
Recuerdos repletos de amor, dolor y vestidos
Delicado trabajo de dirección de Mercedes Morán
1 minuto de lectura'
Amor, dolor y qué me pongo. De: Nora y Delia Ephron. Adaptación: Mercedes Morán y Fidel Sclavo. Dirección: Mercedes Morán. Intérpretes: Cecilia Roth, Leonor Manso, Jorgelina Aruzzi, Ana Katz y Mercedes Scápola. Diseño de luces: Alejandro Le Roux. Diseño de vestuario: Gabriela Pietranera. Director de arte: Fidel Sclavo. Asistencia de dirección: Vanina Montes y Verónica Pelaccini. Producción general: Daniel Grinbank. Teatro Tabarís. Duración: 80 minutos.
Nuestra opinión: muy bueno
La ropa como excusa para contar, para recordar, para traer a cuento momentos que bien valen la pena contar o recordar. Algo parecido a lo que a muchas personas les pasa con la música o con los aromas, a estas cinco mujeres -que se multiplican en muchas más- les ocurre con lo que visten.
Ropa confeccionada por una madre o comprada en liquidación, vestidos de casamiento -del primero, del segundo-, ropa que gusta, otra que no; ropa que no importa, o que importa quien la usó. La obra que escribieron Nora y Delia Ephron y que adaptó -junto a Fidel Sclavo- y dirigió Mercedes Morán toma historias de mujeres en las que las prendas son marcas, señas en la memoria. Y si bien las protagonistas se han preocupado en explicar en las notas periodísticas previas al estreno de que no se trata de una obra para mujeres, es imposible no decir que son (somos) las mujeres quienes más fácilmente van (vamos) a entrar en el juego de memoria emotiva que se propone.
Así las cosas, Ana Katz, Cecilia Roth, Mercedes Scápola y Jorgelina Aruzzi van mutando de personajes, de relaciones, de historias que suman a una trama nada convencional y sumamente atractiva. La única que no se reparte en distintos roles es Leonor Manso, quien interpreta a Ema, pero que sí echa mano a todas las mujeres que ella fue: "Tu abuela no siempre vistió de negro".
Entre todas replican emociones vividas por madres e hijas, entre amigas, hermanas, novias; con los hombres de la familia, con los que llegarían a serlo con el tiempo, con los que no. Cada ocasión es digna de un vestido especial, de un par de zapatos inolvidable, de una cartera imposible.
Una de las grandes virtudes que tiene esta pieza es que difícilmente el espectador pueda distinguir en qué momento está llorando de risa o las lágrimas se instalaron en un rincón doloroso del memoria. Es imposible quedarse afuera, ajeno, lejano a lo que le pasa a estas mujeres, a sus añoranzas, porque en distintos puntos pueden ser las de cualquiera que esté de este lado del escenario.
No es sólo por lo que cuentan, sino por el modo en que lo hacen: uno cercano, reconocible, tan fácilmente identificable. Y ahí se empieza a notar el trabajo de estas cinco actrices a las que Morán -en el rol de directora- supo aprovechar al máximo, con delicadeza. Así, por ejemplo, las mujeres que interpreta Aruzzi son las que tienen un imperdible y bienvenido peso humorístico. Es una maravilla lo que consigue esta intérprete con una mirada, con una inflexión en la voz. Todas están bien. Cada una tiene su gran momento y en eso colabora no sólo el talento personal sino la idea de puesta en que cada una en su banqueta entra en el juego escénico cuando un sutil trabajo de iluminación le da pie. Roth deja ver un costado poco frecuente en sus trabajos, Manso es una experta y sensible capitana de tormentas, mientras que Katz y Scápola sorprenden con la paleta de matices a las que recurren.
Amor, dolor y qué me pongo es cercana y amorosamente reconocible en esos lugares que a las mujeres nos hace bien recordar.


