Atrapada por la telenovela
Diana Alvarez dirige la tira en la que vuelven a ser protagonistas Araceli González y Gustavo Bermúdez
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A los 15 años, Diana Alvarez supo que quería ser directora. Entonces cada día, se escapaba del colegio, escondía su guardapolvo en la mochila, y se internaba detrás de las cámaras, a aprender. En ese momento, era asistente del asistente del asistente.
Pero a fuerza de insistencia y mucho estudio, hizo su propio camino. Fue locutora y actriz, debutó como asistente de dirección con Narciso Ibáñez Menta, creció con Alberto Migré, y terminó de madurar sola.
Mientras tanto, gracias a ella, la pantalla chica conoció, entre otros, a "Un extraño en nuestras vidas", a "El Rafa", y sobre todo, a "Nosotros y los miedos", aquel unitario que quedó junto a su nombre en el recuerdo de todos, aun cuando los directores televisivos rara vez se convierten en nombres que todos conozcan.
Sus dos últimos trabajos fueron "Alén, luz de luna" y "Hombre de mar", allá por 1997. Y ahora, después de una larga pausa, la directora vuelve a la TV. Mañana mismo, a las 19, estará nuevamente detrás de las cámaras; esta vez dirigiendo "Mil millones", una telenovela que volverá a reunir a Araceli González y Gustavo Bermúdez, en la pantalla de Canal 13.
Son las 11 de la mañana y hace mucho frío en Buenos Aires. Diana Alvarez llega a los estudios Central Park, de Raúl Lecouna, el productor de esta tira, cargada con los guiones que escriben Gustavo Barrios y Diana Segovia. Tiene muy poco tiempo, antes de sumergirse detrás de las cámaras, para darle forma a esta historia. Pero se toma su tiempo. Pide un café, saluda a los actores que van llegando hasta este lugar de Martínez, y, mientras tanto, repasa el extenso capítulo de la historia de la TV argentina, que conoce bien. A estas alturas, claro, ya no se esconde de nadie para hacer lo que más le gusta.
-¿Qué te seduce de cada proyecto que encaraste en tu carrera?
-Son varias cosas. Una cosa es elegir un proyecto y otra es que te llamen. En este caso, me llamaron. Y, o te sumergís, o no. Yo soy muy fanática de la telenovela, amo el género, porque creo que es popular, que nos ha abierto muchas puertas, y ojalá que nos siga abriendo puertas. Entonces, me sumerjo ante la posibilidad del hacer. Primero, cuando tengo por primera vez el proyecto entre manos, le encuentro todas las vueltas, hasta que un día digo basta y entonces ya estoy, ya me metí y soy una más.
-¿Hasta qué punto?
-Es terapia intensiva. Cuando te metés en un proyecto se terminó todo lo demás. Nosotros grabamos de lunes a viernes, y los fines de semana yo estudio. Yo siempre decía algo medio en joda que ya no se puede decir. Pero antes, cuando se podía hablar de plata, preguntaba: "¿Cuánto me vas a pagar?" Y cuando me lo decían, yo les retrucaba: "Bueno, poneme un poquito más: es para terapia intensiva". Y es verdad, cada vez que termino una telenovela termino mal. Termino realmente como para internarme. Me pasó siempre. Tengo una entrega total. Y tengo un ejemplo que viví justamente con Gustavo Bermúdez, en "Alén, luz de luna", que se hizo en San Martín de los Andes. Cuando terminamos hice "Hombre de mar", en Mar del Plata. Fueron dos telenovelas en exteriores, algo que no se ha vuelto a hacer en la televisión argentina. Y son imposibles. Inmediatamente después me llamaron para dirigir "Los fiscales" y tuve que decir "No puedo", porque realmente no daba más.
Una buena fama
-Entre los actores tenés fama de cuidar mucho el trabajo que hacen, de estar muy pendiente de ellos...
