
Silvia Pérez retoma, en el teatro, su carrera de actriz
Regresa con un proyecto de autogestión, junto a su hija
1 minuto de lectura'

En la década del 80, Silvia Pérez fue mucho más que un símbolo sexual. Era una de las mujeres más lindas de la televisión. "Los hijos de López", "Los hermanos Torterolo" y "No toca botón", fueron sólo algunos de los programas televisivos que la hicieron ocupar cientos de tapas de revistas. Cuando murió Alberto Olmedo, con quien trabajó durante varios años, su carrera artística se fue apagando. Se ocupó de viajar como misionera de Sai Baba, abrió varios gimnasios y ahora, de a poco, está regresando a la actuación. Mientras filmaba "Cara de queso", la ópera prima de Ariel Winograd, hizo un capítulo de "Un cortado" (Canal 7), y encara su propia producción teatral independiente: "El último pasaje", la primera pieza de Marisé Monteiro, que fue estrenada, hace muchos años, por Ana María Picchio y Perla Santalla. Esta vez, dirigida por Rubén Pires, estará protagonizada por Silvia Pérez, su hija Julieta Bal y Alejandro Hodara. Se estrenará el próximo sábado, en el Foro Gandhi.
La obra aborda el encuentro de una mujer madura y casada, de muy buena posición económica, con una joven fotógrafa, cuyo objetivo primordial en su vida es el éxito profesional.
Iba a estrenarse este verano, pero el productor desapareció a último momento, y el proyecto se frustró. Finalmente, Silvia Pérez y Hodara decidieron encarar ellos mismos la producción en forma independiente. "Tenía previsto invertir una platita. Pero también me fui encontrando con que conseguí auspiciantes. Seguramente va a ser un proyecto imperfecto porque es el primero. Pero somos un grupo integrado y tiramos para el mismo lado", explica la actriz.
-¿Qué te motivó a volver?
-Verdaderamente éste es un paso que estoy dando para abrirme camino en el medio. Sé que no es un gran negocio, pero no busco eso. Indago todo el tiempo en mí y me di cuenta de que quiero trabajar como actriz. Es una satisfacción.
-¿Cuál fue el "clic"?
-Me hizo dar cuenta Carlos Gandolfo, mi maestro. Me hizo aceptar que soy actriz. Renegaba un poco de eso por circunstancias externas, pero él fue determinante. Me emociona recordarlo porque más allá de haber sido mi maestro de actuación, me determinó en la vida. Era un sabio.
-¿Te sentiste fuera de juego?
-Sí. Pero no culpo a nadie. Fueron las circunstancias y lo que dejé que me pasara con el afuera.
-¿Cuáles fueron esas circunstancias?
-La muerte del Negro [Olmedo] determinó algo específico. Tenía un estado de ánimo que no me permitía seguir, y el afuera me decía eso de "las chicas Olmedo" y tantas otras cosas... No pude hacer mucho con eso, sólo irme a la India y dejar que aparezca Sai Baba. Empecé a transitar un camino espiritual y me fui al otro extremo. Además, tenía una baja autoestima. Por eso me perdí. Y me tomó un tiempo darme cuenta.
-¿Cuándo encontraste el eje?
-Fue de a poco. Hice terapia gestáltica, que habla mucho del aquí y ahora, y tiene que ver con la actuación. Desde hace un par de años, empecé a preguntarme qué podía hacer con mi vida. Eso me hizo pensar cada vez más en mí. Fue la causa por la que hice mucho servicio, tuve gimnasios y escribí libros. Ahora está bueno poder parar y hacer teatro.
-¿Por qué creés que el medio dejó de llamarte?
-No lo sé con certeza. Puedo tener algunas teorías. Es muy fácil encasillar. Pasé de ser la chica Olmedo, a la chica Sai Baba y, luego, la de la gimnasia. A partir de eso, empiezan las suposiciones. Si viajo a la India, se supone que estoy loca y espiritual. Y yo tampoco sabía muy bien dónde estaba como para defender una postura. Eso hizo suponer que no quería trabajar más. Me lo han dicho. Bueno, además, influyó una cuestión lógica: el paso del tiempo. Tengo 50 años. Eso hace que me pueda ubicar mejor en el teatro, que es el rincón del actor.
-¿En el caso de que no te lluevan los contratos, te vas a quedar cómoda en el teatro alternativo?
-Es que no sé. Espero ansiosa el día del ensayo, pero la producción es una vorágine. Y te voy a decir que me gustó. También quiero ver cómo es esto de producir. No tengo una expectativa como para decirte algo concreto.
-Trabajar con tu hija debe ser también algo movilizador...
-Es especial y lógico porque viví toda mi vida para ella. No me parece ilógico que casi sin pensar hayamos decidido hacer esto. Tratamos de separar nuestro vínculo en el trabajo. Y esta obra nos sirvió mucho en nuestra relación. Tenemos una relación de apego infernal, pero hace dos años y medio que vive sola, y ése fue el primer puntapié como para que cambie un poco nuestra relación. Además, es especial para ella porque es su debut.
-¿Les tenés miedo a los prejuicios?
-Por suerte, no aparecieron todavía, y los medios me apoyaron. Mientras uno tenga una inquietud y la pueda poner en juego, vale. Así como buscar el trabajo, sin que importen la fama ni el circuito comercial. Hacer una nota ahora no me significa lo mismo que en los años de la tele, cuando tenía que estar siempre muy linda. Venía un periodista y era un gran trabajo de producción. Ahora me doy cuenta de cuánto más relajada puedo vivir.
1
2La enfermedad que, según un nuevo documental, destruyó las relaciones, la carrera y la vida de Marilyn Monroe
- 3
Mariano Cohn, Gastón Duprat y el día después de los silbidos en los Premios Sur: “No somos aplaudidores del poder”
4Wim Wenders retira su film de 1975 tras décadas de quejas de Nastassja Kinski por salir desnuda a los 13 años


