Una exitosa y solidaria metáfora de resurrección

Criolani, González y Ferrerira, encuentro en un avión
Criolani, González y Ferrerira, encuentro en un avión
La patada del camello va por su segunda temporada a sala llena y representa el encuentro entre dos mujeres muy distintas
Leandro Gil
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25 de mayo de 2019  

El arte nos describe y a la vez nos interpela, nos permite desarrollar procesos de evolución y en simultáneo descubrirnos en el acto de la creación. Un claro ejemplo de esa magia radica en La patada del camello, creada en conjunto por Sofía González y Sandra Criolani que promedia su segunda temporada, y se puede ver los sábados, a las 21, en El Método Kairós (El Salvador 4530). En la misma, las autoras y actrices nos acompañan en la travesía de preguntarnos cómo afrontar la turbulencia que implica hacernos cargo de nuestra existencia, qué hacer frente al sacudón de una noticia -buena o mala-, y hasta cuándo esperar antes de accionar para que todo suceda.

"Quedarse y repetir, como romper todo y escapar, son maneras de no hacernos cargo de los conflictos de nuestras vidas -afirma Sofía González- para integrar nuestra persona y trabajar sobre aquello que nos está cortando la libertad, necesitamos hacernos cargo de quiénes somos y lo que está pasando. Y claro que salir de la zona de confort nos preocupa y nos angustia, tenemos que entregar el control y eso da miedo. Pero creo que el arte está precisamente para darnos alas, para volar más allá y así elaborar nuestra vida y nuestros conflictos. Eso es para mí la magia del arte, y en mi caso el proceso de construcción de la obra vino desde ahí y es algo que me transforma cada día".

En esa línea, Sandra Criolani sostiene: "Con Sofía nos hicimos cargo de que, como actrices y como seres humanos, tenemos mucho para decir y quizá no encontrábamos por fuera el espacio para hacerlo, entonces decidimos generarlo nosotras. Creo que es muy importante hacerse responsable de que el poder de la creación está en nosotros, y no hay que quedarse esperando propuestas externas, sino descubrirse a uno mismo".

Sofía interpreta a Candela, una artista plástica que, al no poder hacer frente a una noticia inesperada, decide escapar hacia Egipto y en el vuelo de avión se encuentra con Sandra que encarna a Pilar, quien está viajando en busca de una nueva realidad. Durante el recorrido el vínculo entre ambas va in crescendo, a punto tal de fundirlas en el desenlace del relato en un abrazo vital, capaz de vulnerar hasta el fin el lagrimal de la platea entera. "Fue una sincronía natural muy interesante -asegura Criolani-, desde el caso particular complejizamos a los personajes y se fueron convirtiendo en arquetipos. Partiendo de esa premisa real, construimos la historia tomando lo que nos inspiraba de astrología para crear protagonistas en base a opuestos complementarios".

En esta sumatoria de las partes, es menester destacar la participación de Federico Ferreyra como el comisario de a bordo que con sus apariciones aporta diálogos claves para comprender el verdadero eje narrativo de la historia. A su vez, Sebastián Lerena es el encargado de tocar la viola y el violín en vivo, y es el autor de todas las piezas musicales y sonidos de la obra, incluido el de despegue del avión.

"Nos basamos en un caso clínico de una terapia alternativa, y a partir de ahí voló nuestra imaginación. Con Sandra desarrollamos un sistema donde cada una escribía por separado y una vez por semana nos juntábamos a poner en común", contó González.

En el resultado confluyeron temas del interés de las autoras y algunos otros empapados del inconsciente colectivo; en el libreto se pone en debate el concepto de familia, la identidad sexual y el accionar sobre embarazos no deseados y la violencia de género, entre otras situaciones que atraviesan los vínculos humanos en sus diversos estadios. Las funciones a sala llena de La patada del camello no es una obra al azar del destino, es causalidad por intuición y acción de las personas que componen un elenco que -semana a semana- es capaz de transmutar la violencia de una patada en metáfora de resurrección.

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