Cuáles fueron los fenómenos teatrales del año

Una escena de Terrenal, de Mauricio Kartun
Una escena de Terrenal, de Mauricio Kartun
Un repaso por las obras que atrajeron gran cantidad de público y se destacaron por su calidad interpretativa
Silvina Ajmat
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19 de diciembre de 2014  • 19:59

Difícil tarea si las hay la de elaborar una lista de las mejores obras de teatro estrenadas en una cartelera tan prolífica como la porteña. Buenos Aires produce hechos teatrales que son considerados hitos en el mundo y cada año nos deleita con obras maestras del arte dramático. En Personajes.tv decidimos respasar aquellas obras que causaron furor, que se destacaron no sólo por su calidad artística sino porque generaron debate y llamaron la atención de los espectadores hasta colmar sus salas en prolongadas temporadas.

El poderoso off porteño

Fueron muchos los títulos que arrasaron este año en el circuito alternativo. El loco y la camisa, ese espectáculo nacido en Banfield, cumplió su quinto año en escena y se convirtió en el ejemplo de que el "boca a boca" es el más efectivo medio de difusión de una obra. La máquina idiota, de Ricardo Bartís, cosechó elogios por doquier y llenó el Sportivo teatral además de presentarse en otras ciudades. De las estrenadas en este 2014, hubo tres obras que nos gustaría destacar:

Iván y los perros, un conmovedor unipersonal ejecutado con pericia por el versátil Emiliano Dionisi, donde la sutileza y la intimidad del relato hacían de vehículo para la reflexión sobre una sociedad mezquina y desamorada. Los perros evocados por Iván al contar su historia aparecían como una imagen nítida en el espectador, que, consciente del engaño, se dejaba trasladar a ese mundo donde la lealtad existía. El mundo de Iván y sus perros.

Mau mau, o la tercera parte de la noche. Santiago Loza siempre logra generar debate en torno a sus obras por su fuerte dosis de "argentinidad". En este caso, tomando como punto de partida la mítica boite porteña Mau mau, que cerró sus puertas hace 20 años, reconstruyó parte de la historia del país. "Santiago armó un mundo de ficción, poético, sin dejar de lado aquello que a nosotros nos interesaba: exponer nuestra mirada sobre ese espacio. Un artículo que apareció, en cierta oportunidad, en el diario Página/12 se preguntaba si era posible reconstruir la historia del país a partir de un solo lugar. Y eso estuvo bueno como planteo, porque es lo que intentamos con nuestro trabajo", dijo a LA NACION el director de la obra, Juan Parodi, sobre este trabajo que fue un suceso en la cartelera. No sólo agotó funciones todo el año sino que además su éxito le dio un empujón al día lunes en esa apertura que viene motivando el teatro desde hace muchos años hacia la desestandarización del arte, esta idea de que no hay que esperar al fin de semana para disfrutar de un hecho artístico.

Terrenal. Pequeño misterio ácrata. Mauricio Kartun volvió a provocar un fenómeno de ventas con su nueva obra, basada en el mito de Caín y Abel. El autor, de brillante trayectoria, se puso al frente de la dirección de esta obra para la que resultaba aún meses después de su estreno imposible conseguir entradas. Tal como viene haciendo en sus obras -también sucesos- anteriores, como El niño argentino, Salomé de Chacra, Ala de criados, Kartún explora los vericuetos del ser nacional desde temas que son universales. Su resignificación del mito de Caín y Abel, tiene un "Tatita Dios" que habla con acento del interior y pone de relieve problemáticas tan identificables en nuestros corazones como la ambición económica y la exclusión del otro desde un conflicto por "un pedacito de tierra": "El carácter propietario está presente en todos, no necesariamente en una aristocracia cruel. Para hablar del poder y del origen del pensamiento propietario tengo que remitirme a lo que conozco: eso es, una vez más, el campo, el folklore, lo gauchesco y ese universo vinculado con la argentinidad", explicó en una entrevista.

