
Rituales de vida de cuatro mujeres
1 minuto de lectura'
Petit Hotel Chernobyl, de Andrés Binetti. Intérpretes: Natalia Cappa, Lucila Eliascher, Clarisa Korovsky, Jorgelina Uslenghi, Paula Fernández. Diseño de luces y operación: Julián Bokser. Música original: Guillermina Etkin, Marcos Zoppi. Escenografía y vestuario: Liza Greco. Asistencia de dirección: Juan Noodt. Dirección: Paula Andrea López, Andrés Binetti. En el Teatro del Pueblo.
Nuestra opinión: muy bueno
En una pequeña habitación, cuatro mujeres jóvenes desarrollan sus vidas en un clima de fuerte austeridad. Cada una cumple unos rituales cotidianos que parecen expresarlas. Una cuenta anécdotas de su experiencia como docente en relación con sus alumnos; otra, siempre acostada, expresa una angustia singular y demuestra estar poco interesada en los acontecimientos de la vida; la tercera entrena a una cuarta, que es una pobre jugadora de tenis. Entre ellas hay poco afecto. Parecerían estar allí por voluntad propia, pero, además, sin un sentido que les ayude a definirse con fuerza.
La entrenadora toma siempre la voz del grupo. Se impone ante las peleas, pero esa fuerza que expresa de a ratos tampoco le sirve a la hora de las definiciones. Sobre todo cuando ciertas mentiras comienzan a clarificar las verdaderas personalidades de esas mujeres. ¿Quiénes son en verdad? ¿Por qué están en ese lugar? ¿Desde cuándo están allí y hasta cuándo permanecerán en ese estado?
Entre los espectadores las preguntas que aparecerán pueden ser muchas, pero eso sucederá al final. Mientras la acción se desarrolla, cada persona del público sólo podrá reparar en esas calidades de personajes femeninos que están puestas en juego en el espacio escénico.
Obra de actrices
El dramaturgo Binetti vuelve a construir un drama muy vital a partir de un juego que ya desarrolló en un trabajo anterior, Llanto de perro . Como en aquel espectáculo, va construyendo su dramaturgia a la par de los intérpretes, y parecieran ser ellos los que encuentran la intriga perfecta para desarrollar, más allá de que cada una de las actrices aquí descubre hasta los mínimos gestos con que moldear los perfiles de sus personajes.
Binetti demuestra que conoce muy bien a los actores y también a los personajes marginales que dominan su teatro. Y, en este sentido, sabe hasta dónde hacerlos crecer, cuándo enfrentarlos entre sí, en qué registro dramático y, sobre todo, con la intención de provocar una fuerte sorpresa entre los espectadores. Sus dramas, aun cuando la representación termina, se niegan a finalizar. Es como si sólo mostrara una porción de la historia que ha elegido contar. Los actores podrían seguir representando porque es como si el juego que han armado fuera una porción de sus vidas en la realidad.
Las intérpretes de Petit Hotel Chernobyl componen con mucha riqueza a esas mujeres inquietantes, todo el tiempo en fricción con sus propios deseos y con el de las otras compañeras de habitación. Cuál es verdaderamente su mundo, nunca lograremos saberlo con exactitud. Pero algo está muy bien planteado. En un mundo de ganadores hay ciertos perdedores que se juntan para poder sostenerse; sus mentiras, sus ganas y hasta sus angustias pueden encontrar un espacio para continuar definiéndolos.





