
Una versión de Otelo, con humor y desparpajo
La puesta ambienta la tragedia en un gimnasio
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Otelo, campeón mundial de la derrota. Sobre la obra de William Shakespeare. Dirección: Alberto Ajaka. Intérpretes: María Villar, Mariela Verdinelli, Nicolás Miloc, Alberto Ajaka y Sebastián Vigo. Asistencia operativa: Tamara Montenegro. Asistencia de dirección: Magdalena Yomha. Sala Escalada, Remedios de Escalada de San Martín 332 (Villa Crespo); 4856-0277. Sábados, a las 22. Entrada: $ 15. Duración: 75 minutos.
Nuestra opinión: buena
Extrañamente, el mundo pugilístico que creó Alberto Ajaka para calzar en él la tragedia de Otelo cuadra con justeza. No desentona ni suena forzado escuchar los textos de Yago (casi tal como los escribió Shakespeare) en boca del entrenador de un Otelo boxeador que ha dejado de lado a ése, su hombre de confianza, para elegir como manager o representante al bienintencionado Casio. Desdémona, en esta versión barriobajera, canta como recién salida de un cabaret alemán, y se le cree.
En lo que sería la parte trasera de un gimnasio, en los vestuarios, donde se supone que los hombres están en confianza, relajados después de una batalla o dándose ánimos para la siguiente, transcurre esta historia que ha quedado recortada a los personajes esenciales, esos que ayudan a poner en escena la tragedia de estos dos enamorados en los que la pasión se presenta con las más variadas caras. Así, el Otelo que compone Alberto Ajaka es bravucón, violento, a la vez que apasionado, demostrativo, divertido y, sin duda, encantador. Pero también deja entrever un vericueto sinuoso en el que se vislumbra que todo el tiempo está a punto de perder el control. Ese límite fino que maneja este actor bien plantado en su papel hace que cause cierta tensión y que, aunque se pueda conocer el desenlace, cierto nervio domine la platea, que sin duda espera el estallido. Todos esos estados alterados están presentes en escena a través de la música, ciertos alocados bailes, aunque también están los de tipo más sensual.
El gran acierto de la versión que se está presentando en la Sala Escalada (aunque alejada del circuito teatral, el viaje bien merece la pena) está dado no sólo por el trabajo de su elenco, en el que sobresalen el propio Ajaka, María Villar (Desdémona) y Sebastián Vigo (Yago), sino fundamentalmente por el hecho de haber puesto el ojo, como quien no quiere la cosa, en el humor. De ninguna manera se traiciona el espíritu de la pieza. Está el amor, el orgullo, la traición, los celos, la venganza, la muerte, pero el equipo que dirige Ajaka logró dejar al descubierto ciertas situaciones en las que el desparpajo y el humor le ganan a la tragedia, que igualmente se consuma.
La ambientación, ayudada por un muy buen trabajo de iluminación, es fundamental en esta puesta y no sólo da marco a la historia, sino que dialoga con ella. La escena final, coreográficamente perfecta, es un fiel registro de eso.
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