
El carácter ilusorio de la representación
El grado cero del insomnio / Autor y director: Emilio García Wehbi / Elenco: Rosario Alfaro, Camila Carreira, Erica D'Alessandro, Mateo de Urquiza, Alejandra Ferreyra Ortiz, Soledad García, Cintia Hernández, Victoria Hernández, Mariana Moreno, María José Salinas / Escenografía: Julieta Potenze / Vestuario: Belén Parra / Luces: Agnese Lozupone / Música: Vanesa Del Barco y Marcelo Martínez / Coreografía: Alejandra Ferreyra Ortiz / Sala: Beckett, Guardia Vieja 3556 / Funciones: sábados, a las 23 / Duración: 60 minutos / Nuestra opinión: Muy buena.

Hace ya varios años García Wehbi montó un espectáculo inspirado en una obra de Peter Handke llamado La balsa de la medusa. En ella, siguiendo la línea del autor elegido, los jóvenes actores insultaban de muy diversas maneras al público. Wehbi explicitaba -y se burlaba de- el carácter "progresista" del teatro independiente porteño y de su público. Señalaba de qué modo ese teatro colaboraba con la ideología dominante enmascarando y naturalizando los sistemas de control y construcción de la subjetividad. El grado cero del insomnio es un espectáculo que debe ubicarse en esa zona, pero más acabado, más profundo (aunque el nutrido elenco de actrices no sea homogéneo en su desempeño).
En esta propuesta García Wehbi realiza un agudo análisis sobre la cultura y algunas de sus manifestaciones. Muy puntualmente su objeto es el denominado "teatro de living". No elige casualmente ese término que repite de manera recurrente y necesaria. Porque con él agrupa tanto el teatro comercial como el independiente (que no son, por lo tanto, tan diferentes el uno del otro cuando les quitamos la hojarasca del dinero), el teatro representacional y el aurático. El grado cero del insomnio tematiza los mecanismos por los que las artes representativas generan la ilusión. ¿Por qué le preocupa a Wehbi el carácter ilusorio de ese teatro? Porque allí él encuentra activo el sistema de domesticación y dominación que se solapa detrás de términos tales como "arte", "teatro" o "cultura". Por eso se sirve de un compañero de ruta que lo acompaña tanto en las piezas gráficas como en la escena: el intelectual esloveno Slavoj Žižek un hombre que ha sabido, como pocos, cruzar a Jacques Lacan con Karl Marx para aplicarlo al análisis de los bienes culturales masivos y populares.
El lenguaje, los cuerpos, los géneros, las estéticas. Todos ellos son puestos sobre la escena para evidenciar los modos de funcionamiento de la escena en Buenos Aires y el comportamiento de su público. Por esa razón las performers (unas vengadoras Erinias que vienen a decir en el corazón mismo de la escena lo que no debe ser dicho sobre ellas) le hablan directamente a público dando una especie de conferencia en la que, gran show mediante (coregorafías de cabaret, desnudos y luces de neón resignificadas), queda en evidencia la ideología de producción de ese teatro que hace de Buenos Aires la capital del teatro hispanoparlante.
Se puede festejar tal condición, pero también, y eso es lo que hace García Wehbi, se puede tratar de comprender cuáles han sido las condiciones para que tal cosa suceda. Un diagnóstico mordaz de algo que habitualmente es interpretado con optimismo banal.
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