Cincuenta agitados años de hacer TV
Los cumplió anteayer Canal 13: fue de Goar Mestre, lo estatizaron en los 70 y, como desde 1990 es del Grupo Clarín, ahora es hostigado por el Gobierno
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Cuando Goar Mestre se asomó por primera vez al predio de Lima 1261, su fabuloso imperio audiovisual en Cuba comenzaba a desmoronarse.
El dictador Fulgencio Batista ya lo tenía entre ceja y ceja, y pronto llegaría Fidel Castro, que, de un zarpazo, terminaría por confiscarle todo.
En ese terreno del barrio de Constitución quedaban apenas vestigios de las viejas glorias de los estudios EFA, y entre sus derruidos camarines convivían precariamente algunas personas con pollos y gallinas que aletearon nerviosamente ante la llegada de los imprevistos visitantes.
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En ese lugar se edificaría otro imperio: el que va del Telepibe al solcito, principio y actualidad de Canal 13, una historia de emociones, risas, noticias y momentos de tensión en pantalla y detrás de ella, que acaba de cumplir, el 1º de octubre, sus primeros cincuenta años de vida.
Gestado, en 1957, por un decreto de un presidente de facto (Aramburu), un mandatario democrático (Frondizi) le dio la solución a Mestre, en 1959, para que fuese dueño indirecto del canal, por medio de su esposa argentina y una productora cautiva (Proartel, que forjó con Time Life y CBS).
En 1971, los socios norteamericanos se fueron y entraron en su lugar los dueños de la editorial Atlántida (Constancio y Aníbal Vigil). Dos años después, un habitante provisional de la Casa Rosada (Lastiri), intervino parcialmente la emisora; la primera jefa de Estado mujer (Isabel Perón), en 1974, lo estatizó unilateralmente y el titular del Poder Ejecutivo que más años seguidos gobernó la Argentina (Menem), en 1989, lo reprivatizó y lo puso en manos del Grupo Clarín. Otro primer magistrado (Néstor Kirchner) le regaló en 2005 diez años más de licencia y, tal vez, una presidenta (Cristina Kirchner) anule la dádiva de su marido y le imponga otro dueño si la controvertida "desinversión" de la ley de medios finalmente avanza y Clarín se vea obligado a desprenderse involuntariamente de él.
El medio siglo de vida sorprende a Canal 13 en una paradójica coyuntura: atraviesa una situación política complicada, hostigados como están sus dueños por el Gobierno (que el año pasado le arrancó el fútbol, uno de sus fuertes de programación, y ahora también comienzan a movilizarse para objetar la licitación que ganó en tiempos de Menem); pero, por otro lado, celebra estar primero en audiencia, algo que le ha pasado infrecuentemente después de haber sido líder indiscutible durante la década del 60.
Aquellos fueron los años dorados, con perfil familiar, pero apuntando al ABC1, una pantalla blanca y sobria, con programas inolvidables como Viendo a Biondi (el más visto durante años), La familia Falcó n, La nena, Sábados circulares, Felipe, Casino Phillips, Doctor Cándido Pérez, El amor tiene cara de mujer, Rolando Rivas y muchísimos más, entre otros Telenoche , que perdura desde entonces.
Tras esos primeros 14 luminosos años sobrevino la etapa oscura de la emisora estatizada, que se dividió en tres etapas: la gestión peronista (entre otros, mandaron allí Omar Gómez Sánchez y Osvaldo Papaleo; fueron prohibidos Mirtha Legrand y Tato Bores, y casi todo el elenco de La noche de los grandes debió marchar al exilio por las amenazas de muerte de la Triple A); la administración militar (cuando la Marina se hizo cargo, el noticiero del mediodía que conducía Ramón Andino, padre de Guillermo, y Juan Carlos Pérez Loizeau se volvió lo más visto; fueron los tiempos en que la construcción de la autopista 25 de Mayo, en 1979, partió el canal al medio y, al año siguiente, un incendio lo devastó aún más) y la conducción radical (que, entre 1983 y 1989, con la Coordinadora a cargo de la señal, brindó programas como El espejo, Stress, El monitor argentino, Badía y C ía, Historias de un trepador, Desayuno y De carne somos ).
La etapa que se inicia en enero de 1990 (la más larga, tanto que cumple veinte años en esta temporada como el único canal que conserva los mismos titulares de la concesión otorgada) es la que pilota desde entonces el Grupo Clarín, aunque en dos tiempos bien diferenciados.
De 1990 a 2001, tuvo en Hugo Di Guglielmo a un sobrio, pero eficaz gerenciador. A diferencia de Telefé, que en los noventa no se fijaba en gastos, "Canal 13, en cambio, buscó el liderazgo, pero con la firme decisión de ser rentable", cuenta el mencionado ejecutivo en Vivir del aire (Grupo Editorial Norma, Buenos Aires, 2002). Se mantuvo casi siempre segundo, detrás de Telefé, pero con una mejor economía y una programación muy consistente, con ciclos tan convocantes como Zona de riesgo, Peor es nada, La banda del Golden Rocket, Poliladron, Sorpresa y media y Expedición Robinson .
Y luego, a partir de 2001, y hasta ahora, manda en el 13 una conducción tripartita constituida por Adrián Suar (como primus inter pares ), Pablo Codevilla y Coco Fernández.
Si Di Guglielmo había tercerizado buena parte de la programación del 13, la era Suar significará la absorción de Pol-ka como productora cautiva del canal, y una búsqueda más afanosa del primer lugar, aun con mayores costos, especialmente a partir de 2005, con el oneroso show de Diego Maradona ( La noche del 10 ) y el ingreso, al año siguiente, de Marcelo Tinelli y su ShowMatch , que determinó una mayor popularización de esa pantalla, en armónica convivencia con las ficciones de Pol-ka.
La asignatura largamente pendiente de calentar las gélidas franjas de la hora de la siesta y los fines de semana empezó a saldarse el año pasado y, particularmente, en la presente temporada, pero a costa de volverse más "tinellidependiente" (27 horas de programación ya están en manos de Ideas del Sur, la compañía de Tinelli, que también funciona desde 2006 como productora cautiva).
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Llamó la atención que tan importante aniversario pasara casi inadvertido en Canal 13. Es que sus principales ejecutivos marcharon hacia el Mipcom, la principal feria audiovisual del mundo, que por estas horas tiene lugar en Cannes, donde se venden y compran programas y formatos y se cierran importantes acuerdos.
Prometen, eso sí, hacia fin de mes, realizar una megafiesta en un hotel céntrico donde se distinguirá a figuras de todas las épocas que pasaron por su pantalla. Allí se dará a conocer un libro de 332 páginas, que sintetizará en fotos y relatos los hitos de su historia.
Ahora mismo le toca al 13 vivir una extraña época en que la TV abierta está atravesada por escándalos mediáticos de cuarta categoría; el cable se lleva a los televidentes con mayor poder adquisitivo y cultural; los sitios de Internet, con Youtube a la cabeza, vampirizan los contenidos televisivos y la TV digital, por ahora monopolizada por el Estado, se asoma para cuestionar aún más el ya desvencijado reinado de la TV por aire. La marea oficialista (con un Canal 7 furiosamente militante, un Canal 9 que funciona como pantalla paraestatal y un Telefé "neutral") ya golpea a sus puertas.
psirven@lanacion.com.ar
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