
A pedido del público, algo más que una frase hecha
Una frase que carece de sentido fuera del mundo televisivo es "a pedido del público". Cualquiera podría identificarla de inmediato como manifestación de una de las prácticas más usuales del medio. Desde el fondo de la historia se utiliza para justificar la repetición de algún momento televisivo exitoso o de gran repercusión pública.
Muchas veces se invocó esa frase para reiterar en pantalla situaciones impresentables. Tal vez por eso la frase quedó en desuso. Aludir al televidente era casi siempre una excusa desleal. Las reiteraciones se hacían por lo general a pedido... de los propios canales. No había manera de demostrar con fundamentos que el público quería de verdad volver a ver algo. Hasta ahora.
Después de una de las más abúlicas ceremonias de los últimos tiempos, la Academia del Cine española decidió convocar "un concurso abierto y público de proyectos, ideas y propuesta de producción" para la próxima entrega de los premios Goya, los más importantes del cine hispanohablante. La idea es "profesionalizar su realización".
Queda claro que el llamado compromete a los profesionales de la materia. Pero quien terminará agradeciendo el final de la etapa amateur es el público televidente, cansado de seguir ceremonias que no les interesan ni a los ganadores.
¿Qué espera la Argentina para seguir ese camino? Las entregas de premios (sobre todo, los televisivos) son entre nosotros un muestrario completo de abulia e improvisación. Un llamado como el que se anunció en Madrid sería una gran noticia, porque por fin podríamos pensar en reconocimientos televisivos guionados, producidos y presentados con sentido televisivo. Más cerca de lo que de verdad pide el público.





