Cyan: cuando todo en la vida podría ser de otra manera

Leni González
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9 de agosto de 2019  

Libro y dirección: Pilar Fridman / Elenco: Débora Nishimoto, Daniel Surasky, Santiago Scauso, Franco De la Puente y Pilar Fridman / Dirección de actores: Guillermina Pico / Sala: C. C. Ricardo Rojas, Corrientes 2038 / Funciones: viernes, a las 21 y 22.30 / Duración: 50 minutos / Nuestra opinión: buena

Hay obras donde parece no suceder nada relevante, como si los personajes vivieran en el reino de la abulia. En Cyan, premiada por el Concurso Óperas Primas del Cultural Rojas, un impostado interés por la rutina domina los días de dos casas vecinas. En una, dos hermanos solitarios que han perdido a sus padres: Bruno (Santiago Scauso, en la función que vio esta cronista; pero ahora Max Suen) y María (Pilar Fridman, también autora y directora). En otra, un matrimonio desgastado, Audri (Débora Nishimoto) y Edward (Daniel Surasky). Los espacios de estos hogares ocupan dos escenas contiguas y planas, frente al público de la alargada sala Cancha. La iluminación alterna del living de los hermanos a la cocina comedor de la pareja en cuyo límite, sobre la pared, se proyectan líneas de diálogo.

"Es un cliché lo que hacés" es el mantra en la obra. Casi nada parece tener sustancia. Los hermanos se tiran al sillón en un simulacro erótico, en el que hacen como si. Puede que sea el ensayo de una obra o que el incesto también sea parte de la rutina. La pareja de al lado también se besa a distancia, una mímica ostensible, un no contacto. El único encuentro apasionado es el sexo furtivo entre Bruno y Audri, amantes efímeros cuando el marido no está. Ninguna de estas tramas de cuernos, flirteos y otros "clichés" que podrían ser así o de otra manera, importan demasiado. Porque lo que rompe esa meseta es la presencia de Frank (Franco de la Puente), cuyo nombre conocemos por el programa de mano. No es invisible ni fantasmal. Desde el principio, lo vemos leyendo, tirado en el sillón de los hermanos, observa y es observado, pero no habla. Igual que el público o como un narrador omnisciente que conoce todo de sus personajes. Poco a poco irá ganando protagonismo. Mientras todos simulan comer, él lo hace con hambre, sin vueltas. Trae "savora" para un pollo a la mostaza que no tenía mostaza. Y da una clave al citar el film Cae la noche en Bucarest, donde el director se enamora de la actriz, pero nunca se muestra el rodaje, sino las márgenes.

Cyan es un color que se usa en tareas de impresión, no en el habla cotidiana. Frank, el personaje extrañado que mira el juego y sabe a qué le hace acordar, tal vez esté ahí para recordarnos que cyan no es más que una tonalidad del azul. Acaso solo busquemos una historia reconocible adonde refugiarnos.

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