
"La Duarte", una vida contada sin palabras
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"La Duarte" , con libro, coreografía y dirección de Silvia Vladimivsky. Intérpretes: Eleonora Cassano, Gerardo Baamonde, Leonardo Cuello y elenco. Música y diseño de banda de sonido: Sergio Vainikoff. Diseño de iluminación: Omar Possemato. Diseño escenográfico: Lucía Trebisacce y Carlos Bustamante. Diseño de vestuario: Mónica Mendoza. Realización de vestuario: Elsa Serrano. Recreación peinados y pelucas: Oscar Colombo. Stage manager: Adrián Andrada. Producción: Lino Patalano. Duración: 90 minutos. En el Maipo.
Nuestra opinión: bueno
Vivió sólo 33 años; sin embargo, la historia de Eva Perón está llena de hitos que dimensionan su vida. Tratar de condensar los más importantes en una hora y media para darle continuidad y subrayar los antecedentes y sus respectivos consecuentes es una tarea ambiciosa y al mismo tiempo riesgosa, sobre todo si se trata, como en este caso, de teatro danza, donde la máxima expresión se logra a través del cuerpo.
Comienza el texto con la partida de Eva Duarte de su pueblo de Los Toldos y la llegada a un Buenos Aires desconocido y hostil, aunque se hace referencia a la presencia en esta etapa de Agustín Magaldi.
Y sigue el recorrido con su inserción en el medio radiofónico, donde no están ausentes las voces de Libertad Lamarque, que interpreta "Caminito", y las carátulas de programas de radio de la época. Luego, el primer contacto que Duarte tiene con Perón, musicalizado por Hugo del Carril con el tema "El porteñito". La llegada al poder, su relación con los políticos, con los pobres, con los descamisados, con la aristocracia, con los aduladores, con la Iglesia, con su hermano Juan Duarte, el renunciamiento al cargo de vicepresidenta de la Nación y su muerte.
Entre todos estos hitos aparecen personajes y arquetipos que pueden pasar inadvertidos para las generaciones jóvenes, como el boxeador Mono, clara alusión a José María Gatica, presencia que dentro de la historia de la protagonista puede resultar insignificante. Esto hace que por momentos se reiteren situaciones y algunas secuencias resulten morosas.
El gran desafío
Llevar a escena una biografía por simple que sea siempre resulta complicada. En "La Duarte" se acentúa el riesgo por la ausencia de diálogos. Pero quizá para compensar esta ausencia se ha desarrollado una impronta estética de alto vuelo.
Para ilustrar algunas secuencias se utiliza la proyección de imágenes sobre el telón de fondo, acentuando el tono dramático. Por ejemplo, el 17 de octubre de 1945, el pueblo está representado por una murga que marcha, mientras se proyectan imágenes de piernas cansadas que caminan en un derrotero interminable.
Quizás el recurso más efectivo esté en la edición de sonido, que consigue ensamblar música, voces, canto, emisiones radiofónicas, discursos, con una precisión increíble.
También juega un papel fundamental la iluminación de Omar Possemato, que logra interesantes contrastes para acompañar al drama.
Con dos estructuras metálicas que se desplazan, la escenografía resuelve el diseño espacial, reproduciendo la modesta habitación de Eva Duarte, donde se concentran los sueños juveniles de la protagonista, y una escalera que representa la subida al poder. También es interesante el desplazamiento grupal del elenco, ataviado con un vestuario que a la claras establece las diferencias sociales mientras señala las distintas jerarquías del poder.
Si bien en algún momento de la pieza el elenco dice algunas palabras, los personajes de Eva Duarte y Perón se expresan verbalmente sólo mediante discursos originales grabados. Paradójicamente, estos dos personajes comprometen el cuerpo en un diálogo que no necesita palabras.
Eleonora Cassano, como la protagonista, se luce en una composición corporal que, sin desmerecer la técnica, alcanza momentos de lograda expresión, ayudada por un vestuario reconocible que le diseñó especialmente Elsa Serrano.
La secunda Leonardo Cuello en el papel de Perón, un bailarín que se ajusta con exactitud a las exigencias de su personaje, siendo por demás elocuente en su lenguaje corporal.
Gerardo Baamonde, aunque en cierta forma incorporado a la estética dancística, tiene a su cargo el papel de Juan Duarte, al que le da una carnadura convincente.
Como corolario, "La Duarte" es un espectáculo más atractivo por la hechura visual que por la historia que está contando.