-Gracias a Dios tengo esa fama. Y yo digo que eso tiene que ver con que a mí lo que más me gusta son los actores. Yo trabajo porque hay actores. No hago noticieros, de fútbol no entiendo nada... O sea que si no existen los actores yo no vivo. Y además ellos son los que dan la cara. Dependemos pura y exclusivamente de ellos. Y es una cosa tan loca la telenovela. El hecho de grabar un capítulo por día, con treinta y pico de escenas, es enfermo. Sonido, iluminación, ambiente... En realidad, nunca hay un momento para el actor. Si ese tipo no está contenido... el que da la cara después es él, no es el iluminador, ni yo, ni el asistente. Nosotros, en la Argentina, tenemos un sistema de grabación que no existe en el mundo.
-¿En qué momento te diste cuenta de que te gustaba la telenovela?
-En realidad, me gusta mucho la telenovela. Pero como directora me gustaría trabajar en unitarios y hacer miniseries. Mentiría si dijera que lo que quiero hacer pura y exclusivamente es telenovelas. Hace muchos años, en el 85, la telenovela empezó a atraparme, con un proyecto que hice para Canal 13. Y después con "La extraña dama". Cuando te das cuenta de que en el mundo pega, de que la pasan más de una vez... Y además, una de las cosas que más me atrapan de la telenovela es la responsabilidad que te da. El canal tiene cinco horas semanales que dependen de tu rating. Es mucho. Una telenovela puede bajar o subir el rating general de un canal. Te da mucha responsabilidad, aunque uno quiera mantenerse al margen.
-¿Vos te mantenés al margen del rating?
-Particularmente no creo en el rating, ni aún cuando los tengo buenos. Creo que son cosas muy manejadas y que además dependen de la suerte, el horario, la competencia, la pareja de turno. Yo nunca creí que "La extraña dama" fuera buena, ni lo creo hoy, y sin embargo fue un éxito muy grande. Yo apostaba mucho más a "El oro y el barro" como novela, y sin embargo aquí no funcionó tan bien como en Europa. Por eso no creo en el rating.
Un hallazgo argentino
-Tu nombre quedó irremediablemente ligado a "Nosotros y los miedos", ¿eso te gusta o te pesa?
-Es raro. Yo no sé si me recuerdan a mí o el fenómeno "Nosotros y los miedos", porque fue un hallazgo de un momento muy especial de la República Argentina. El elenco y los autores eran excelentes, pero muchas cosas fueron azar. Yo no hubiera podido hacer ese programa si no sucedían las cosas que sucedieron. Todas cosas que no tuvieron que ver con el programa. "Nosotros y los miedos" no fue comprado por lindo, ni por bueno. Fue comprado porque no había programación en el canal. Son todas cosas que están fuera de uno. Después, claro, en el programa pusimos todo y tuvimos una lucha fuertísima con los militares y con el canal. Y lo hicimos por la prensa. Si la prensa no lo hubiera apoyado desde el principio no habríamos podido continuar. Pero hoy por hoy me pesa no poder hacer temas importantes, y con esto no quiero decir sesudos; me pesa la poca profundidad que hay en la televisión, en la cultura, en la salud, en el país. Me pesa que no se hayan podido hacer más programas de ese estilo, pero me pesa como argentina, no como Diana Alvarez. Me pesan los programas mediocres.
-¿Hay algo que te guste de la TV de hoy?
-¿Tengo que decir la verdad? Veo muy poca televisión. Veo todos los programas cuando aparecen. Los programas que hace Pol-ka, como "Son amores", me gustan mucho. Me parece que tienen el timing de la cosa popular. Es un poco volver a esos viejos programas de la televisión para el hombre, la mujer. Yo recuerdo alguno que hice yo, como "El Rafa" o "El mundo en veinte asientos", y me parece que vuelve a lo que el público quiere, y eso está muy bien. Además, los productos de Pol-ka siempre están muy bien hechos, con muy buenos actores. Y eso me parece muy bueno. Lo que falta en la TV es la profundidad, un qué es lo que nos pasa de verdad.
