Como la vida misma

La de Vicente López, de Julio Chávez, vuelve a escena para explorar lo más complejo de las relaciones humanas durante una sobremesa de Año Nuevo
Cecilia Millones
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3 de marzo de 2015  

El público se acomoda en la sala. Un patio descuidado anticipa el estado de ánimo de los personajes que están apunto de subir al escenario. Desde una butaca, Julio Chávez mira todo con entusiasmo. Es que La Vicente López, obra de su autoría y que dirigió durante tres exitosas temporadas, regresa a escena y lo hace en El Camarín de las Musas, el lugar que la vio nacer.

Comienza la función y los espectadores se dejan llevar por esta historia que tiene lugar en la casa de una familia de clase media baja durante los festejos de Año Nuevo. En una noche donde aflora lo más intenso de las relaciones humanas, una madre y sus hijos reciben la visita de una sofisticada tía de Vicente López, que llega acompañada por un joven uruguayo. A la acción se suma un pintor que queda varado en la casa cuando sus planes para celebrar las fiestas se frustran a último momento.

"Complejos como cualquier ser humano", coinciden los actores de la obra al conversar con LA NACION sobre sus personajes. Ellos son Luz Palazón, Elvira Villarino y Santiago Caamaño, los actores que continúan y formaron parte del elenco original desde 2007; además de Hernán Húbeli -que se sumó desde la tercera temporada- y Paco Gorriz y Mercedes Quinteros, ambos de estreno. Desde la tribuna, y muy atento, Chávez sigue de cerca el trabajo de estos seis actores. "Me siento muy dichoso con el reestreno de un material que es sumamente personal y, al mismo tiempo, muy reconocible para cualquiera que tenga familia", cuenta Chávez. "Esa suerte de atadura voluntaria y a veces involuntaria que se tiene con los afectos... Me conmueve éste y muchos otros asuntos de la obra porque no conozco a ningún ser que quiera ser infeliz. Pero... ¡qué difícil es ser feliz! Y qué dura es la vida muchas veces, ¿no?"

Sobre el escenario, Palazón interpreta a Alicia, la controladora y acomodada tía de Vicente López. "La gente ve la obra y se identifica en más de un Año Nuevo que pasó", señala entusiasmada. "Por más que algunas cosas parezcan disparatadas, en el fondo uno se reconoce y eso genera una tensión enorme. A la vez, el público se debe preguntar: «¿De qué me estoy riendo?». Es esa brutalidad que tienen los materiales de Julio que hace que los vínculos entre los personajes sean muy extremos."

La de Vicente López está conformada por tres de las 150 obras cortas escritas por Chávez, quien se puso el desafío de concebir una única historia en la que el espectador no sintiera el peso de tres materiales aislados. Durante ese trabajo junto al equipo de actores, surgió el contexto de la noche de Año Nuevo.

"Son muy injustas las fiestas, donde nos obligan a estar unidos, a querernos, a pasarla bien y verdaderamente si hay algo que no producen es lo que intentan: la unión", reflexiona Chávez. "Porque vos decís: «Hay que coincidir en un día que todos tengamos ganas de eso». Y una de las grandes tragedias que vivimos es esa pretensión de coincidencia que tenemos."

En tanto, el autor y director agrega que aunque sea una obra dura, el público la recuerda con mucho cariño: "Tiene esa sensación de la familia como lugar donde muchas veces se hacen los balances de vida en relación con si uno merece o no esa familia. Esa que siempre observa de alguna manera y a la cual uno tiene que demostrarle cuánto ha hecho y cuánto ha perdido en la vida. Esa familia que siempre es como una especie de balanza, aparentemente objetiva, que cree que por conocernos desde chiquitos sabe cómo somos".

El día de su reestreno, y desde una butaca de la primera fila, el director teatral y maestro de actores Agustín Alezzo sigue atento el desarrollo de la obra, algo que no pasa inadvertido para muchos, como para Caamaño, quien luego comentaría: "Esta obra la empecé siendo un pichón de actor y ahora me agarra en una etapa un poquito más maduro. ¡Imaginate lo que es que te estén mirando tus dos maestros! Es algo increíble y muy satisfactorio", dice tras haber ganado el premio ACE como actor off, dirigido por Alezzo en El cuidador.

De un tiempo a esta parte

De aquellos ensayos en 2007 Villarino comparte una anécdota: "En ese momento no terminaba de entender el lenguaje de la obra; entonces le pregunté a Luz Palazón cómo era esto, cómo era Julio dirigiendo, y ella simplemente me dijo: «Entregate». Y así fue, empecé a construir el personaje por el camino que nos fue iluminando. Esto se dio gracias a lo que él significa como director y a nuestra entrega".

Palazón sonríe mientras escucha a su compañera, y agrega: "No me resultó difícil volver a conectarme con el personaje, aunque sentí que había algo mecánico cuando empezamos a ensayarla de nuevo. Nos dimos cuenta de que había que ocuparse mucho de la obra y sus personajes para que volvieran a estar vivos. En eso Julio tiene una gran mano y te alerta cuando estás en automático, que son cosas que pueden pasar, pero que a él no se le pasan."

"Cuando vuelvo a ver el material y a los actores, ellos siempre me iluminan de una manera diferente. Entonces ahí voy cambiando", explica Chávez. "Esto no se da fundamentalmente porque hubo actores nuevos, sino porque el material vuelve a ser visto mientras ellos generosamente lo van interpretando para que pueda tomar nuevas decisiones."

Los actores señalan además su entusiasmo por el reencuentro con su personaje: "Me encanta volver a hacer a Beatriz [la madre] porque la he construido con el recuerdo de muchas tías y madres", describe Villarino. "Básicamente es primaria e infantil. Todo tiene que girar alrededor de ella, pero es feroz cuando quiere y no duda en el momento de elegir de qué lado ponerse."

"Es una obra que nos ha dado muchísimas satisfacciones, por eso me entusiasmó mucho la idea de volver a hacerla. Fueron unas temporadas muy lindas", recuerda Palazón. "Es volver a un personaje complejo, una tía que está sufriendo mucho y que su manera de vincularse con los que la rodean -hermana, amante y sobrinos- delata un poco que está por patinar todo el tiempo y no tiene a mano aquellas cosas que la pueden poner más o menos en caja."

Por su parte, Caamaño considera que su personaje de uruguayo le da mucha ternura. "Está ahí como podría estar en Uruguay o en cualquier otra parte. Es un personaje muy simple, al que se lo ve tranquilo hasta que la tía lo busca tanto que termina encontrándolo desde otro lugar."

¿Cuál es la fórmula del éxito de esta obra tan esperada? Tal vez el encuentro a través de la diferencia, que termina igualando a todos. "Cuando hacemos una reunión, por algún motivo u otro, se pretende acordar con la expresión del otro y a veces no es así. Por eso, las fiestas no sólo están para recordar los afectos o un hecho religioso, sino también para recordarnos que somos diferentes", concluye Chávez. ß

La de Vicente López

De Julio Chávez

El Camarín de las Musas, Mario Bravo 960.

Sábados, a las 21; y domingos, a las 19.

Entradas, $ 140.

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