
Carla Peterson, la villana convertida en heroína
¿Le quedará grande el papel protagónico a Carla Peterson? Este fue uno de los tantos interrogantes que sobrevoló a mediados de agosto el por entonces inminente lanzamiento de Lalola . ¿Iba a ser capaz la más talentosa villana aparecida en los últimos años en la pantalla chica de cargar ahora con el peso del personaje más importante de una tira?
Sin embargo, no estaba alrededor de su intérprete principal la única razón por la cual la llegada de Lalola al horario central de América era observada de antemano con bastante aprensión y no pocos recelos. En principio, porque su productora local -Underground, de Sebastián Ortega- trataba con esta producción de recuperar algo del considerable terreno perdido en 2006, luego de una tan ambiciosa como fallida incursión en Canal 9 con una triple apuesta diaria de ficción, simultánea y en continuado desde las 20.15 hasta las 23 ( Amo de casa , Gladiadores de Pompeya y El tiempo no para ), de la que sólo el último de estos títulos salió más o menos airoso.
El segundo factor condicionante tenía que ver con América, que sólo a través de la fugaz experiencia de Tumberos había logrado sacarse de encima el estigma de no hacer pie en el mundo de la ficción y resignarse a quedar fuera de este mundo. Antes y después, parecía que un destino inexorable dejaba afuera del mundo de la ficción a una emisora identificada con otra lógica televisiva, más ligada al análisis periodístico y al entretenimiento relacionado con la actualidad.
Pero Lalola contaba a su favor con un elemento clave: el respaldo de la poderosa Dori Media Contenidos, fundada por Yair Dori, nacido en Caballito y que desde Israel -país al que emigró muy joven- puso en marcha una enorme maquinaria empresarial en el mundo del entretenimiento que llega, producción y distribución de teleteatros mediante, a más de 40 países. Gracias en buena medida a los emprendimientos de Dori varias de las tiras argentinas más importantes o más vistas de los últimos años lograron una hasta allí inimaginable proyección internacional.
Algunas de ellas contaron en sus respectivos elencos con el aporte de Carla Peterson. Está lejos de ser un rostro nuevo en el medio -su primera aparición televisiva data de 1992, en Montaña rusa, ciclo al que llegó merced a un casting- y pasaron horas, meses y años de trabajos en modestos papeles de reparto hasta que llegó a un lugar tan privilegiado como exigente en materia de popularidad, convertida por partida doble en la mala de turno. Primero fue la casquivana y calculadora Brigitte, que a conciencia volvía loco a Mariano Martínez en Son amores ; después, le entregó personalidad y estilo a Constanza Insúa, competidora de la Monita (Natalia Oreiro) en la lucha por ganar el corazón de Martín Quesada (Facundo Arana) en Sos mi vida , que Canal 13 acaba de reponer de lunes a viernes, a las 18.
Pero la rubia tenía muy en claro lo que quería y lo que no quería hacer. Y al influjo de una formación que le debía muchísimo más al teatro -y en especial al director Miguel Guerberof, fallecido en mayo de este año- que a la pantalla chica, decidió fortalecerse en los escenarios y no apostar con la misma urgencia al siempre azaroso mundo televisivo. Con una presencia física ideal para la TV, Peterson prefirió los desafíos teatrales y encontró en textos de Shakespeare y Beckett, siempre de la mano de Guerberof, el reconocimiento de sus condiciones.
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Sin embargo, Brigitte y Constanza la estaban esperando para continuar el otro camino. Ese que dice que un buen villano puede ser más atractivo y magnético para el público que el mismísimo héroe y construir desde allí el éxito de un relato. En Sos mi vida , Son amores e historias de menor exposición como Frijolito , Peterson había dejado en claro que la repercusión de una tira podía descansar tranquilamente en las espaldas de la mala de turno.
Con semejantes antecedentes todo era cuestión de arriesgarse. Y Lola Padilla es el personaje de ficción más arriesgados del año entre todos los que aparecieron en las ficciones de la TV argentina.
Es cierto que el relato, sobre todo en sus primeros tramos, dependió demasiado de su referente original (el largometraje Una rubia caída del cielo , de Blake Edwards) y que muchas veces las secuencias quedan delineadas sólo en sus aspectos centrales para que sus intérpretes, a las apuradas y con bastante de repentización, cumplan con el trabajo de darles cauce y resolverlas. Pero el desafío de encarnar a un hombre dentro de un cuerpo de mujer (de Lalo a Lola) a partir del conjuro aplicado sobre su humanidad por una novia despechada, supera esas contingencias y se convierte en un auténtico desafío interpretativo que Peterson llevó adelante con altura y convicción.
Con su protagonista como baluarte, el apoyo de un elenco bastante sólido y la disposición de todos por aprovechar el costado más lúdico de la historia, Lalola logró el milagro de mantenerse firme en su competitivo horario, conservar la audiencia ganada al comienzo y sobrellevar incluso el conflicto que golpeó a las ficciones en el último tramo del año. A la hora de la revisión, queda claro que el papel protagónico hoy le entra a medida a Carla Peterson, la gran figura de 2007 en nuestra televisión.
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