Por calle Corrientes

Cristina Banegas y María Onetto, dos mujeres poderosas en el escenario de Sonata de Otoño
Cristina Banegas y María Onetto, dos mujeres poderosas en el escenario de Sonata de Otoño Crédito: Archivo

El circuito comercial fue quizás el menos disruptivo este año. Sucesos de años anteriores siguieron con firmeza en esta temporada, como Toc-Toc, el Complejo Teatral San Martín presentó dos propuestas que dieron mucho que hablar como El principio de Arquímedes y El luto le sienta bien a Electra. Red, en el Paseo La Plaza, con la brillante actuación de Julio Chávez, atrajo una gran cantidad de espectadores. Hubo dos obras estrenadas en este circuito que destacamos por sus originales propuestas y su fuerza interpretativa:

Muñeca. Una joya de la dramaturgia argentina clásica, resignificada por el exquisito trabajo de Pompeyo Audivert y Andrés Mangone, dos directores que conocen como pocos cómo llevar a la escena la poética de los grandes autores locales. Escrita por Armando Discépolo y estrenada en 1924, esta obra es una rareza en su prosa porque no se ubica en ninguno de los géneros que florecían en su pluma: ni sainete ni grotesco, es inclasificable. Audivert le sumó dos elementos contundentes para la puesta 2014 de esta obra, exactamente 90 años después de su debut: la ubicó en 1930, año del golpe de Uriburu a Yrigoyen incorporando referencias textuales a ese momento, y agregó dos textos eróticos de la escritora uruguaya Marosa Di Giorgio. La puesta minuciosa, el trabajo sobre la máscara -especialidad de Audivert-, las fronteras de la identidad, y la tragedia por la imposibilidad del amor son los disparadores de esta obra que no sólo revaloriza el teatro argentino sino que muestra su vigencia y lleva a reflexionar sobre el presente.

Sonata de otoño. Esta obra de Ingmar Bergman se estrenó el año pasado, pero su éxito fue tal que en el Teatro Picadero se vieron obligados a extender las funciones hasta bien entrado el 2014. La fórmula era infalible: un texto de una belleza perturbadora, potente y provocador, y un duelo de actrices que hizo temblar las tablas. María Onetto y Cristina Banegas se lucieron con holgura en un escenario donde no cabía espacio para tanta enormidad teatral. Hija y madre, respectivamente, enfrentadas a muerte, con el resentimiento contenido, envasado a presión, hasta su final y trágico estallido. Sin dudas, una verdadera lección de actuación.

Los musicales se hicieron sentir

Pepe Cibrián Campoy, Alejandro Paker y Juan Gil Navarro
Pepe Cibrián Campoy, Alejandro Paker y Juan Gil Navarro

Priscilla, la reina del desierto. Una comedia musical completa, por su nivel de producción, su impecable elenco y el extra goal de Valeria Ambrosio de lograr una puesta en escena original y maravillosa de una obra de probado éxito tanto en Broadway como en el West End, en el cine y en otros puntos del globo. Todos los rubros de análisis se completaban con un sobresaliente: diseño de luces, sonido, vestuario, dirección musical, arreglos, escenografía... y la lista sigue. Voces magníficas, bailarines eximios, tres protagonistas de lujo: Pepe Cibrián Campoy en el rol de travesti, Juan Gil Navarro, una revelación en el musical, y el siempre ovacionado Alejandro Paker. Sin embargo, promediando una temporada en que Priscilla exudaba elogios, la superlativa actuación de Cibrián fue reemplazada por la incorporación de Moria Casán. La producción original del musical, dueña de los derechos para todas las reproducciones del mundo, había aprobado por primera vez que el rol de transexual lo interpretara una mujer. Un verdadero desacierto que derribó la obra. Resultaba muy difícil para el espectador ver en la famosísima diva morocha un hombre. El juego actoral propuesto por Casán no codificaba una travesti. Todo lo contrario. De no ser por menciones textuales a su pasado masculino, la lectura que se imponía era que Bernadette era una mujer. La consecuencia directa era que todo se volvía inverosímil. Este cambio apagó la magia de una obra que se candidateaba a lo mejor del año.

