Del under al Maipo: con solo 28 años, Juanse Rausch es el alma detrás de un fenómeno teatral que no para de agotar localidades
Saraos uranistas, la exitosa obra que escribió y dirige, llegará en mayo a la sala de la calle Esmeralda; el lunes estrenará Las Adoro, mientras que Viento blanco continúa en cartel
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Juanse Rausch tiene, apenas, 28 años. Nació en Bahía Blanca. Quien en la actualidad es una de las figuras más inquietantes de la escena emergente mientras cursaba el secundario se imaginaba como profesor de teatro (profesor, no actor o director). Cada vez que la familia Rausch venía a Buenos Aires. él veía todos los espectáculos de la avenida Corrientes.
Terminó el secundario y se mudó a la Ciudad de la Furia en donde empezó a conectarse con la escena indie de la que forma parte. Y estudió, no paró de estudiar. Es licenciado en dirección escénica de la Universidad Nacional de las Artes (UNA), egresó de la carrera de dirección escénica de ópera del Teatro Colón y es becario doctoral del Conicet. Su investigación académica está vinculada con la indagación de teorías de la actuación en “cruce con estudios sobre las disidencias sexuales, la estética camp y el giro afectivo dentro de las teorías queer”.
En Juan Segundo (“Juanse”) Rausch todo ese mundo académico regido por sus obsesiones es parte constitutiva de su potente campo minado escénico. Escribió y dirigió Paquito (La cabeza contra el suelo), que tomó como disparador la vida de Paco Jamandreu, el que le dijo a su padre a los 14 años que no le gustaban las mujeres y terminó diseñando la ropa de mujeres como Eva Perón, Isabel “Coca” Sarli y Zully Moreno que interpretó el gran actor patagónico Mariano Saborido. O es el que, en un hotel alojamiento de Flores, presentó La fantasía en la que dos supuestas mucamas guiaban una visita por las instalaciones de un contundente pop furioso de los ‘70. A las dos mucamas las interpretaban Saborido y Milva Leonardi.

Es, también, el que codirige junto a Valeria Lois la obra Viento blanco, texto de Santiago Loza en el cual también trabaja Saborido y que está presentándose en Dumont 4040. E, imposible pasar por el alto en este enumeración incompleta, el creador de Saraos uranistas, esa obra de culto que es una maquinaria perfecta de agotar entradas con mucho tiempo de anticipación. El título de esa propuesta en la que aparece una sirenita trans viviendo en el Río de la Plata remite a la forma en que el sistema médico y policial higienista de principios del siglo XX en la Argentina llamó a las fiestas nocturnas donde se reunían las personas gays y travestis de la época. De esa especie de cabaret habitado por mujeres dicharacheras, delincuentes, lloronas, absurdas, exageradas e inolvidables forma parte la actriz y cantante Lucía Adúriz Bravo. Hace pocas semanas, Moria Casán presenció esa especie de cabaret trans. “Es sublime, es una espectáculos maravilloso. Es viaje, es un ácido”, apuntó ella en medio de los aplausos finales.
Jueves, 15 horas, en El Galpón de Guevara, en donde se presenta Saraos.... Hoy es el primer ensayo abierto a amigos de Las adoro, la próxima creación de Rausch que presentará allí. A la nueva propuesta que hará funciones los lunes se la anuncia de este modo: “José y Herminia Adoro son hermanos. Las Adoro tienen un poco más de 80 años y actúan. Son actrices. Actuaron una vida entera”. Mariano Saborido es José. Lucía Adúriz Bravo es Herminia. Faltan pulir varios detalles para esta nueva propuesta que se estrena este lunes. Lo aclara el mismo director y dramaturgo antes de la pasada con cierto nerviosismo por abrir de a poco el proceso creativo ante la mirada de amigos y unos pocos conocidos y un infiltrado: un periodista de LA NACION.
En la primera escena, José presenta a su hermana, a esa persona de baja estatura con gesto de dolor permanente como si estuviera levantando un objeto pesado todo el tiempo. A partir de ahí, a lo largo de unos 90 minutos, estas dos criaturas se la pasan visitando viejas melodías, canciones, recuerdos pueblerinos, amores brujos, suspiros de glorias, chismes menores y evocaciones a grandes actores del teatro nacional. Se la pasan actuando para no estar solas o, tal vez, como gesto de despedida.

Juanse es una especie de nerd del archivo. Su producción escénica y su formación académica, en el orden que sea, así lo demuestran. A Las Adoro tal vez se lo pueda entender como una indagación sobre los archivos escritos en la piel de estas dos hermanas. Archivos plagados de emociones, de evocaciones, de recuerdos, de fantasías. Ante el comentario, el creador de este nuevo montaje se queda pensando y tiende otro puente posible, una deriva de todo esto. “Por cuestiones de mi formación académica investigué mucho al actor Jorge Luz. En algún momento hablaba de él con cada colega que se me cruzaba en mi intento de recuperar anécdotas suyas. Algo de eso se filtró en la voluntad de hacer una obra. Y si en Paquito... me basé en la vida del diseñador y acá no quise hacer un espectáculo basado en los hermanos Luz, Aída y Jorge“, apunta.
