cuestión es más simple. "Nadie es irreemplazable -afirma-, el único actor que no se puede reemplazar por otro es Gianni Lunadei".




