
El cruce de los Andes: San Martín, lejos del bronce
Rodrigo de la Serna encarna al Padre de la Patria en un unitario producido para el Bicentenario, en el que se lo ve más cercano y humanizado
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TAMBERIOS, San Juan.- Hace apenas unos minutos, Leandro Ipiña, el director, acaba de pedir, con mucha firmeza, silencio absoluto al casi medio millar de personas que rodean y observan la escena, entre los que estamos los periodistas invitados por Canal 7 y Encuentro para ver la filmación. Sólo el ruido a molienda que produce sobre el suelo pedregoso de la precordillera el movimiento de los cascos de algunos caballos, inquietos por la voz tronante que retumba al pie de las moles andinas, acompaña el discurso del general.
Rodrigo de la Serna, dotado de rasgos, ropaje y postura que lo asemejan a José de San Martín, arenga a las tropas que en la ficción enfrentarán en un rato (en el día siguiente en la realidad de la filmación) al ejército realista en la Batalla de Chacabuco. El actor desenvaina la espada y remata su exhorto con énfasis: "¡Seamos libres, lo demás no importa nada! ¡Viva la patria...! ¡Viva la patria...!". El mutismo pedido por el director no es roto por los extras, que permanecen firmes en sus puestos presentando armas. En los segundos posteriores, ese silencio parece que crece hasta alcanzar el tamaño de las montañas que observan lejanas en el fondo. "¡Con este ejército no vamos a ganar nada, carajo!", sentencia gracioso y riendo De la Serna, haciendo girar al alazán que monta (no el blanco que mitificaba la historia) dando la espalda a las cámaras. Una carcajada compacta rompe el sosiego de los que observan.
Son las 12.30 del mediodía en la zona de cerros cercanos a Tamberios, la localidad sanjuanina distante unos 250 kilómetros de la capital provincial, donde se montó el campamento desde el que se maneja la logística para la filmación de El cruce de los Andes , un unitario de 90 minutos que producen Canal 7, Encuentro, el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), la Televisión Española (TVE) y el gobierno de la provincia de San Juan para estrenar en el Bicentenario de la Revolución de Mayo. Allí trabaja, desde hace dos semanas, a partir de las cinco de la mañana cada día, un equipo técnico de más de 100 personas, formado por camarógrafos, asistentes, vestuaristas y maquilladores, que preparan el terreno para que los actores y extras den vida a las escenas de exteriores que plasmarán en la pantalla la historia que imaginaron el director Ipiña y Andrés Maino.
Cerca del mediodía, durante cada jornada, empiezan las grabaciones en las que De la Serna, otros 15 colegas y un número variable de extras, según la escena, dan vida a esta ficción histórica que muestra uno de los momentos cruciales de la gesta libertadora de América latina. El enfoque que se le da a este relato trata de mostrar con mucha fidelidad los sucesos que tuvieron lugar durante aquellos sucesos de la historia. Hecho que no sólo se aplica a la figura del general San Martín, a la que se muestra alejada del carácter con el que la tiñeron los libros escritos por los miembros de la generación del 80 y que durante muchos años vivió en los textos escolares, sino que también se aplica a una serie de detalles (como el de usar un caballo alazán y no uno blanco como montura de San Martín) que tienen que ver con el vestuario, el armamento, las relaciones entre los personajes y los hechos sociales que forman parte de la realidad histórica.
En este sentido, por ejemplo, en la Batalla de Chacabuco, que se verá en la producción, se toma en cuenta el hecho de que uno de sus protagonistas más importantes fue el Regimiento 8, formado por negros que habían sido esclavos y que fueron el aporte que le envió desde Buenos Aires el Directorio a San Martín cuando éste le pidió ayuda para formar el ejército libertador.
En la reconstrucción de la batalla aparecen extras negros que fueron reclutados entre los vendedores ambulantes de bijouterie de origen africano que, últimamente, se ven con mucha frecuencia en las calles de Buenos Aires. Cuando la producción comenzó a tratar de contratar a estos inmigrantes, se enteró de que se encuentran conectados y organizados para ayudarse mutuamente; uno de ellos, por ejemplo, actúa como representante cuando alguna productora requiere extras de piel oscura.
Otra de las cuestiones en las que esta realización intenta hacer una reconstrucción rigurosa es en el vestuario. El responsable del mismo, Julio Suárez, explica que de la época existen, en la mayoría de los casos, descripciones de los trajes que usaban los distintos regimientos, pero muy pocos dibujos. Por lo tanto, los detalles de muchos de los uniformes que aparecen son fruto de la mejor interpretación que pudo hacerse de los mismos.
Durante esta semana finalizará el trabajo en exteriores y luego, durante un mes, se filmará en escenarios montados en el edificio de la ex ESMA. Tras el trabajo de edición, la película estará lista para estrenarse, algo que seguramente se esperará con ansias.
1400
- extras participarán en total durante toda la realización del rodaje del unitario.
8
- meses le tomó a De la Serna aprender esgrima y equitación para hacer este papel.
100
- personas forman el equipo técnico de filmación, de producción y los asistentes.
3
- semanas llevará el trabajo de grabación en exteriores en la provincia de San Juan.
4
- semanas será el tiempo que se utilizará para grabar las escenas en interiores en la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).
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