Ariel Tarico: cómo logró que Campanella debute como “actor”, los miedos que lo acechan y su vínculo con el poder
El actor, cómico e imitador estrenó Llegamos tarde, el nuevo espectáculo en el que nuevamente comparte el escenario del Politeama con su socio artístico, David Rottemberg
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“El tiempo es el mejor autor, siempre encuentra un final perfecto”, dijo, alguna vez, Charles Chaplin. Actor y humorista como el genio inglés, el inicio de año también encuentra a Ariel Tarico pensando en la intersección de su arte con el futuro.
Llegamos tarde se llama el flamante espectáculo que acaba de estrenar en el Teatro Politeama, nuevamente en compañía de su socio artístico David Rottemberg, con quien –a través de Tarico On The Rottemberg- viene cosechando buenos lauros con sus dos últimos espectáculos Vote 2023 y Sean de termos y mabeles.
“Hacer teatro implica salir de un lugar al que estamos acostumbrados; con David (Rottemberg) trabajamos mucho en radio y televisión, así que estos últimos tiempos en el Politeama son de gran aprendizaje”.
Despojado. Aspecto de “hombre común”. Entre toma y toma de la producción fotográfica observa los mensajes en su celular y tiende -“defecto” de oficio- a la mirada graciosa, casi como un “deber ser” autoimpuesto.
Ariel Tarico tiene 41 años. Nació pocos meses después del regreso de la democracia al país. Su arte gira en torno a la recreación de voces destacadas -con un porcentaje importante de políticos imitados- con un claro mensaje, generalmente crítico hacia la actualidad.
De su voz salen las imitaciones muy logradas de Nelson Castro (Nelson K), Luis Ventura, Sergio Massa, Elisa Carrió, Hugo Moyano, Jorge Lanata y hasta el Papa Francisco, entre tantos otros.
“En los medios debemos estar muy actualizados y, además, tenemos la presión de salir al aire y meter el gol, algo que nos sirve cuando estrenamos un espectáculo”, se sincera.
Llegamos tarde cuenta con dirección general de Camilo Antolini y producción de Juan José Campanella, quien además es el responsable de haber recuperado para Buenos Aires la simbólica sala del Politeama, en la misma manzana del histórico teatro, pero en un edificio levantado desde los cimientos y con todo el confort imaginable; un lujo para la escena porteña.
Distopías
-El slogan del espectáculo es “el futuro siempre puede ser pior”. ¿Estamos condenados a eso?
-También el futuro puede sorprendernos, seguramente estaremos “pior”, en el sentido que algunos de nuestros defectos se van a acentuar, quizás yo sea más cascarrabias, pero el humor siempre acompaña. La idea es que, en un futuro, vamos a estar haciendo lo mismo, pero de otra forma, en otro ámbito.
La propuesta se sitúa en la Argentina, pero dentro de dos décadas. Cierto aire distópico abraza ese prisma con el que el material observa, desde lo hilarante y corrosivo, el devenir del tiempo. “Vamos y venimos entre el presente y el año 2046; es como un ejercicio de la memoria y tiene mucha fantasía”.
-Llegamos tarde cuenta con el debut estelar como “actor” de Juan José Campanella.
-Sí, aparece en un video y nos hace una propuesta que, supuestamente, estábamos esperando mucho. Creo que, después de esta experiencia, se va a animar a actuar mucho más.
-¿Cómo nació la idea de su participación en pantalla?
-En 2023 debutamos en el Politeama y, realmente, siempre ha sido muy generoso con nosotros. Cuando no estaba presente en el país, porque estaba dirigiendo La ley y el orden en los Estados Unidos, se hacía tiempo para vernos vía Zoom y corregirnos; nos tiraba tips, nos marcaba pausas. En el chat con él siempre surgen ideas, así fue como le propusimos aparecer.
Desde que Campanella rescató el Politeama se interesó por contar en la grilla de programación a Tarico y Rottemberg.
“La pandemia me puso algo fóbico y, luego de dos años de hacer Fátima es mágica, con Fátima Flórez, sentía que no era un momento para retomar, pero ya en 2023 Juan (Campanella), que también fue quien nos propuso a David (Rottemberg) y a mí trabajar juntos, nos dijo: ‘Muchachos, dejemos de pensar el gran espectáculo, porque no nos va a salir, y armemos algo para estrenar’. Así fue como comenzamos a trabajar juntos en las vacaciones de invierno de aquel año. Nos prestó la escenografía de la obra Parque Lezama y nosotros la interveníamos con nuestros objetos. Luego, ya nos sugirió: ‘Hagamos algo más jugado’, y así aparecieron las pantallas y todo lo que se ve hoy”.
-¿Qué implica el humor para una sociedad como la nuestra y un mundo en crisis?
-Es una válvula de escape. Incluso, hoy existe la posibilidad de ejercerlo desde las redes sociales o el WhatsApp y hasta con cortes de programas de humor de otros tiempos. Las nuevas generaciones descubren y disfrutan el trabajo de cómicos que ya no están.
-Eso habla de la vigencia del mensaje de determinados artistas.
