
El radioteatro revive en el Maipo
Alberto Migré dirige un espectáculo en vivo que homenajea al género, junto a primeras figuras
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Desde hace diez días, todos los fines de semana en el Maipo Club, en el segundo piso de Esmeralda 447, se pone en marcha un ritual que deja en evidencia "la magia de la radio". Alberto Migré, el hombre que no cesa en su lucha por seguir manteniendo la llama viva del radioteatro, decidió llevar fragmentos de ese género a este escenario, convertido ahora en la sala de LV4 Radio Maipo, donde un grupo de actores especialmente seleccionado por el creador, autor y director interpretan -a la manera de los años 50- momentos tan excepcionales como inolvidables. Unos emotivos, otros divertidos, pero todos igualmente entretenidos, que se representan bajo el título "Tal como somos (Radioteatro in Concert)", los viernes y sábados, a las 18.30, y los domingos, a las 17.30.
Sobre el proscenio puede observarse que cuelgan, de la parte anterior del techo, los típicos micrófonos de aquellos años. Sobre los laterales, dos enormes floreros cargados de hermosas rosas, y ubicados como si estuvieran en la primera fila, una serie de aparatos de radios antiguas -entre las que se destaca una enorme modelo capilla- que se erigen casi como protagonistas del espacio escénico (todas cedidas por un coleccionista, el doctor Smechou).
Sobre la derecha, en una suerte de auténtico arsenal, Ernesto Catalán, el profesional decano de los efectos especiales, tiene montada toda la artillería que acompañará el texto de los intérpretes. Puertas, armarios, timbres, cucharas, cuchillos, botellas e infinidad de utensilios conocidos y otros tan diferentes como curiosos que Catalán -siempre atento y solícito- maneja desde hace muchos años lo convierten en un personaje único e imprescindible en esta puesta en escena. Prácticamente delante del búnker y muy cerca del público, se ubica la consola de sonido que maneja otro grande de esta especialidad: Tatín Pérez, quien acompaña a Migré desde hace muchos años en el radioteatro y es el responsable de toda la musicalización y compaginación de sonido de todo el espectáculo.
A medida que el público ingresa en la sala y se acomoda en las sillas que rodean las correspondientes mesas, se le sirve copitas de oporto y galletitas Imperiales, todo un símbolo de una época que, minutos después, será evocada sobre el escenario. Contemplar los rostros de quienes reciben esa colación ya es todo un espectáculo y no hay quien no haga algún comentario sobre el recuerdo de las galletitas o sobre el grato aroma y sabor del oporto, de tal manera que poco antes de iniciarse la función, las copas y los platos ya están vacíos.
En la nutrida platea se pueden observar grupos de mujeres -algunas mayores, otras más jóvenes-, todas muy elegantes en sus vestuarios, sus peinados y maquillaje; matrimonios de variada edad, grupos de chicas y muchachos jóvenes, y hasta una pareja de no videntes que piden ubicarse en primera fila y que siguen con fruición, como el resto de la audiencia, todo lo que se dice.
Minutos después se apagan las luces de la sala y una serie de sonidos muy identificatorios de los radioteatros invaden todo el ámbito y recrean un clima propicio para lo que vendrá: los acordes de un bello vals, el tecleo de una máquina de escribir, el canto de pajaritos, el ladrido de un perro, galope de caballos, pasos lejanos y cercanos, las campanas de una iglesia, el ruido de las gotas de lluvia sobre un techo, la sirena de la ambulancia, el bullicio de la gente y, nuevamente, el bello vals (minutos de auténtico ensueño para los asistentes).
Del lado izquierdo aparece la figura del gran "reggie" de esta puesta en escena: Alberto Migré, de impecable conjunto en corderoy marrón, saludado espontáneamente con un aplauso por todo el público presente.
Migré agradece emocionado y habla con ese fervor que lo caracteriza de "esta pequeña ceremonia hecha con mucha emoción, profundo amor y total respeto, y dedicada a la radio de los años 70, a ese edificio de la calle Yapeyú, esa inolvidable casona con vestíbulo, un comedor enorme, dos patios con higuera y glorieta, donde las tías Nita y Rosa con sus escobas, bailaban Strauss; el tío Pepe escuchaba en su radio a Fresedo; el abuelo, con su pipa, las arias de ópera de Bellini y Donizetti; yo a Tarzán o a Sandokán, y toda la familia a Juan José de Soiza Reilly y tantos otros que hicieron grande a este medio: Niní Marshall, Pepe Arias, Olga Casares Pearson, todos los que acompañaron nuestra vida familiar".
