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¿Qué es de la vida de...?

Carla Méndez: "Jugate Conmigo se terminó volviendo una carga en mi vida”

Tomás Balmaceda
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29 de noviembre de 2018  • 00:31

A comienzos de la década del 90 sorprendió como una de las primeras caras afrodescendientes de la televisión en Jugate Conmigo, el ciclo de Cris Morena para adolescentes que rompió el molde, y desde entonces está ligada a la pantalla chica aunque luego de mucho esfuerzo y de vencer varios prejuicios. Cómo es hoy la vida de Carla Méndez, quien pasó de llenar varios estadios de Obras y disfrazar a Romina Yan para que pueda escaparse para conocer la realidad sin ser reconocida ("Conmigo se tomó su primer colectivo y conoció la esquina de Cabildo y Juramento") a vestir a algunas de las caras más famosas de la pantalla actual.

Con 44 años y un largo currículum que incluye trabajos como asesora de imagen para televisión, cine, teatro y comerciales en el país y el exterior, hace más de una década que Méndez no tiene apariciones públicas. "No me gusta hablar de Jugate... porque fue una etapa muy bella en mi vida, pero que después se volvió una carga de la que me costó despegarme. Y cuando tengo que recordar a Romina Yan , que fue y sigue siendo mi amiga, no quisiera que nadie crea que le estoy sacando rédito a eso", le explicó a LA NACION.

La morocha -que pide que se la presente en la nota como "funebrera" porque para ella el Club Atlético Chacarita Juniors es su "segunda casa"- es hoy asesora de vestuario de elnueve y una de las productoras de moda más solicitadas del medio y quien descubrió en el pasado que haber sido parte de un éxito también puede ser una condena.

Carla Mendez llegó a Jugate conmingo de casualidad, después de cruzarse un día con Cris Morena en la calle
Carla Mendez llegó a Jugate conmingo de casualidad, después de cruzarse un día con Cris Morena en la calle Crédito: Santiago Cichero /AFV

-¿Cómo fue que llegaste a la televisión?

-Fue toda una gran coincidencia. A principios de la década del 90 mi hermana más chica participó de una campaña de fotos de las tiendas Harrolds en donde había "bebés de todos colores", por decirlo así, y cuando fui con mi mamá a la agencia por unos papeles, me preguntaron si sabía andar en patines porque tenían pensado una acción de prensa para promocionar los primeros rollers que llegaban al país. Y acepté porque me pareció divertido y eran unos mangos que podía llevar a mi casa, en donde eran muy necesarios.

La acción era andar en rollers por la calle y que la gente nos viera. Cuando entramos a un local de ropa, adentro estaban Silvia Pérez, Cris Morena y sus hijas. Yo sabía que eran famosas, pero no las ubicaba bien porque en mi casa no se veía mucha televisión. Cris se me acercó, me preguntó si me interesaba ser parte de un proyecto nuevo y terminé haciendo el casting para Jugate Conmigo.

-¡Es decir que fue totalmente accidental!

-Cris y Gustavo Yankelevich hicieron casi un año de casting, yo entré sobre el final. Tuvimos una prueba final, creo fue en el Teatro Astral, en donde teníamos que interactuar, cantar y bailar. Yo siempre fui muy tímida, pero a la vez era adolescente y todo ese mundo me atrapaba. Mis padres se enteraron bastante tarde de que estaba haciendo eso y cuando lo supieron no me pudieron parar. Lo más extraño fue en mi colegio: yo iba a un instituto doble turno en el que era la delegada estudiantil, con un perfil muy combativo, ideologizado. Cuando empezaron a salir las típicas tandas del canal en ese momento, las que tenían al locutor diciendo "Muy pronto en Telefe", me empezaron a preguntar si era yo y les respondía "que era otra negra", por vergüenza...

-Pero cuando salió al aire el programa explotó de inmediato, ¿no?

