
El abogado del diablo
Netflix estrenó Better Call Saul, el spin off de Breaking Bad que nos presenta al abogado de Walter White, mucho antes de que se convirtiera en el implacable Saul Goodman
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"Cuando las cosas se ponen difíciles no necesitás un abogado criminal, necesitás un criminal abogado, ¿entendés?", explica Jesse Pinkerman (Aaron Paul) a Walter White (Bryan Cranston) en "Better Call Saul", el capítulo de la segunda temporada de Breaking Bad que dio a conocer a Saul Goodman (Bob Odenkirk). Saul, sin embargo, no es exactamente un criminal. Con el género cambiado, el personaje juega con un cliché: en vez de ser la prostituta con el corazón de oro es un abogado de narcos que, al menos, tiene un corazón, aunque no esté claro de qué está hecho. Gracias a una capacidad dialéctica preternatural que le permite dar vuelta cualquier situación en su provecho y a un particular código ético –no mucho más complejo que el respeto por la confidencialidad con sus clientes, pero un código al fin– que no está dispuesto a quebrar, Saul se convirtió en uno de los personajes que más calaron entre los seguidores de Breaking Bad.
No es sorprendente, entonces, que tras brillar en cuatro de las cinco temporadas de la serie, el abogado reciba su propio programa, llamado Better Call Saul igual que el episodio que lo presentó al mundo. El domingo, el canal AMC estrenó en los Estados Unidos el primer capítulo, que ayer llegó a América latina a través de Netflix. Hoy se verá el segundo.
El programa rompe con la cronología de Breaking Bad. Comienza, tras el final de la serie matriz, con Saul trabajando en una cadena de comidas rápidas y añorando su antigua carrera. Acto seguido, somos transportados varios años al pasado, hasta 2002, cuando Saul aún se llamaba Jimmy McGill y no era el abogado del monarca de la metanfetamina de Nuevo Mexico sino apenas un defensor estatal sin demasiado éxito y a la espera del caso que lo sacara de pobre. La serie se propone mostrarnos ese cambio, del mismo modo en que Breaking Bad nos mostró la lenta mutación del profesor de química Walter White en el barón narco Heisenberg. "Vince Gilligan [el creador de la serie] es alguien que se fascina con las transformaciones", dijo Bob Odenkirk, en una entrevista a Rolling Stone. "Lo moviliza la curiosidad acerca de por qué las personas son como son y por qué cambian."
La idea de realizar un spin off (literalmente "derivado" y, en el caso de las series, una nueva serie que surge a partir de un vínculo argumental con una previa) con Saul Goodman surgió inmediatamente después de que se lo introdujera en la historia de BB. Según recuerda Gilligan, en el mismo set empezaron las bromas acerca de darle al personaje su propio programa. "Después de hacer el mismo chiste seis o siete veces, empezamos a tomarlo en serio", declaró a Time.
Al comienzo, el planteo de la serie fue hacer una comedia de media hora. Pero cuando Gilligan y Peter Gould (el guionista que creó el personaje) empezaron a escribir, decidieron cambiar de dirección y convertirla en un drama de una hora con una alta dosis de humor negro, en definitiva, la misma fórmula que había funcionado en la serie original.
Al menos por lo que se pudo ver en el primer episodio, el programa tiene un ritmo narrativo más acelerado que el de Breaking Bad, en la que cada escalón en el descenso de Walter hacia su vida criminal era contado con las idas y venidas y las dudas propias de un personaje complejo. Esta serie asume que ya sabemos quién es Saul y pisa el acelerador para mostrarnos con vuelo humorístico sus primeras desventuras. El episodio inicial tiene la estructura de una comedia de enredos: todo parece conspirar contra el protagonista y hasta una pequeña estafa se empantana y empeora a medida que avanza el relato, al punto de que promete terminar con una fosa en el desierto, un locus característico y apreciado de la serie original.
En el centro de todo está el carisma de Odenkirk, quien demuestra, avanzada su carrera, que es capaz de llevar un título adelante por sí solo. El actor debutó hace más de veinte años a la vez como cómico y guionista de comedia. Escribió para todas las instituciones del humor norteamericano, como Saturday Night Live, Conan O’Brien y Ben Stiller, y fue el creador y protagonista de un olvidado pero extraordinario programa de humor en sketches llamado Mr. Show. Al mismo tiempo, actuaba en cine y televisión con continuidad, pero sin ser una figura reconocible para el gran público. Eso cambió con Breaking Bad y lo hará aún más a partir de esta serie.
Los fans de Breaking Bad que necesiten más de un spin off para paliar el síndrome de abstinencia podrán buscar online el cómic (sólo en inglés) que se realizó a modo de anticipo de este estreno, llamado Better Call Saul: Client Development, que cuenta un caso de los "archivos" del abogado. Extrañamente, esa historia no tiene vínculos con este nuevo programa, sino que da una vuelta de tuerca a la historia que introdujo al personaje. Tal vez los creadores no quisieron revelar nada antes del estreno para potenciar las expectativas.
"Las razones para no hacer este show superaban con creces a las que teníamos para hacerlo", reflexiona Gilligan en la nota de Time. "Sabíamos que íbamos a recibir comparaciones negativas con respecto a la serie original y que se podía pensar que éramos unos mercenarios que hacíamos esta nueva serie exclusivamente por razones comerciales y no creativas. Pero lo cierto es que adoramos a este personaje. Es muy divertido poner palabras en la boca de Saul Goodman o, en este caso, de Jimmy McGill. El tiempo dirá si hacerlo fue una buena idea."
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