
El elegido
Potencia visual, protagonistas de gran magnetismo y algunos desbordes
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El Elegido , telenovela producida por El Arbol y Telefé. Guión: Adriana Lorenzon y Gustavo Belatti, sobre una historia original de Lorenzon y Echarri. Producción artística: Pablo Echarri y Gustavo Marra. Producción general: Martín Seefeld. Dirección: Carlos Luna. Elenco: Pablo Echarri, Paola Krum, Leticia Bredice, Lito Cruz, Mónica Antonopulos, Jorge Suárez, Luciano Cáceres, Daniel Fanego. De lunes a viernes, a las 22.30, por Telefé.
Nuestra opinión: bueno
A primera vista, Andrés Bilbao es la encarnación local de Kevin Lomax. El personaje con el que Pablo Echarri encara la apuesta más audaz de su carrera televisiva y su equivalente cinematográfico (Keanu Reeves) en El abogado del diablo (Taylor Hackford, 1997) representan -al menos en el comienzo de esta ambiciosa historia- a la misma persona: un abogado brillante, calculador y persuasivo, capaz de superar cualquier escrúpulo con tal de ganar un caso y, con él, posiciones de privilegio dentro del poderoso estudio para el que trabaja.
Como ocurría con Al Pacino en el film de referencia, Bilbao tiene un mentor-guía en la figura de Oscar Nevares Sosa (Lito Cruz), responsable del estudio y encargado de probar la lealtad del joven letrado. El precio de asociarse será alto: detrás del estudio asoman oscuras tramas, planes y conspiraciones que empezarán a develarse con la aparición del otro eje del relato.
Con la irrupción de Mariana (Paola Krum), El elegido se distancia del film de Hackford e ingresa en el terreno melodramático-coral al que se obligan las mayores ficciones televisivas de nuestro medio para sostener cinco largas horas semanales de aire y expectativas de largo plazo. Delante de las cámaras y detrás de ellas (como responsable de la idea original y productor artístico), Echarri juega fuerte, junto a Martín Seefeld.
En esa búsqueda, la estirpe de telenovela clásica expuesta desde los contrastes de la pareja central (ella es una abogada idealista que mientras busca explicaciones de la enigmática muerte de su padre se cruza por primera vez con Bilbao en un juicio por usurpación de tierras que involucra a pueblos indígenas) se enriquece con elementos fantásticos y un explícito afán testimonial. El lugar central que la trama desde el vamos le atribuye a la problemática del niño autista (la hija de Bilbao padece esa enfermedad) va claramente en esa dirección.
El destino unirá las búsquedas de ambos durante una larga secuencia rodada en España, símbolo de una realización que en su primer capítulo atrajo más por su cuidada factura (más allá de algún exceso de grandilocuencia) que por lo que sugiere un comienzo argumental de trazos muy marcados, escasa dinámica y frecuentes alusiones a El Código Da Vinci y sus sucedáneos.
Lo que insinuó la presentación de anteanoche es que puede confiarse más en el vistoso envoltorio de la trama y en el magnetismo de la pareja central (Echarri y Krum exhiben los sentimientos de sus personajes de un modo impecable) que en la ampulosidad que se desprende de algunos giros del relato y de más de un desborde interpretativo. Como el que afecta a Leticia Brédice, una actriz de notable capacidad intuitiva que aquí está -en la piel de la esposa de Bilbao, una exitosa marchand - completamente fuera de tono.
También puede esperarse que con el tiempo Andrés Bilbao cambie de punto de referencia, una vez que descubra el lado oscuro de sus patrones. Entonces podría dejar de parecerse a Lomax y, tal vez, convertirse en el equivalente local de Mitch McDeere, el personaje de Tom Cruise en Fachada (Sydney Pollack, 1993).





