Eugenia Tobal y el Puma Goity volvieron con Casados sin hijos
Los actores estarán en la cartelera porteña durante el verano
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Eugenia Tobal llega pasadas las 16 a la entrevista. Está cansada, pero feliz. Acaba de bajar de un avión, bah, de varios. Maui, San Francisco; San Francisco, Miami y Miami, Buenos Aires. Estuvo de vacaciones en Hawai y antes, en California. No viajó sola sino acompañada de su flamante novio, Martín Cevasco. "No sé qué les sorprendió, estoy hace 6 meses de novia", dice en los pasillos del teatro. También cuenta que para su sorpresa se encontró argentinos en el medio de la nada. En tanto, El Puma Goity está sentado cuando ve llegar a su compañera de Casados sin hijos. También estuvo de vacaciones, pero en la costa y con sus hijos. Eugenia corre, lo abraza. Se reencuentran después del breve receso que tuvo la obra que ya puede verse otra vez en el Paseo La Plaza y seguirá en cartelera todo febrero. El Puma y Eugenia no se sueltan, tienen una química que traspasa las tablas. El proyecto les llegó en un momento ideal: hace años que querían hacer algo juntos. Y apareció Childfree, una obra que parece calzarles justo. Él es Augusto, un hombre que disfruta de la buena vida; ella, Flor, una yogui amante de la vida sana. Tiene diferencias, pero no en la forma de vivir su pareja a la que cuidan como el primer día que se conocieron. Y tienen un pacto: no van a tener hijos, no están interesados, pero algo pasa y los planes cambian. Dirigida por Marcos Carnevale y Mauricio Dayub y escrita por Matías Del Federico (Bajo terapia), la obra -que fue un éxito en la temporada pasada- vuelve con algunas novedades. Se trata de una comedia romántica, sí, pero también de una historia que genera debate.
-¿Va a haber cambios en la obra en este reestreno?
-Eugenia Tobal: Sí, vamos a hacerla desnudos, le dije al Puma: "Pasemos el verano, bronceate y estamos los dos del mismo color".
-Puma Goity: Me lo pidió Eugenia hace rato, dije: "¿Te parece?"
-ET: Para que la gente venga tiene que estar desnuda. Es nudista [risas]... Hicimos un cambio de imagen y de todo para que la gente pueda disfrutar visualmente algo distinto y ofrecer una comedia como la que veníamos haciendo pero con un plus más.
Las risas dominan el camarín de la sala Picasso del complejo. Afuera, un calor infernal tiñe el cemento, pero ellos parecen olvidarlo. Más allá de la broma, hay algunos cambios. No en el guión, pero sí en la estética. Diego Kolankowsky se sumó a la producción y trajo algunas ideas. El cambio tiene que ver con alguien que vino, se enamoró de la obra y pidió incorporarse, dice Goity. Mientras que uno responde, el otro suma datos.
-¿Pensaban que esta historia iba a pasar las 100 funciones y volver a la cartelera?
-PG: Nos interesó el tema, era atractivo, contradictorio. Autor argentino con un éxito (Bajo Terapia), la posibilidad de ser dirigidos por Maurcio y Marcos, hacerlo en La Plaza... Es un proyecto que venía armado muy bien. Lo encaramos con una gran expectativa, pero, gracias a Dios, resultó. Más allá de ser una comedia que te reís, tiene mucho humor, es una historia de amor, una linda historia de amor.
-Puede que la temática "ser padres o no", hoy en día, esté instalada mucho más en la sociedad, antes quizá no cabía dudar...
-PG: Está mucho más blanqueado ahora, ¿no? Antes era otra cosa. Childfree es un movimiento que no conocía. Me enteré con la obra. Sobre todo por Eugenia que investiga y me puso en tema. En Europa hay hoteles, clubs, restaurantes donde está el logo. Hay gente que elige este tipo de vida. La obra está basada en este matrimonio que tiene esta filosofía de vida y todo lo que se desenlaza y se empieza a mover... las contradicciones que surgen cuando la pareja de Agusto [mi personaje] le plantea que está embarazada.
-ET: Se rompen todos los esquemas y los mandatos con un simple hecho que excede a todo. Es naturaleza pura y milagro. También todo lo lindo que tiene eso cuando está tan afianzado el hecho de no querer y, de golpe, sí. Ahí se arma toda una complejidad que está buena.
-Quizá ayude a iluminar otros paradigmas...
-ET: Lo que nosotros siempre decimos es que en realidad lo que tiene esta obra y que no tienen otras es que en realidad lo que sucede es que la gente se va y tiene el debate en la punta de la lengua. Necesita salir para hablar de lo que pasó. Pasa eso, inclusive nos paran en la puerta cuando nos vamos. Se generan cosas: hay gente que se enoja, otros que nos paran emocionadísimos al final.
-PG: Le pega mucho a la gente. Por ejemplo, amigos míos que tienen más o menos 50 años, reinciden con parejas, ellos ya tienen hijos y su segunda mujer es más joven. Se sienten tocados porque cuando arrancan las chicas dicen: "Salgo con un tipo grande porque no quiero tener hijos ahora". Piensan que no las van a presionar con ese tema. Así empieza una relación y en el 95% de los casos, se da vuelta y quieren un hijo. "Si hay amor, nos amamos, veo lo padrazo que sos con tus hijos, quiero el mío". Y ellos no quieren, después dudan y, si estás enamorado, no seas boludo, ¡no vas a perderte un amor por eso!
