El duende de Nati Mistral
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"Contra viento y marea". Espectáculo de canciones y poesías con Nati Mistral. Piano y dirección general: Osvaldo Berlinghieri y guitarra, Agustín Hellin. Sonido: Carlos Gogni. Producción ejecutiva: Oscar Sanders y Alejandro Cuesta. Producción general: Ricardo Berbari. En el teatro Liceo, Rivadavia y Paraná.
Nuestra opinión: muy bueno
Tras dos años de ausencia, Nati Mistral está nuevamente en un escenario porteño. Desde que se descorre el telón ya se presume que el espectáculo tendrá la suficiente sobriedad como para que la artista española pueda dar rienda suelta a su magia y a su duende: apenas un micrófono, una cámara negra, un imperceptible juego de luces y tres músicos -un pianista, un guitarrista y un tecladista- servirán de marco al recital.
Tras unas emotivas palabras de Osvaldo Miranda, que le dio la bienvenida en nombre de sus colegas argentinos, aparece Nati en el proscenio ataviada con un amplio vestido de gasa negra adornado con pequeños detalles blancos y de inmediato, y como cálido homenaje a nuestra ciudad, brinda el tango "Mi Buenos Aires querido", de Gardel y Le Pera, y recita con vibrante voz el poema borgiano "Fundación mítica de Buenos Aires". De aquí, y durante dos horas, esta madrileña en la que el tiempo se ha detenido en su figura y en su garganta sabe satisfacer los gustos de una platea que busca el halago auditivo, la sensualidad de unas canciones amorosas y alguna picardía verde.
Ya lo señala ella con total humildad: éste no será un recital para descubrimientos, sino un reencuentro en familia. Y así ocurre, como en una gran y apacible tertulia. Entre recuerdos de su vida artística, de nombres que fueron íconos en nuestra historia escénica y de anécdotas simples de su vida de viajera incansable, Nati Mistral decide pasear sus temas y sus poesías por el mapa de América latina. Se detiene en Perú, con unos entrañables versos de Santos Chocano y con "Fina estampa", como homenaje a Chabuca Granda; recala en Portugal con "Casa portuguesa"; desempolva el chotis con "¡Ay Cipriano!"; rememora la zarzuela con "El majo indiscreto", y apunta al romanticismo con el bolero "Somos", de Mario Clavell.
Mientras tanto da rienda suelta a su verbo pleno de sentencias y de humor y, como Federico García Lorca no podía estar ausente en el espectáculo, recita y canta "Las tres hojas". Nati, a estas alturas, ya conquistó a los espectadores, que la premian con interminables aplausos que se multiplican cuando ella dice con tono íntimo y patético "La profecía", esa reverencia al amor escrita por Rafael de León. En su álbum de nostálgicos éxitos tampoco podía estar ausente la canción de Aldonza, de "El hombre de la Mancha", ni otros títulos entrañables de su amplio repertorio. Cuando vuelve al tango, lo hace con el arrabalero "Amablemente", de Edmundo Rivero, y como broche final pone a prueba una vez más su calidad de actriz y de cantante con "Balada para un loco", de Piazzolla y Ferrer.
Movimientos gatunos
La dirección le marcó un desplazamiento gatuno y voluptuoso hacia el micrófono y ella lo cumple cadenciosamente mientras el piano del talentoso Osvaldo Berlinghieri, la guitarra flamenca de Agustín Hellin y un tecladista cuyo nombre, injustamente, no aparece en el programa de mano tejen armoniosamente las melodías y las palabras. La protagonista absoluta del recital, en tanto, ya logró la magia de conquistar con su voz cálida de mezzosoprano, sus tibias modulaciones y algún breve paso de baile a esos espectadores que, a lo largo del tiempo, la convirtieron en su favorita y en un emblema de España. Así, sin estridencias ni golpes bajos -felizmente ella no bajó a la platea para confraternizar con sus admiradores, ni necesitó el humo que, en muchos espectáculos, es tan oloroso como molesto-, Nati Mistral volvió a ser la de siempre para mecerse plácidamente, con intenso hedonismo, al compás de viejas canciones ecuménicas y de temas de hoy que hablan del hombre de nuestros días. Otros recitales, el viernes, el sábado y el domingo próximos.