- De todos modos, en el texto de la obra ambos aparecen en la dedicatoria.
- Es cierto..., pero me centré en hermanos que actúan basándome también en el vínculo que tenían Aída y Jorge Luz o los que nos ha llegado de ellos fruto de los relatos. El chisme le gana al valor del archivo.
En este entramado hay dos piezas claves hermanadas: Lucía Adúriz Bravo y Mariano Saborido. Hay un universo compartido entre ambos: son amigos y querían hacer algo con Rausch. “Teniendo ese background en común hay algo que se arma con cierta sencillez muy concreta más allá de ser dos tremendos actores. Fueron ellos los que me propusieron hacer esta obra”, dice el académico y creador escénico en el bar de la sala en medio de una tarde de un calor pegajoso.
El proceso de Las Adoro comenzó hace un año a partir de algo que quedó trunco y que terminó dando forma a este montaje. La etapa del balbuceo fue en la casa de una abuela que había fallecido. En ese departamento de una persona mayor cubierto de libros, cajas con recuerdos y sillones que nadie usaba fue en donde empezó a desplegar las primeras formas de esta historia de hermanos que, en escena, están rodeados de nobles vestidos colgados de obras de teatro que, tal vez, alguna vez protagonizaron o ensayaron o desearon hacer (vaya a saber uno).

La cita teatral es una de las capas Las Adoro. Hay referencias a los viejos teatros de pueblo convertidos en templos evangelistas como a María Rosa Gallo o Inda Ledesma. La escena final es una decidida ofrenda al teatro. En algún momento del proceso de los ensayos dudaron si no le estaban hablando muy al nicho teatrero, pero aquello también fue madurando. “Es una obra de alguien que ama lo que hace y lo hace como si estuviera en juego la vida y la muerte. Habla de esa pulsión de entregarse a algo como si fuera el fin único. Estos hermanos se entregan a actuar como si fuera lo último que pueden hacer”, comenta Rausch.
De Bahía Blanca a la Ciudad de la Furia
Salvando ciertas distancias en él se impuso el deseo de amar lo que hace o hacer lo que ama (teatro) de joven. Juanse hizo el secundario en el Colegio Don Bosco, una institución educativa histórica fundada en 1890. En algún momento tuvo en claro dedicarse al teatro y a algo más. Se imaginaba ser profesor de Teatro y de Historia o profesor de Teatro y de Letras porque en una ciudad un tanto pequeña apostar solamente por el teatro no cuadraba. En el colegio formó parte de un grupo de teatro haciendo piezas que presentaban en la gran sala con sus 900 butacas. Empezó a dirigir “sin saber qué era dirigir”, como él mismo cuenta.

Hay otro proceso formativo que corría en paralelo. Cada vez que su madre y su padre venían de vacaciones a Buenos Aires junto a su hermano menor se veían todos los títulos del circuito comercial. Juanse armaba la agenda y los padres dejaban a los hermanos en la puerta del teatro y, luego, los pasaban a buscar. Entre aquellas obras de la avenida Corrientes y lo que encontraba en YouTube se fue formando. Como en todo proceso hubo mojones que estuvieron por fuera de ese manual de estilo.
Casi sin saber cómo llegó vio Meyerhold. Freakshow del infortunio del teatro, del pampeano Silvio Lang. El adolescente de Bahía Blanca la “flasheó”, como dice. Tras cartón vio Mi hijo camina un poco más lento, de Guillermo Cacace. Ahí se topó con un mundo, o con otro mundo de lo teatral. El circuito alternativo más experimental del que forma parte recién lo descubrió cuando se mudó en 2016 a Buenos Aires a estudiar. Llegó a los 17 años. Sus padres le alquilaron un departamento en Sáenz Peña y Belgrano. Eran tiempos en los que los padres, no todos, claro, podían darse esos lujos.
- Hay algo que me quedó rebotando: cómo es eso de que en lugar de querer ser actor o director se te ocurrió ser profesor de teatro. ¿Es la vuelta de la vuelta?
- Tal cual. Yo conocía a profesores de teatro y se ve que quería eso; pero ya en el último año del secundario empecé a tomar talleres de dirección.