-¿Te costó estar fuera de la pantalla todo este tiempo?
-Me costó económicamente, pero en lo demás, no. Yo siempre estoy proyectando. Pero me parece que no es casual que gente como Alejandro Doria, o Nicolás del Boca, o que yo misma haya estado sin trabajar este tiempo. Ninguno de nosotros estamos viejos, no de la cabeza al menos. En algún momento puede ser que era porque cobrábamos mucho, pero a esta altura ya me saqué esa fantasía de que no me llamaban por eso. Lo que pasa es que la televisión cambió.
-¿Extrañás la vieja televisión?
-Lo que me pasa es que ahora me cuesta encontrar lo bueno de nuestra TV. Evidentemente algo me falta: la temática que a mí me interesa más. Esto me pasa, no hay lo que a mí me gustaría ver. Lo voy a decir así: yo tomo café con quien me interesa, humana, intelectualmente, o por piel. Tomar café para perder la hora no me interesa. Esto me pasa con la TV. Es mi gusto. Yo no quiero pontificar por estar en la tele o decir que por eso sé más que otros. Yo no sé. Pero me parece que la gente, al otro día, tiene que charlar de lo que pasó en la tele. Y es necesario hablar de algo que no sea el corralito o la plata. Eso lo tenía "Vulnerables" o "Culpables". Eso extraño de la tele: que ya no deje temas de discusión. Yo sé que es muy subjetivo hablar de la televisión. Es como hablar de la comida. A mí no me da asco, hay platos que no me gustan. Bueno, con la televisión, en este momento, diría que no estoy comiendo mucha TV.
Una carrera
15 años
Llegó a la TV con 15 años, gracias a la madre de una compañera del colegio que conocía a alguien en un canal. Trabajó como actriz; estudió y se recibió de locutora.
1960
Debutó como asistente de dirección en “Obras maestras del terror”, protagonizado, escrito y dirigido por Narciso Ibáñez Menta.
1972
Con Migré, se ocupó de la puesta en escena de “Un extraño en nuestras vidas”. En esa misma época produjo el éxito “Rolando Rivas, taxista”, también de Migré. “Con Migré inventamos eso de poner a una figura famosa en el taxi todas las semanas. Yo era amiga de Nélida Lobato, pero ella no quería saber nada con participar de un capítulo. Los afiches que anunciaban su regreso al país estaban en la calle y faltó que me arrodillara para que aceptara ser pasajera, y aceptó”, contó la directora en el libro “Estamos en el aire”, de Carlos Ulanovsky, Silvia Itkin y Pablo Sirven.
1976
En Canal 9, dirigió “Lo mejor de nuestras vidas, nuestros hijos”, con Susana Campos.
1980
Con la llegada del color a la TV, a Diana Alvarez le toca dirigir un éxito de la temporada: “El Rafa”, telenovela de Abel Santacruz y Jorge Bellizi, con Alicia Bruzzo, Carlos Calvo y Alberto de Mendoza.
1982
Dirigió “Nosotros y los miedos”, escrito por Juan Carlos Cernadas Lamadrid, Esteban Peláez, Jorge Maestro, Sergio Vainman, Osvaldo Dragún, Aída Bortnik, Jorge Hayes y Olga Pinasco.
1984
Hizo la miniserie “Al sur”, con Cristina Murta y Ricardo Darín, en San Martín de los Andes.
1989
Dirigió “La extraña dama”, con Luisa Kuliok, que se vio en varios países de Europa.
1992
Dirigió “El oro y el barro”, una producción de Reytrel para la cadena española Antena 3. Con Darío Grandinetti, Miguel Angel Solá y Marú Valdivieso.
1996
Dirigió “Alén, luz de luna”, en San Martín de los Andes, con Gustavo Bermúdez.
1997
Dirigió “Hombre de mar”, en Mar del Plata, con Gustavo Bermúdez.