-El humor siempre está ahí, pero no para hacernos olvidar de los problemas, sino para tomar conciencia y saber que, muchas veces, es la única forma de enfrentarlos.
-El tipo de discurso puesto en marcha por David Rottemberg y por vos también lleva consigo la posibilidad de interpelación social, de espejarnos, como sociedad, en la incomodidad.
-Es la piedrita en el zapato, me hace cosquillas, pero también me incomoda.
Reconoce que, hasta no hace mucho, se disgustaba cuando un espectador tomaba fotografías o grababa videos de sus espectáculos desde la platea. “Ahora siento que se llevan un recuerdo”.
Bien o mal, pero que hablen
-A partir de ser imitado, ¿quién se enoja más, el político o el artista?
-Los dos tienen egos grandes, pero he tenido buenas experiencias. Flor de la V me felicitó por cómo la interpretaba y muchos políticos han venido al programa de Diego Sehinkman e interactuado conmigo y con las caricaturas que hace José Serrudo. En realidad, los que más se enojan son los fanáticos, no los políticos, los artistas o el personaje satirizado.
-Alguna vez dijiste que los políticos son “cholulos”.
-Claro, les gusta que se los imite, saben que, que se hable bien o mal de ellos, es difusión.
-Para alguien que se dedica al humor político, ¿qué tiempo fue más complejo para ejercer el oficio? ¿Mileísmo, macrismo o kirchnerismo?
-Las épocas más complicadas, donde te pueden atacar un poco más en redes, son cuando los gobiernos se dedican a ensalzar a sus tribunas y no buscan persuadir a quienes no los votan.
-Muy habitual en nuestro país.
-Cuando el clima se fanatiza demasiado, se convierte en una época más picante. Desde ya, no podemos compararnos con los tiempos donde trabajaron artistas como Tato Bores, a quien le llegaron a amenazar, censurar y levantar su programa. Eso cambió muchísimo. De todos modos, siento que el humorista está para decir algo que no dicen todos.
-Incomodar.
-Ser la voz donde los personajes dicen cosas que, en la realidad, evitan. El otro día lo fui a ver a (Roberto) Moldavsky y, en el comienzo de la función, dijo: “Miren que acá les vamos a dar a todos”. Esa siempre fue la característica del humor en teatro, desde los tiempos de la revista donde se hablaba de la realidad. El teatro propone siempre la resistencia y la risa liberadora.
-¿Te llaman los dirigentes para felicitarte, corregirte, tirarte letra o enojarse?
-Trato de no tener contacto con ellos, aunque, a veces, coincidimos en algún programa. Algunos tienen mejor onda que otros, pero no busco la aprobación de los políticos. Si no les gusta lo que hago, están en todo su derecho; no creo que el artista sea un ser especial al que no se puede cuestionar. Una vez le escuché decir a Jaime Ross: “La sensibilidad es un don de las personas, no de los artistas”. No somos especiales, tenemos la libertad de decir lo que queramos y también de quien no está de acuerdo, poder manifestarlo.
Reconoce que Santiago Kovadloff lo sorprendió con su buen humor. Curiosidades del oficio que continuará desarrollando, durante todo este año, en el canal de noticias TN. “La idea es empezar a jugar con la Inteligencia Artificial”.
Lenguajes
Si la radio y su juego de voces es un refugio donde se mueve como pez en el agua, no menos cómodos les resultan los artilugios del lenguaje televisivo donde, además de su voz, y tecnología mediante, les presta el cuerpo físico a varias de las criaturas abordadas.
“En teatro siento que todavía no toqué un techo”, confiesa ante el ecosistema de la escena, aún en proceso de exploración. “Me falta crecer y evolucionar más. Me faltan hacer otras cosas”.
-¿Por ejemplo?
-Otro tipo de papeles o un musical, serían grandes desafíos.
-¿Harías teatro de texto?
-Sí, por supuesto, incluso componiendo a un personaje con continuidad.
Reconoce que anhelaría “hacer una sátira” y ejemplifica con la obra Happyland, que fuera escrita por Gonzalo Demaría y dirigida por Alfredo Arias, en torno a la figura de la expresidenta María Estela Martínez de Perón. “A futuro, me gustaría hacer algo así, pero no soy de planificar tanto, sino de ir viendo qué surge en cada momento”.
-¿Igual lógica aplicás en tu vida personal?
-Sí, cuando aparece una oportunidad soy de aprovecharla, aunque sea muy jugada.
También confiesa que le interesaría, a futuro, regentear un espacio artístico y ser responsable de su programación, buscando fusionar estilos, encuentros entre artistas, abrir puertas. “Veo y pruebo”, resume su modus operandi, el hombre que atravesó varios dolores en su infancia y juventud.
Desconocido
-Tenés dos años más con respecto a la edad en la que falleció tu padre. Esta circunstancia, ¿te moviliza de alguna forma?
-Llegar a los 40 fue iniciar una época de balances, de mirar el pasado, de pensar en mi viejo que fue, de alguna forma, un misterio para mí. Sentí que empecé el tiempo de la madurez, donde ya me tocaba protagonizar la vida, dejar los miedos atrás, todo un tema. Soy consciente que mi viejo me dejó el legado de querer a los artistas, a los presentadores de televisión. De hecho, mi papá hizo algunas publicidades de forma amateur y condujo algún festival.