-Fue algo increíble. Si no lo recuerdo mal comenzamos a grabar un 1° de mayo y se empezó a ver una semana después. Como yo iba tantas horas al colegio y cuando salía tenía un auto que me esperaba y llevaba directo al canal a grabar, no tenía demasiada dimensión de lo que sucedía en la calle. Lo sufrían más mis viejos porque los vecinos les hablaban de mí, pero creo que todos los que hacíamos el programa tuvimos más conciencia cuando empezamos a hacer shows en el estadio de Obras porque ahí eran miles de chicos y muchos nos decían que venían del interior sólo para vernos, una locura total. A las pocas semanas ya comenzaron a llegarnos cartas y regalos. Eran tantas que nos las entregaban en bolsas de plástico enormes y me impactó ver que siempre me escribían "los raros": los que eran dark, los que eran muy fans de Michael Jackson , chicos y chicas que eran gays... supongo que yo representaba esa diversidad y el sentirse diferentes.

Con un lenguaje nuevo para la televisión de ese momento,

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-¿Cómo era el clima de trabajo en Jugate Conmigo?

-Nosotros éramos adolescentes jugando y aprendiendo las reglas del medio. A mí me costaba más que al resto porque yo soy muy tímida y tenía que manejar eso de alguna manera, pero así me hice muy amiga de Romina Yan porque ella era tímida como yo, creo que eso nos unió y nos hizo tan unidas.

-Hubo ciclos y grandes homenajes a Romina, pero nunca se te escuchó hablar de ella...

-Es que yo conozco el medio y no quiero que nadie piense que uso la amistad que tuve para sacar provecho. Ella era, y sigue siendo, un ser muy especial para mí. Era la hija de nuestros jefes, por así decirlo, pero jamás nos lo hizo sentir. Era talentosa, soñadora... nuestra amistad iba mucho más allá de Jugate... ¡Yo le presenté al marido y papá de sus hijos!

Cuando el programa explotó, teníamos que pensar estrategias para intentar mantener una vida más o menos normal. Romina se tomó el primer colectivo de su vida conmigo: nos disfrazamos las dos para que no nos reconozcan y nos fuimos a Alto Palermo a comprar ropa. Vos imaginate que teníamos 16 años y nuestro propio sueldo. Yo ayudaba con ese dinero a mis papás pero aún así me alcanzaba para comprar mis cosas.

Yo soy muy tímida y así me hice muy amiga de Romina Yan porque ella era tímida como yo. Creo que eso nos unió

-Es decir que tu vínculo con ella era de total complicidad.

-¡Absolutamente! Nos disfrazábamos para que no nos reconocieran y nos íbamos a Cabildo y Juramento, que Romina no conocía, a ver tarjeteros, que eran los que te daban entradas para los boliches de esa época y que nos parecían "potros"... ¡Pero que nosotros no podíamos ver porque vivíamos trabajando! Y cuando me iba a Uruguay a ver a mi familia en verano, Cris y Gustavo me ofrecían pagarme el pasaje para ir a Maldonado para pasar tiempo con Romina porque sabían que éramos grandes amigas y nos extrañábamos. Siempre les voy a estar agradecida a ellos porque me dieron la oportunidad de trabajar y ayudar a mi familia.

En el especial #ViveRo, Cris Morena recordó el primer gran éxito que hizo junto con su hija,

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-¿Y cómo viviste el final de esa etapa de Jugate Conmigo?

-El último año todas las chicas, creo que hasta Romina, nos fuimos de viaje de egresados con nuestros respectivos compañeros de colegio. Fue una locura, una demencia, pero nos devolvió a lo que éramos. Yo ya había decidido que no quería seguir trabajando delante de cámara, pero que me encantaba el medio y sobre todo expresarme mediante el vestuario y la moda. Nadie me tomaba en serio, enviaba currículums para ser vestuarista y me ofrecían el rol de notera. Empecé con la carrera de diseño de indumentaria en la UBA, pero necesitaba trabajar así que como nadie me contrataba volví a hacer cámara en Cablín y un programa de Telefe que se llamaba Infómanas. Me acuerdo que quise entrar como asesora de imagen y vestuario en Mar de Fondo, el programa de Alejandro Fantino , pero me terminaron tomando de notera. Fue mi último trabajo de ese estilo, pero años después regresé para hacerme cargo del vestuario de TyC Sports.