De aquellos tiempos de los inicios al año pasado pasaron cosas. Durante la temporada de 2025 este creador de la escena experimental dirigió La llamada, con César “Banana” Pueyrredón, que estuvo nominada a los Estrellas de Mar, un mojón de la escena comercial. En paralelo, es uno de sus autores de La revista del Cervantes, que acaba de ganar un Premio ACE. “Me da algo de ternura ver ese recorrido -reconoce como si fuera el tercer hermano de Las Adoro-. Cuando hicimos Paquito... en el Metropolitan aquello fue mi primer contacto con cierta faceta del teatro de la avenida Corrientes. Ese gesto fue emocionante, como lo que te genera cuando miras para atrás", reflexiona sobre su propio recorrido. A pocos días de la charla, la producción confirma que Saraos uranistas luego de las funciones, agotadas, en El Galpón de Guevara pasará a partir de mayo a copar la noches de los martes en el Teatro Maipo, la sala en la que tantas veces actuó Jorge Luz y que fue considerada la “catedral de la revista”. O sea, de Nün Teatro, en donde nació ese maravilloso montaje, Saraos... pasará al Maipo. En perspectiva, una mudanza mágica. “Está mal visto el teatro comercial, como que peca de banal; pero a mí me formó. De un tiempo a esta parte me di cuenta que había sido parte de mi proceso y reconozco que también me fascina la historia de la revista porteña, del café concert, de esos géneros menores”, se sincera por fuera de toda pose.
Esa fascinación por este tipo de lenguajes artísticos también forma parte de Las Adoro. La potencia actoral que imprime Rausch remite a esa fuerza arrasadora del grupo Gambas al ajillo o Alejandro Urdapilleta, figuras icónicas del llamado under de los 80: “Cuando Alejandra Flechner [una de las que integró Gambas al ajillo] fue a ver Paquito... nos quedamos charlando y ella me dijo que algo de lo que acaba de ver lo conocía, que la emocionaba. Yo creo que lo que estaba en esa obra era mi propia mirada sobre aquellos actores. Puede pensar que verlo actuar a Mariano Saborido es asomarse también a lo que él vio como espectador de un Urdapilleta o de un Antonio Gasalla”.
- O verla actuar a Lucía Adúriz Bravo es tomar contacto con su propia mirada sobre Niní Marshall.
- Exacto. A mí algo de eso me fascina, es como algo del orden de cierto linaje. Como detectar que en la mirada de Jorge Luz ya había algo de Niní.
- Otra de las posibles capas de en tu producción tiene que ver con el código “marica”, término que vos mismo reivindicás. Y hay que reconocer que en lo trans, en lo queer hay una potente carga teatral.
- Absolutamente. Y es un tipo de humor que se puede rastrear de principios del siglo XX y que tiene una teatralidad absoluta que, para mí, está ligada con la estética camp. Hay formas de esa gramática del humor que podrían ser de las maricas de ahora. Todo ese mundo me fascina y, de hecho, fue motivo de mi investigación académica. En los inicios del teatro argentino hay actores que están en la línea de los Midachi y, otros, en la de un Jorge Luz. En, por ejemplo, su vínculo con el transformismo escénico, en un humor sobre el travestismo o con el travestismo.
En la página del Conicet en el apartado dedicado a Juan Segundo Rausch agrega que el tema de su investigación sobre la actuación “marica” es sobre la “crueldad y ternura como formas de articulación entre imaginario camp y prácticas actorales”. En lo referido a Jorge Luz, su investigación analiza “los límites del disfraz, el género y el humor en la carrera del actor argentino” haciendo eje en su faceta televisiva (imposible no pensar en la Tota y la Porota, viejo sketch televisivo, en el que hacía dupla con Jorge Porcel).
- ¿Cómo explicás el éxito de Saraos uranistas en medio de salas alternativas que están atravesando una crisis de espectadores?
- Es raro.... Siento que lo que sucede con Saraos... tiene que ver con un pensamiento de producción, por un lado, y luego es un misterio, sin duda. Reconozco que así como hubo un trabajo artístico también hubo un trabajo sobre el público para saber a quién queríamos dirigirnos. Con Paquito... pasó algo similar y se fue formando una audiencia propia. En el mapa del misterio hay toda una camada de psiquiatras que viene siempre a ver Saraos... Todo muuuuy raro.
-Termino con una duda: ¿por qué dirigís, por qué escribís teatro?
-¡Ufff, qué pregunta! Me parece que es porque me permite estar un rato con mucha gente pensando un tema y generar ideas teatrales. Tiene que ver con el pensar cosas en un grupo y junto a los grupos que vienen.
Ideas Juanse Rausch, el catedrático y/o el artista, tiene. Y muchas. En Saraos uranista una de sus bellas criaturas ve imágenes futuras que parecieran ser de algún pasado. “Veo a una mariquita que llega en tren a la ciudad desde alguna otra provincia -suelta en medio un de monólogo arrollador-. Y la ciudad le parece gigante y asombrosa y terrorífica y esperanzadora. Camina por avenida Corrientes, se detiene en la puerta de un teatro y ahí, por vez primera, fantasea”.
Circuito Rausch para agendar
- Las Adoro, dramaturgia y dirección de Juanse Rausch. Los lunes, a las 20.30, en El Galpón de Guevara (Guevara 326)
- Saraos uranistas, dramaturgia y dirección de Juanse Rausch. Los martes, a las 20.30. en El Galpón de Guevara
- Viento blanco, texto de Santiago Loza dirigido por Valeria Lois y Juanse Rausch. Los domingos, a las 20.30 en Dumont 4040 (Santos Dumont 4040)
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