
Absurdo para tres
El triángulo de las bermudas. Dirección: Enrique Federman. Texto: Gisela Benenzon. Intérpretes: Mariana Chaud, Alejo Mango y Laura López Moyano. Asistente de dirección: Justina Grande. Escenografía: Castellucci – Uhrich. Iluminación: Gonzalo Córdova. Música original: Jorge "Tata" Arias. Fotografía: Verónica Romanenghi. Diseño de imagen: Agustín Muruaga. Sala: Beckett Teatro (Guardia Vieja 3556). Funciones: viernes, a las 21. Duración: 55 minutos. Nuestra opinión: muy buena
"No hay presencia más profunda que la ausencia", escribió un personaje antes de partir para jamás regresar. Gisela Benenzon es la autora de El triángulo de las Bermudas , una pieza que llegó a nuestros escenarios con la bendición del premio de la Asociación Argentina del Teatro Independiente (Artei), distinción que consiste en un estímulo económico que hace posible la realización de proyectos de este circuito.
Al regresar a su casa -nada tiene de hogar ese sitio- luego de cumplir una condena en la cárcel, acusada de parricidio, Mabel debe lidiar con los cambios que ha realizado su hermana durante su ausencia. Un atractivo inquilino ocupa ahora su habitación y un hombre que dice ser el padre de las dos mujeres duerme en el living.
El triángulo de las Bermudas habla de un dolor atroz y del abandono en distintos planos, mérito de la dramaturgia, de la dirección de Enrique Federman y de la escenografía. Porque un vacío es lo que dejó el padre cuando se marchó para siempre, hueco que se reproduce en la pared. "No voy a tapar ese agujero", dice una de las hijas en sentido literal y metafórico. Todo es desconcierto en ese clima de asfixia y precariedad que produce nauseas en sus criaturas, donde el confort brilla por su ausencia. El ventilador y el grabador están muertos, y esas almas sólo reviven con el magro consuelo de cubeteras de hielo. El escenario está dispuesto en forma de triángulo; tres son los cuadros que decoran la pared; tres, los enchufes; tres, los estantes del aparador; tres, los personajes, y tres, los lados del polímero al que alude el título, sitio de riesgo que aniquila todo aquello que lo sobrevuela.
"Tengo el olvido muy a la mano", dice un personaje, mientras otros debaten en estado de sonambulismo, incapaces de despertar a la lucidez. El tabú, la violencia y los sueños se entremezclan en una obra en la que Federman supo darle un tono único, que linda con lo absurdo, lo cómico y lo nostálgico. Mariana Chaud y Laura López Moyano logran escenas disparatadas -que el público festeja- por la plasticidad de sus labores, acompañadas por Alejo Mango, siempre correcto en sus composiciones. Hay que destacar también las partituras de Jorge "Tata" Arias, el compositor del ciclo Peter Capusotto y sus videos .







