
Los problemas de Arturo
Algunas imprecisiones y poca síntesis en la leyenda celta del célebre Merlín, el mago
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Una leyenda celta Merlín, el mago, de Roberto Cortizo Petraglia. Producción: Grupo Juglares. Música: Jorge Corti. Dirección general: Roberto Cortizo Petraglia. Intérpretes: Ivana Averta, Wanda Belén Bellanza, Marianela Bucafusco, Bryan Contreras, Gastón Courtade, Ignacio D Olivo, Mariano Falcón, Victoria Fernández, Natalia Gauna, Pablo Guises, José Luciano Mansur, José María Marcos, Leticia Salorio, Mariel Tuñón, María Gabriela Vargas. Diseño de luces: Esteban G. Lahuerta. Realización de títeres: Guillermo Farisco. Vestuario: Silvina Bochatay. Asistencia de dirección: Omar Darío Díaz. En Andamio 90, Paraná 660. Sábados y domingos, a las 16. Entradas: mayores, $ 20; niños y adolescentes, $ 10. Para mayores de 9 años.
Nuestra opinión: regular
Para narrar las distintas circunstancias de la leyenda de Merlín y el rey Arturo y la fundación de Camelot, el grupo Juglares -que tiene interesantes antecedentes en la puesta en escena de obras clásicas de la literatura, y que muchos recuerdan por su acertada versión de Las aventuras de Juan Moreira - recurre a un nutrido elenco en que los jóvenes intérpretes hacen de coro, ya sea marcando un ritmo de danza marcial, o armando y desarmando escenografías, o narrando mediante un recitado partes de la compleja historia.
Tal vez el problema básico de esta adaptación reside en querer narrar demasiados detalles, sin definir con precisión en la acción dramática quién es el protagonista (si Merlín, Arturo, Lancelot, Ginebra, el pueblo o un narrador) para delimitar una perspectiva. Consecuentemente, hay confusiones en el vaivén del relato, en los motivos que impulsan a los personajes, y en los resultados de las acciones. El polo de la acción se traslada de uno a otro, y por momentos falta un referente.
El mago Merlín, supuestamente muy poderoso, es mostrado como un personaje débil, que se equivoca mucho, es sobrepasado por la astucia y maldad de Morgana, aconseja mal al joven Arturo y cosecha muertes de inocentes por sus errores. Por su parte, el elegido, Arturo, es joven, inexperto, bienintencionado y absolutamente obediente a Merlín, pese a que a veces su mismo criterio le hace dudar de los consejos del mago. La reina Ginebra, muy joven y confundida, y Lancelot, desdibujado, se esfuerzan por ser fieles al rey, pero no entienden mucho lo que pasa ni por qué éste se aleja tanto de su reino, mientras la magia buena y la mala luchan y los envuelven, ya que con frecuencia la intención de los maleficios es solamente confundir, pasar información equivocada y alejar entre sí a los personajes que se necesitan.
Resulta difícil para la platea convencerse de que Merlín y Arturo, los dos héroes de la leyenda, sean tan poco inteligentes a la hora de enfrentar enemigos poderosos o tomar decisiones cruciales.
En el espectáculo abundan las escenas de combate y, en cambio, son pocas aquellas en las que los protagonistas hablan entre sí, muestran sus sentimientos y se mueven más como seres reales, escenas en las que podrían dejar traslucir su personalidad y sus intenciones.
El resultado es que no se entiende muy bien cuál es la historia que se trata de contar. Sin duda, querer relatar estas leyendas implica un aporte para que los jóvenes curiosos investiguen más y se acerquen a los antecedentes de hechos del pasado y de mitos que forman la historia de otras culturas. Pero para que interesen en un escenario se necesitan una mayor síntesis y una definición más clara de los protagonistas.
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