
La comunidad, según Lola Arias
"Poses para dormir", de Lola Arias. Con Blas Arrese, Javier Drolas, Inés Efrón y Julieta Vallina. Escenografía: Ariel Vaccaro. Iluminación: Matías Sendón. Vestuario: Alejandro Bamonde. Música: Ulises Conti. Dirección: Lola Arias. En El Camarín de las Musas, Mario Bravo 960, los viernes, a las 21.
Una pareja habita un cuarto mínimo. Del otro lado del pasillo del departamento, un hombre y su hija. Están separados por unos pocos metros y si bien viven en lugares similares, los vínculos no respetan esa simetría. Aunque, eso sí, todos viven encerrados en medio de una ciudad que parece consumirlos. Quizá la idea de la opresión forme parte de un sueño que, por su recurrencia, tiene algo de pesadilla.
En ese contexto, Tao levanta banderas revolucionarias mientras su padre, un tal Joita, escribe cuentos pornográficos. Del otro lado, a Nadia el impulso piromaníaco la seduce. En contraposición, su esposo, un piloto de aviación, parece estar seco de todo impulso vital. Cosas de la vecindad, las parejas se entremezclan y nada será igual.
La directora Lola Arias, también encargada del texto de "Poses para dormir", delimita a cada personaje con mucha precisión. Cada uno de los actores se presta a ese juego con una enorme entrega creando atmósferas muy seductoras. Lo atrapante también está dado por los tonos distintos de cada intérprete. El Joita en manos de Blas Arrese tiene unos acertados toques clownescos. La adolescente guerrillera de Inés Efrón maneja con suma facilidad la dualidad del impulso juvenil con esa doctrina opresora del mundo de los adultos. Algo similar al trabajo de los opuestos que despliega Javier Drolas, como el piloto. Por su parte, la Nadia que compone Julieta Vallina (una actriz con enorme peso escénico y un evidente crecimiento actoral) apuesta a una carga erótica cautivante.
Arias, la misma que dirigió "La escuálida familia", apenas usa unos tubos que delimitan la volumetría de los cuartos. La idea es interesante pero, quizás, hubiera requerido de un escenario de mayor tamaño. Más que en la historia en sí misma lo fuerte del montaje radica en las situaciones, en los cruces, en el humor y en los trabajos actorales, aspecto clave de esta interesante obra.
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