Amy, tan sola y desgarrada, su vida hecha un musical

Leni González
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24 de mayo de 2016  

Yo no soy Amy / Idea original: Mariú Fernández / Libro: Osvaldo Bazán / Dirección: Dennis Smith / Elenco: Mariú Fernández, acompañada por Manuel Victoria, Federico Coates, Juan José Marco y Nacho Francavilla / Dirección musical: Guillermo Marigliano / Músicos: Guillermo Marigliano, Nicolás Radicchi, Agustín Konsol, Sebastián di Pardo, Claudio Scolamiero, Facundo Vacarezza y Gonzalo Rujelman / Coreografía: Juan José Marco / Producción ejecutiva: Federico Brunetti / Sala: Maipo Kabaret, Esmeralda 443 / Funciones: viernes, a las 22.30 / Duración: 60 minutos / Nuestra opinión: Muy buena.

Rostros cerca en el Maipo Kabaret con su ágape de mesitas amablemente promiscuas, piernas y codos que se rozan, charlas privadas servidas sin culpa junto a alguna copa mientras la espera es reunión. El show está por comenzar ahí, frente a nuestras narices, pero hasta que no despegue nadie en el bullicioso montón sabrá del todo si está en ese lugar por Amy Winehouse o por Mariú Fernández, o un poco por cada una de ellas. Al salir, tendrá razones para contar que Yo no soy Amy es el espectáculo de Mariú y no su excusa para subirse a un par de zapatos famosos.

En primer lugar porque cualquier tributo no humorístico corre el riesgo del ridículo si no se logra atravesar la pátina superficial del gesto. Y porque no debe ser tarea sencilla acercarse al estilo negro de una contralto cuando la que actúa es soprano dramática y, además, expresivamente inquieta y no casi hiérática como lo era la cantante británica, que murió en 2011 a los 27 años. En este debut como protagonista, la actriz, cantante y bailarina Mariú Fernández -destacada antes en Candombe nacional, Los productores, Sweet Charity, El pasajero, Tango feroz, Rent y, entre otros, Shrek- interpreta a su propia Amy Winehouse, la que armó de a sorbos, llamada por su voz oscura y el dolor que la alimentaba.

Aunque la conversación artística entre ambas empezó a escucharse en pubs en 2013, bajo la forma del tributo, Yo no soy Amy es mucho más que un recital de covers. Es una obra escrita por Osvaldo Bazán, periodista y autor de Y un día Nico se fue y Y iya, el musical, quien le dio forma a la historia poniendo sobre la mesa la identificación y el confuso desvarío Mariú-Amy/ Amy-Mariú: una poseída por la otra, atrapada en esa identidad atractiva llena de conflictos. Es un trazo bastante lineal que enhebra lo biográfico con los temas de los álbumes Frank y Back to black, sin cambios de vestuario ni interrupciones.

Acompañada por una banda de nueve músicos dirigida por Leandro Becker y con las intervenciones de los multifacéticos Manuel Victoria y Federico Coates -anfitriones, hacen también coros, bailan y actúan-, la protagonista pasa de un estado a otro, de la certeza del acá estoy a la duda de quien decide buscarse. Ese tour de force es la marca del director Dennis Smith ( Negra, Boy Scout, Sally, una farsa), que estructuró un continuum en el que fluyen el unipersonal intimista, el homenaje, la comedia y el recital.

Sin embargo, lo más sustancioso son las canciones en la voz y el cuerpo de la protagonista, que hipnotiza al público por el parecido a Amy aunque sin agotarlo: siempre queda abierto el espacio en el que asoma la angustia de ser y no ser otro. Ni más ni menos: dual y desnuda, lo que aflora en Yo no soy Amy es la verdad de la actuación.

En el final, el aplique de pelo y el moño característicos caen y, con ellos, el juego de personalidades que son sustento de la obra. Queda la intérprete, que es solo una, y el espíritu de un personaje que cada noche vuelve a tomar esa efímera vida en lo que dura una función.

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