-¿Y cómo lograste que te tomaran en serio como vestuarista?

-Después de estudiar y de entender que mi pasado televisivo me jugaba en contra, me fui a vivir afuera tres años y por necesidad comencé a trabajar de modelo. Recorrí el mundo siguiendo las temporadas y las capitales de la moda y, como suele pasar, una vez que vieron que me fue bien afuera fue más sencillo regresar. Mi primer trabajo como vestuarista y asesora de imagen fue gracias a Susana Pérez Amigo, a quien había conocido en Jugate..., y que siguió trabajando con Cris y Gustavo. Me convocó para la película de Bandana y así empecé a trabajar con ellas en su última etapa. De ahí salté al segundo Popstars y todo lo que pasó con Mambrú, luego a reality shows como Escalera a la fama, en donde había cinco grupos que vestir y no paré. Trabajé en todos los canales y para muchísimas productoras del exterior en proyectos gigantes como Latin American Idol. Es mi orgullo decir que hoy hago lo que me gusta.

"Después de estudiar y de entender que mi pasado televisivo me jugaba en contra, me fui a vivir afuera tres años y por necesidad comencé a trabajar de modelo"
"Después de estudiar y de entender que mi pasado televisivo me jugaba en contra, me fui a vivir afuera tres años y por necesidad comencé a trabajar de modelo" Crédito: Santiago Cichero /AFV

-A veces el rol de vestuarista está muy escondido y no parece tener un lugar preponderante, ¿coincidís con eso? ¿Es algo que te gustaría que cambie?

-Es que la vestuarista tiene que desaparecer porque no debe estar al frente de nada sino al servicio de lo que se quiere contar. A mí no me interesa vestir a famosos por figurar o por hacer crecer mi ego, yo quiero entender a quién me toca vestir. Por ejemplo, este año trabajé con Amalia Granata, quien tiene ideas que no comparto, pero yo tenía que ayudarla a transmitir lo que ella es. Entonces, por ejemplo, me cuidaba de que si se tocaban determinados temas en el programa no apareciera con prendas verdes o entendía si quería llevar un pañuelo azul.

-Siendo afrodescendiente en la Argentina, ¿viviste alguna vez discriminación o una situación incómoda?

-Jamás. Mis papás vinieron de Uruguay sin un peso para ganarse la vida y desde chica me explicaron cómo nosotros éramos distintos al resto, de una forma tan natural y amorosa que jamás sentí rechazo porque sabía qué esperar y cómo me iban a mirar. Pero también crecí entendiendo el orgullo de pertenecer a una cultura única y mega poderosa. Nos íbamos en enero a Uruguay y ahí conocía la música, las costumbres, recargaba las energías al estar entre mis afectos y mi familia. Siempre me tiró el blues, el jazz.... Si tiene "energía negra" me va a gustar.

-¿Y cómo le transmitís eso a tu hijo, Tyson?

-¡Los tiempos son muy distintos! Vos pensá que los únicos negros que yo conocí de chica eran mi familia, a Michael Jackson por sus videoclips y a Tina Turner, pero sólo porque había un vinilo en casa, que tenía sólo dos fotos. Tyson, en cambio, tiene otra cabeza, yo aprendo de él. Es una mezcla divina entre los rulos del papá, mis labios... ¡Y cuando toma sol toma un color divino!

-¿Sabe de tu pasado por Jugate...?

-¿Sabés que es muy gracioso? Tiene once años y hace unos meses volvió del colegio preguntándome si yo era famosa porque le contaron que las mamás de otro curso hablaban de eso. Yo le expliqué que no, pero por primera vez busqué en YouTube videos de Jugate... para mostrarle. ¡Se murió de vergüenza! No podía creer que su mamá se vestía y bailaba así... Él es fanático del trap, como te dije, tiene otra cabeza.

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