
Boss: el lado oculto de la política
Esta serie, que estrena el jueves TNT, inicia una nueva temporada de ficciones que hablan del poder
1 minuto de lectura'
Policías, médicos, abogados, amas de casa desesperadas y hasta estudiantes de secundario con delirios de estrellas del musical. Hay pocos grupos etarios y ocupacionales que las series de TV no hayan puesto en el centro de sus historias. Incluidos los políticos, que parecen ser terreno fértil tanto para el drama como la comedia. Y tal vez por eso en los próximos meses serán los protagonistas de las ficciones más interesantes en ambos géneros. Para encabezar la lista, como punta de lanza de un fenómeno tan cíclico como la TV misma, aparece Boss , la serie que TNT estrena este jueves, a las 22.
Lejos del idealismo de The West Wing y la liviandad de Spin City, por citar un par de ficciones que desde muy diferentes puntos de vista observaron con éxito la política desde adentro, este ciclo dramático gira en torno a Tom Kane, el alcalde de Chicago, que interpreta Kelsey Grammer. Conocido por su talento para la comedia, especialmente interpretando al doctor Frasier Crane, el personaje que hizo durante veinte años primero en la legendaria Cheers y luego en su propia serie, Frasier , Grammer se luce como un poderoso estadista, carismático, elocuente e inescrupuloso que debe enfrentar la peor de las traiciones: la de su propio cuerpo. Es que la historia del programa que produce Gus van Sant -también dirigió el muy interesante primer episodio de los ocho que forman la primera temporada- comienza con una noticia de salud devastadora para el aparentemente irrompible Kane. A pesar de todo su poder e influencia en una de las ciudades más importantes del mundo, el alcalde sufre de una enfermedad neurológica que irá dinamitando su capacidad intelectual y física rápida y progresivamente, una dolencia que en el extremo de su omnipotencia le ocultará a todo su entorno. Ese círculo, que incluye a sus dos cercanos colaboradores Kitty (Kathleen Robertson) y Stoney (un impecable Martin Donovan), y a su esposa, Meredith (Connie Nielsen), tan interesada en las mieles del poder como su marido, al que apenas tolera en privado.
De hecho, es en ese cruce entre la vida pública y la privada de las figuras políticas donde estas ficciones adquieren su fuerza, su interés y, depende de la habilidad de sus guionistas, el poder mantener interesados a los espectadores en uno y otro aspectos. Si el genial Aaron Sorkin lograba con sus guiones para The West Wing que hasta los más complejos y ásperos temas de geopolítica resultaran tan emocionantes como un melodrama romántico apenas insinuando datos sobre la vida privada de sus personajes, la nueva generación de programas políticos de ficción busca combinar un poco de los dos. Así, en The Good Wife , que mañana estrena su tercera temporada por Universal (ver aparte), tan importante como las intrigas electorales de Peter Florrick (Chris Noth) son sus escapadas extramatrimoniales y la reacción de su mujer, Alicia (Julianna Margulies), la buena esposa del título de la serie en inglés.
Como sucedía en El puntero , el unitario de Pol-ka que el año pasado se animó a hacer ficción de la compleja realidad de la política de base, en Boss, el relato recorre el trayectodel centro a la periferia del poder poniendo el foco en las violentas manipulaciones del primero y la obligada aceptación de la segunda. Y, como en la ficción local también en la serie que emitirá desde esta semana TNT, nunca se especifica a qué partido pertenece el gobierno en el poder. Tema ríspido en Hollywood, una comunidad formada eminentemente por demócratas, aunque, casualmente o no, Grammer sea una de sus excepciones. Un convencido republicano, el actor suele ser criticado por sus puntos de vista conservadores que pocos de sus colegas comparten, al menos públicamente.
Claro que más allá de lo que ocurra con la politizada industria del cine y la TV en este año de elecciones presidenciales en los Estados Unidos, la historia de Boss funciona por sí misma.
Allí está entonces el alcalde Kane, que ante la noticia de su declinante salud igual se hace el tiempo para humillar a un legislador latino que poco después le organiza un sentido homenaje. Como una bomba de tiempo a punto de estallar, el secreto de la salud del protagonista servirá para sumar a la mezcla de influencias y conflictos a Sam Miller, un periodista investigador que podría o no complicar las maquinaciones de los poderosos. Para interpretarlo los productores eligieron -con algo de la astucia de Kane-, a Troy Garity, hijo de la actriz y activista Jane Fonda y Tom Hayden, un reconocido activista demócrata, quienes en los 70 formaron una pareja política que demostró que el universo de Hollywood y el de la política tienen mucho en común.
1- 2
El regreso de Torrente: el personaje machista y homofóbico al que algunos ven “simpático” y que una porción del electorado votaría para presidente
3Quién se va de Gran Hermano este lunes 9 de marzo, según las encuestas
4Ricardo Montaner le tiró una toalla a Evangelina Anderson y ella enloqueció: el video del momento y la foto posterior