El carácter nostálgico está puesto en toda la propuesta y Migré lo adelanta, mientras explica la importancia de esa magia: "Ahora vamos a poder cerrar los ojos y dejar volar la imaginación para sentir al olor que nos recuerde la vida; de ese mercado de flores que nos relatan, pero que también nos permiten espiar... Vamos a poder ser cómplices y protagonistas, conocer cómo se hacen los efectos, el valor del silencio, la sugerencia del sonido de una cuchara girando en una taza. Nos jugamos por los sentimientos, las lágrimas, nostalgias y alegrías, sin barreras de edades o de ninguna clase".
Rostros familiares
Y sobre el escenario, con impecable vestuario, peinados y calzado de los años 50, Mabel Loisi y Mirtha Basso recrean algunas populares publicidades de la época: "Entre pecho y espalda: pastillas Valda"; "Píldoras Ross, chiquititas, pero cumplidoras"; "Casa Lamota, donde se viste Carlota", y a continuación, Aldo Kaiser, encargado de dar las noticias del momento, se destaca en la interpretación del tango "Pedime lo que querés".
Y así comienza una sucesión de fragmentos de encantadoras historias con sus distintos protagonistas, bajo la dirección y las precisas indicaciones de Migré, que, frente al escenario, emula a un gran director de orquesta.
"El tema es comprendernos" permite a una espléndida Irma Roy (con un vestuario digno del mejor figurín del 50) y a un notable Raúl Filippi interpretar las diatribas de un matrimonio de varios años, acosado por una aguda crisis económica: sus discusiones, enfrentamientos y agravios, pero por el poder de la palabra, aceptar y comprender, en lo que podría subtitularse "las dos caras del amor".
Nelly Prince tiene a su cargo un segmento que le permite lucir sus dotes de cantante, ya que interpreta con sensibilidad "Tinta roja" y "Como dos extraños". "El muchacho de la moto", en un cambio fundamental de mirada y estilo, muestra a un joven veinteañero que intenta conquistar con su pinta y su moto a dos jóvenes que pasean por la zona, con resolución que aplica a aquello de "burlador burlado". Eficaz lucimiento de Cristina Alberó, Laura Bove, Carlos Girini y Facundo Caferata.
El túnel del tiempo
"El renunciamiento" constituye lo más emocionante y celebrado de la velada, porque pinta el momento en que Eva Perón renuncia a su candidatura a la vicepresidencia de la Nación, en el acto al aire libre. Un renunciamiento que pocas horas después tendrá el terrible desenlace en la residencia presidencial, cuando Perón le hace entender a su esposa que tiene los días contados. Kaiser personifica a Perón y Cristina Tejedor logra caracterizar magistralmente a Eva Perón.
Por su parte, "Reunión de amigas" refleja una reunión en 1945, en un típico té de damas donde, entre bocaditos, las señoras elegantemente ataviadas y de sombrero critican al país, la moda y hasta a ellas mismas. Y en "El final", a manera de pintoresca cabalgata, todo el elenco deambula por el escenario enfatizando y cantando sobre todo aquello que nos afecta y sobre las cosas positivas, mientras se escucha el tema de la Bersuit: "La Argentinidad al palo".
Es destacable la labor de Juan Carlos Lami, en el diseño artístico, y de María Elena Armentano, en la producción.
Por adentro
Souvenir
- Junto con el programa de mano, se entrega una suerte de pequeño abanico con forma de micrófono de pie, con una leyenda que invita a escuchar todos los domingos, a las 22, por Radio Belgrano (AM 950), "Permiso para imaginar".
Bronca y enojo
- En su alocución inicial, Migré dedicó un párrafo singular a la figura de Federico Frischknecht, un contador que se desempeñó como secretario de Difusión y Turismo durante el gobierno de Onganía, que marcó una etapa negra en la historia de la radiofonía. "En su conflictiva administración y gestión, se acabó la radio de actor, de autor y de creador", afirmó el director, mientras resaltó su lucha por la recuperación del género.
El elenco
- Irma Roy, Cristina Alberó, Laura Bove, Cristina Tejedor, Nelly Prince, Mabel Loisi, Mirtha Basso, Raúl Filippi, Carlos Girini, Aldo Kaiser y Facundo Caferata.
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