
Débil comienzo del ciclo de Juan Castro
"Kaos en la ciudad", sin perfil definido
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Ayer por la tarde, una serie de marchas sucesivas o simultáneas protagonizadas por trabajadores metalúrgicos y de la salud, taxistas, ahorristas, pequeños comerciantes y desocupados convirtieron al centro porteño en un aquelarre.
Pocas horas después, Juan Castro inició la emisión inaugural de su nuevo programa de TV con la promesa de "acorralar a lo largo de una hora el caos que se apoderó de la Argentina, sin escalas y sin anestesia".
Pero nada de lo que ocurrió en la víspera, lo más parecido en los hechos al título de esta nueva propuesta ("Kaos en la ciudad") apareció a lo largo de 60 minutos. Lo más aproximado a ese cuadro estuvo en las imágenes grabadas durante la "Plaza del sí", una semana atrás.
Más que como un reflejo de la realidad, el caos al que hace referencia el título quedó plasmado, al menos en la apertura vista anteanoche, en el contenido de un programa que no se decide a instalarse entre el periodismo de investigación, el documental de actualidad o un magazine que se mueve entre un perfil light y otro alternativo.
Como "Unidos o dominados, fugaz experiencia de hace un año y medio en América, aquí Castro coordina un equipo de trabajo (aunque se involucra en alguna de las preoducciones) y funciona como eje de un menú con múltiples secciones, a primera vista excesivas para el tiempo previsto de emisión.
Lo que dijimos en su momento a propósito de "Unidos o dominados" puede aplicarse sin inconvenientes a "Kaos...": por un lado, los informes (prolijos y bien editados) responden a la conocida y vertiginosa estética del videoclip y por momentos parecen carreras contra el reloj. Por otro, todo es tan rápido que es muy difícil hallar profundidad en diálogos entre Castro y sus compañeros que parecen calculadamente programados de antemano. Quedan así fuera de contexto, más cerca de la sentencia vacía que del punto de vista riguroso y fundamentado, las frases ideológicamente más comprometidas del conductor.
Más allá de las buenas intenciones, el programa inaugural dejó algunos datos que pintan un comienzo ciertamente errático. Veamos:
- Castro, en la calle, condujo un informe sobre cómo la crisis afecta a algunos oficios de la calle durante la noche. En vez de tomar distancia, pareció jugar en un momento a ser "cliente" de una trabajadora del sexo y desaprovechó por completo las posibilidades periodísticas que ofrecía el registro, en vivo, de la detención de aquélla por parte de la policía. Cuando en rigor la nota comenzaba, se resolvió darla por terminada allí.
- Una entrevista a Alfredo Casero fue presentada como "lo que el actor nunca dijo ante las cámaras". El resultado fue una charla breve, convencional e intrascendente con la insulsa Carla Chudnowsky.
- La decisión de hacer el "detrás de la escena" de un programa de TV como "Intrusos" chocó abiertamente con la toma de posición crítica (por ahora sólo declamativa) de "Kaos..." hacia la frivolización de la actualidad.
- Una sección que en apariencia pretendía mostrar la trastienda de los castings artísticos y que dejó como resultado, por lo visto en pantalla, una actitud burlona y hasta de mofa hacia quienes de buena fe se presentaron en la selección, apoyada por un par de muy desafortunados comentarios de Ronnie Arias.
Lo que anteanoche prometía el arranque de "Kaos en la ciudad" con su envase novedoso sólo apareció al término del programa, cuando un clásico sin sorpresas como "En síntesis" mostró con todas las letras y un realismo nada forzado la odisea de vivir en Buenos Aires y transitar cualquier jornada por sus agitadas calles.
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