-ET: Hay gente que sí.
-Tampoco hay una valoración de qué está bien o qué está mal...
-ET: Creo que aprendimos a entender otras posturas. Con esta obra encima, uno tiene la cabeza más abierta. Más allá de lo que uno decide, piensa y cree, también hay otras cabezas y sentimientos que son válidos. Como el otro personaje que hace Martín Pavlovsky, que es un fundamentalista del movimiento y no se corre de ahí y lo plantea. Hay que aceptar que hay gente así, él termina una relación.
-PG: No toma partido la obra en ese sentido, eso está bueno. No hace un catecismo de tener hijos o no tenerlos.
-ET: No juzga nada.

El Puma le escapó a la paternidad hasta los 40. "Uno se ata de frases y en realidad es cagazo. Yo decía ´antes de los 40, hijos no´". Era una postura de miedo -reconoce el actor-. Años después calmó sus preguntas sobre su estabilidad laboral ("¿Cómo voy a traer hijos a este mundo si no voy a tener para darles de morfar? Si no sé si voy a tener trabajo"), conoció a una compañera y saltó al vacío.
-¿Te sentís identificado con Augusto [el personaje que encarna]?
-PG: Yo de alguna manera fui Childfree hasta las 40 años. Entonces me reconozco en muchas cosas, era una postura de miedo.
-¿Y qué pasó cuando fuiste papá?
-PG: Es lo que más me gusta. Soy un padre que en el tiempo libre actúa. Le contaba a Eugenia, vine de vacaciones, estuve solo con mis hijos 15 días. Aunque estoy mucho con ellos es distinto porque viven con sus mamás. Esto de disfrutar a la noche viendo la tele, acompañándolos desde la mañana, estar todo el tiempo con ellos... Es la gloria. A mí me gusta ser mamá, más que papá me gusta ser mamá. Me gusta cocinarles, hacerles la leche, gritarles "vamos, está la leche", o decirles "¡a comer!". También ir al colegio, hablar con las maestras, ay ¡me encanta!, ¿no hay reunión hoy? Me gusta ser mamá. Me gusta hacer las compras, ir al súper, hacer la tarta.
-¿Y vos, Euge, tenés cosas en común con Flor?
-ET: En realidad son dos truchos porque él se hace el fundamentalista del Childfree y ella se cree la fundamentalista del yoga, la paz y el amor. Son dos truchos. Son puro bla bla. Con Flor me siento identificada, soy yogui. No soy tan trucha, nos divertimos con Mauricio y Marcos porque como también practico, le fuimos agregando cositas más exageradas y subrayadas para que sea bien evidente que de yogui no tiene nada.
-¿Y cómo te sentiste al meterte de lleno con el tema de la maternidad?
-ET: Como siempre me pega. El personaje tenía este otro conflicto que me pareció super interesante para atravesarlo. La paso bien con él [Goity]. Encontramos una cosa que está buenísima que es de mucha comunicación sin palabras, casi lo más importante. Flor es divina, arranca como que se lleva al mundo por delante con la paz y el amor y está todo bien, pero en realidad se mandó ahí una tramoya medio rara. No sabemos bien si fue adrede o no pero... En realidad, es como decía el Puma al principio, ellos arrancaron muy con el movimiento, pero después las decisiones y las necesidades y los deseos los exceden. A Flor le excedió eso y hace tiempo que lo venía guardando y se lo dice también a él: "Estuve mucho tiempo guardando este deseo". La mujer tiene eso. No es cuestionable tampoco, cuando uno tiene el deseo tan fuerte, todo vale.
-Entonces, más allá de los estereotipos y la comedia, ¿la historia de amor sobresale?
-PG: Generalmente, las obras de teatro, la tele en general, muestran a las parejas que están en crisis. Lo que me pareció muy atractivo es que acá hay un problema en una pareja que se ama. Este tipo está totalmente enamorado de su mujer.
-ET: Todo es muy frontal. En cuanto a Flor, lo mismo. Ella lo quiere con él, pasó lo que pasó y quiere la forma que sea con él. Sirve para revalorizar un poco el amor también, las parejas que se rinden tan rápido, sucede algo y andate o me voy. Acá se reafirma todo el tiempo que el amor es lo más importante, es lo que más vale en las relaciones.
Después del reencuentro (y la nota), Eugenia y el Puma posan para las fotos. Están contentos, ya salieron de la oscuridad y del frío de los pasillos del teatro y están al sol, en uno de los balcones del Paseo La Plaza. Mientras se abrazan y miran la lente, aparecen desde atrás el resto de los compañeros. Anda por ahí Dayub, uno de los directores, también algunos de los chicos del elenco (lo completan Dennis Smith, Valeria Lorca, Martín Pavlovsky y Mariana Melinc). Es como el receso escolar.
-Dicen que ninguna función es la misma, ¿se siguen poniendo nerviosos antes de salir a escena, después de tantas?
-ET: Cada día es distinto porque nosotros estamos distintos y en las butacas hay gente distinta. Hay veces que estamos ahí y decimos "¿qué pasa? El público está mas callado". Nunca es igual un día a otro.
-PG: Debutamos todos los días porque sabemos que hay gente que nunca nos vio.
-ET: Salvo mis viejos que vinieron miles de veces. [Risas].
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