El club del hit. Una fórmula sencilla y al mismo tiempo, imbatible. Alejandro y Matías Ibarra unieron sus fuerzas (como director y coreógrafo el primero, y como director musical el segundo), para crear un espectáculo de show choir que fue furor: 30 artistas en escena bailando y cantando a coro canciones del repertorio popular tanto de la Argentina como del mundo, con una coordinación de reloj suizo y un exquisito trabajo de arreglos musicales. Con canciones de Rafaella Carrá, Natalia Oreiro, Fito Paez, Abba, Valeria Lynch, Xuxa y tantos más, y contagiados de la energía expansiva de los artistas, era imposible quedar afuera de la fiesta. Tanto se corrió la voz que nadie quiso perderse el suceso: desde cantantes consagrados como Pablito Ruiz, o artistas del musical como Fernando Dente, Vanesa Butera o Mariana Jacazzio, hasta héroes televisivos como Peter Lanzani, Oriana Sabatini, Jenny Martínez y Mariel Percossi, asistieron y se subieron a cantar como artistas invitados. Si bien se estrenó en 2013 en el Teatro El Cubo, el éxito los llevó a una segunda temporada en plena Corrientes, en el Tabarís y a alzar tres premios Hugo.

Y un día Nico se fue. La obra basada en el libro homónimo de Osvaldo Bazán, convertida al teatro musical por el experto trabajo del director Ricky Pashkus y con música de Ale Sergi fue sin dudas otro de los sucesos del año. Una historia de amor gay, con todos los condimentos de un romance de telenovela, contado con humor, una estética kitsch y psicodélica, con un despliegue dinámico que convertía el escenario en una bomba multicolor, todo al servicio del espectáculo. En cada función, un invitado especial hacía su entrada para leer un fragmento de la ley de matrimonio igualitario, aprobada en la Argentina en 2010. Moria Casán, Pepe Cibrián Campoy, Florencia de la V, y muchos otros artistas más dijeron presente para apoyar este proyecto.

Visitas extranjeras

The old woman. Llegó a la Argentina para convertirse en el acontecimiento teatral del año. Por sus protagonistas, Mikhail Baryshnikov y Willem Dafoe , por su director, Robert Wilson, y por todo el engranje escénico que irrumpió en Buenos Aires con el aura de la perfección, de lo distinto, lo experimental hecho con mucho dinero al servicio del arte más puro. Y lo logró. Buena cuenta de ello dio el furor que causó el anuncio de este estreno en términos de ventas de entradas: cuatro funciones originales se convirtieron en nueve con localidades agotadas en uno de los teatros más grandes de la ciudad, el Opera Allianz.

12 escenas guiadas por acciones simples componían la obra, un absurdo basado en los textos de Daniil Kharms, autor ruso de cuentos y poemas que fueron adaptados para este trabajo por Darryl Pinckney. Tener al bailarín vivo más importante del mundo ya era un lujo impensado. Pero además demostró ser un actor de una plasticidad inconmensurable, generoso y muy poderoso en el escenario. Dafoe hizo gala de su personalísima voz para llevar al espectador al mundo surrealista y onírico que planteaba la propuesta. Un lujo para la prolífica calle Corrientes que los argentinos supieron valorar llenando la sala y aplaudiendo de pie.

Gerónimo Rauch. Es el protagonista de El Fantasma de la Opera de Andrew Lloyd Weber en el mismísimo centro de la movida teatral europea, el West End. Pero este papel, ansiado por todo actor de musical, es sólo un escalón más en el camino siempre ascendente de Gerónimo Rauch, el argentino que triunfó en la escena mundial. Fue Jesucristo Superstar. Fue Jean Valjean, de Los Miserables, en Madrid, Barcelona y Londres. Y llegó a la Argentina después de su prolongado exilio hacia el éxito para presentar un show que recorrió todos estos triunfos: Entre miserables y fantasmas, un recital que llenó el teatro Maipo durante siete días.

Gerónimo Rauch, en el escenario del Maipo
Gerónimo Rauch, en el escenario del Maipo Crédito: Archivo

Gerónimo cantó con el alma, con una generosidad enorme, como un tributo a su tierra, una forma de devolver algo de lo que aprendió acá y pudo hacer estallar a miles de kilómetros de distancia. Conmovedor, visceral, elegante y encantador, el recital de Rauch fue la última joyita de un año cargado con propuestas deliciosas y muy disfrutables.

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