
El asadito no está a punto
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"El asadito". Guión y dirección: Gustavo Postiglione. Intérpretes: Daniel Briguet, Raúl Calandra, David Edery, Tito Gómez, Gustavo Gulrado, Héctor Molina y Carlos Resta. Escenografía: Guillermo Haddad. Música: Iván Tarabelli. Vestuario: Silvia Saint Girons. Diseño de iluminación: Héctor Aguilera. En el Paseo La Plaza.
Nuestra opinión: regular
Un grupo de amigos se reúne a comer un asado en la terraza del negocio de uno de ellos. Ese punto de partida posibilitó la creación de una película , "El asadito", que no hizo más que registrar el mundo de esos seis hombres al cabo, aproximadamente, de 20 horas. Entonces, fines de 1999, el motivo convocante para la reunión fue despedir el siglo XX.
Una de las cosas quizá más atractivas del film es observar cómo progresan, al cabo del día, las conductas de esos hombres y cómo el alcohol y el desgaste que produce un encuentro de tanto tiempo los va despojando de sus máscaras para dejar ver sus miedos, sus frustraciones y también sus hipocresías. La película tuvo en su momento muy buena difusión e interesó, seguramente, porque consolidaba una estética que desde hace ya varios años busca imponerse, tanto en el cine como en el teatro, y cuyo interés está en atrapar momentos de la realidad para colocarlos en el centro de la escena, trastocando los límites entre la ficción y la realidad.
Del cine al teatro
A fines del año pasado, "El asadito" tuvo su estreno teatral en Rosario, ciudad en la que se originó la propuesta, y ahora se representa en Buenos Aires y, además, en una sala. En este caso, de cualidades comerciales.
En principio este acto de "representar" llama la atención y mucho más que se lleve a una sala teatral y no a la terraza de una casa cualquiera, por ejemplo.
Si Gustavo Postiglione, cámara en mano, atrapó momentos de la realidad con gran contundencia y conmovió a un público que llegó a movilizarse por la verdad que lograba rescatar, hoy todo eso ha quedado esquematizado. "El asadito" se ha convertido en una pura ficción, tanta que se encierra en una caja escénica y con pautas bien establecidas.
Los intérpretes "representan", repiten actitudes, gestos, palabras de unos personajes que se han convencionalizado. Y como el germen de este espectáculo no es teatral, la estructura en general es muy endeble, la acción progresa sin sorpresas, dentro de un marco de monotonía que genera muy poco interés entre el público.
Es una reunión de amigos más y con personajes que tienen muy poca profundidad. Y si en el cine la edición y los primeros planos pueden hacer aparecer "la verdad" con cierta facilidad, en el teatro los mecanismos que se ponen en juego para que esa verdad aparezca son otros y muy distintos.
"El asadito" demuestra que hay ciertos cruces -en este caso del cine al teatro- que tienen su complejidad. El mayor problema está en que una obra, una creación, puede perder su valor original, como en este caso.
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