Únicas, puertas al amor: reunión de talentos femeninos en un show sororo

Anita Martínez
Anita Martínez
Leni González
(0)
18 de enero de 2020  

Nuestra opinión: buena

Libro y dirección: Anita Martínez y Valeria Archimó / Elenco: Sandra Mihanovich, Valeria Archimó, Anita Martínez, Lourdes Sánchez, Cecilia Figaredo, Nacho Saraceni, Facundo Arrigoni, Pamela Garegnani, Facundo Machado, Nicolás Miranda y Vero Pérez / Vestuario: Leonardo Boggia / Coreografía: Valeria Archimó / Producción: Guillermo Marín / Sala: Broadway, Corrientes 1155 / Duración: 90 minutos.

Con imágenes de películas románticas comienza Únicas. Puertas al amor. En lo alto de un andamio, al costado del despojado escenario, la maestra de ceremonias Anita Martínez prologa el tema que convoca a un público, en un 90 por ciento, femenino: las idas y vueltas del amor de pareja.

La que sufre la muerte del amado (Cecilia Figaredo), la que termina en la cárcel por asesinar al marido polígamo (Valeria Archimó), la casada/separada en crisis crónica (Anita Martínez), la millennial que vive el poliamor sin fronteras (Lourdes Sánchez) y Susanita, soltera y dominada por su madre, que logra empoderarse y romper ataduras (Sandra Mihanovich): cada una narra la historia a través de su mejor arma: la ac tuación, el canto o la danza.

Las bailarinas Figaredo, Archimó y Sánchez protagonizan números de danza con poco texto, en especial Figaredo, con sólida formación clásica pero sin entrenamiento actoral. Muy precisas, son acompañadas por un ensamble con gran presencia en escena, sobre todo (imposible no verla) Vero Pérez. Por su parte, Martínez que tiene formación como bailarina (trabajó en el musical Cats y ganó el certamen "Bailando por un sueño", en 2014) es la pata comediante y humorista del quinteto. Es una capocómica nata, capaz de exprimir con gracia un monólogo revisteril que atrasa décadas (el "gordo" en la playa, etcétera) y reírse de sí misma hasta cuando baila: la escena del sillón es lo mejor de este music hall.

No hay músicos en escena sino pistas y canciones que pueden ir desde un bolero ("La mujer que al amor no se asoma" que abre y cierra el show) a ritmos pop, jazzeros y urbanos, además de los imbatibles hits de Sandra Mihanovich, luminosa en cada aparición. Su personaje, más desarrollado que los esbozos del resto, con ternura le cuenta al público los traumas del pasado. Aparece siempre con el mismo vestuario pero en distintos colores, a diferencia de las otras que sí alternan varios diseños.

Uno de los sketches musicales está dedicado a la violencia contra las mujeres. Ambientado en un prostíbulo en el que Mihanovich es la madama de bata roja y las demás, trabajadoras sexuales, termina con un "Vivas nos queremos" en la pantalla, bandera unánime pero sin ninguna lógica con el desarrollo del espectáculo.

Con escenografía mínima, a fuerza de destreza y talento personal, Únicas combina segmentos que parecen salidos del "Bailando por un sueño" además de monólogo de revista y de recital: abre las puertas a un muy buen equipo de individualidades en el que cada una juega a lo que sabe.

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