-Cuando tu padre falleció, tenías seis años, ¿lo recordás?
-Sí, tengo muchos recuerdos de él, comentarios, ver televisión juntos, las pulseadas de Arévalo en La noche del domingo con Gerardo Sofovich.
-Hablabas sobre “miedos”. ¿A qué te referías?
-Al miedo al paso del tiempo, a la decadencia, a perder la pasión, a que lo que uno hace como artista perdure.
Casado desde 2011 y con dos hijos, poco se conoce de su vida fuera de las luces de la industria del espectáculo. “Uno está muy expuesto por su trabajo. Me parece que hay que separar la actividad con lo más íntimo, la familia y lo social. Hoy se muestra todo en redes y hay una demanda por consumir eso”.
-La dependencia que mucha gente tiene en torno a la utilización de aplicaciones móviles y los sistemas de mensajería, ¿atenta contra la atención teatral?
-Muchísimo, hoy es muy difícil lograr que los espectadores presten atención. Cuando uno se para sobre un escenario es un desgaste de energía muy grande tratando que te presten atención durante un tiempo.
No es caída
Asociado con el éxito, también algún que otro fracaso atravesó su trayectoria. Experiencias que, como tales, muy pocos recuerdan, pero que le sumaron, supo capitalizar: “Siempre los cuento de manera humorística, me río de eso; a un artista también lo construyen los fracasos”.
-¿Qué fracaso estruendoso recordás?
-En una oportunidad, fui de gira a Rosario para presentar Cazuela de Taricos, en una época donde no era tan conocido, y me dediqué durante todo un día a dar entrevistas para difundir el trabajo, pero costaba. Recuerdo que el productor me dijo: “Esto es sembrar”. En Merlo me tocó hacer una función en un teatro importante de esa localidad, pero, justo coincidió con un partido de la Selección Nacional. Fueron a verme 30 personas, pero se rieron y aplaudieron como si fueran 500. Es más, durante el espectáculo, hice referencia a esa situación y les agradecí varias veces su presencia.
De 2004 a 2011 Radio Mitre fue su ámbito laboral, el lugar donde su carrera logró un gran despegue. “Tenía 20 años y me encontraba trabajando con gente como Magdalena (Ruiz Guiñazú), Néstor Ibarra, Lalo Mir, Juan Carlos Mesa, Chiche Gelblung y Dady Brieva. Fue una etapa que me marcó muchísimo.”
En los últimos años, Radio Rivadavia fue su casa. En los estudios de esta señal trabajó junto a Cristina Pérez, Nelson Castro y Marcelo Longobardi.
“Ahora se dio la propuesta de volver a Mitre para hacer algo muy puntual, trabajar con Rolo Villar en el pase entre los programas de Eduardo Feinmann y Marcelo Bonelli y generar algo distinto en la mañana”.
-¿Por qué no lográs la imitación de Marcelo Tinelli?
-Hay muchos personajes que no me salen, por las más diversas razones, como no llegar al tono o porque tienen una manera de hablar que no es muy imitable. A (Marcelo) Tinelli nunca le llegué al tono, así que ya he desistido. Me río mucho cuando escucho a Claudio Rico o a Memo Senas, quienes lo hacen muy bien, es un personaje muy difícil de hacer, es complicado sacarlo. Muy pocos lo hicieron bien.
-Generosamente, siempre mencionás a colegas tuyos, algo no tan habitual en el medio.
-Me crie mirando programas como el de Antonio Gasalla, donde también estaban Norma Pons, Juana Molina, Juan Acosta, Atilio Veronelli; allí cada uno hacía lo suyo para que se luciera el conjunto. A partir del año 2000 muchos humoristas empezamos a trabajar con periodistas, y eso cambió la dinámica. Cuando me llamaron de TN planteé que no quería hacer Las mil y una de Tarico (en alusión al recordado programa Las mil y una de Sapag, donde Mario Sapag desarrollaba sketches en base a los personajes imitados por él).
-Ante la convocatoria de la señal de noticias, hasta entonces inusual en tu carrera, ¿qué propusiste?
-Hacer mis personajes, pero también poder recibir y compartir a otros colegas para interactuar con ellos y sus creaciones. Incluso, poder charlar sobre la vida y la profesión. El año pasado hicimos en el Politeama un encuentro de imitadores y a un productor se le ocurrió que podía generarse este tipo de encuentros de forma regular. Se trata de abrir espacios de encuentro que no solemos tener con los colegas.
-Te mostrás muy desinhibido en tu labor, pero te percibo muy tímido en el fuero personal. ¿Es así?
-Es mi característica. Primero me expresé desde el dibujo y la caricatura y luego con los personajes. Los talleres de teatro del colegio me sirvieron para soltarme. Soy de escuchar y observar, nunca soy el centro de la reunión.
Para agendar
Llegamos tarde. Martes a las 20, Teatro Politeama (Paraná 353).
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