
El puntero
La política como ficción
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Con la vista fija en su nuca, en su carismática figura, la muchachada lo sigue de cerca y siempre por detrás. Lo miran y copian sus próximos pasos. El es el puntero, el dirigente barrial que los escucha y protege, el que les regala zapatillas y también arrima un médico si hace falta; además, es Julio Chávez. A su izquierda, Rodrigo de la Serna o Lombardo, su personaje en la inminente serie de Pol-ka, salta al ritmo de los bombos que revientan sus compañeros embanderados con pancartas; a su derecha, lo escolta su fiel amigo Levante, encarnado por Luis Luque.
La escena podría corresponder a la vida real: una manifestación que reclama más planes sociales y que avanza bulliciosa sobre una calle de tierra flanqueada por casas bajas y perros sin dueño. Pero se trata de una ficción, concretamente de una toma de la historia sobre el puntero político llamado Pablo Aldo Perroti, alias "Gitano", que se agiganta en la mente del autor Mario Segade y se moldea en manos del director Daniel Barone y de Marcos Carnevale.
Tanto las extensiones de pelo que luce Julio Chávez como el corte que estrena Rodrigo de la Serna (al ras, en ambos costados de la cabeza y con gel y bien parado arriba) y las zapatillas que calza Luis Luque (junto a su combinación de jean con campera de jean) nos introducen de golpe en el mundo popular donde transcurre la historia, que comienza a mediados de mayo en El Trece, en plena ebullición del calendario electoral.
Camuflados entre los 200 extras contratados para la escena que se filma en villa La Ñata, en Tigre, los tres actores apenas se distinguen, hasta que con el pecho inflado y el mentón en alto, desafiante, se abre paso el puntero. La mirada dura y los puños cerrados pronostican una pelea. "¡Queremos los planes!", corea una de las columnas mientras se desplaza. "¡Se mandan a mudar!", ordena De la Serna y despacha un par de manotazos por si quedó alguna duda. "¿Están todos bien?", pregunta el director, Daniel Barone, cuando se callan los bombos.
Así como en la escena recién terminada un grupo de militantes sigue al puntero, nosotros seguimos a Chávez mientras nos conduce al interior de su motorhome . Una vez dentro, en su cueva al resguardo del fulminante sol de mediodía, el gigante de los actores describe a La Nacion cómo es ponerse en la piel del puntero Perroti. "Es un hombre que tiene un proyecto para el barrio al que pertenece. Está en el escalafón más bajo de lo que podría ser la movida política; es el último orejón del tarro. Es muy emocional, sanguíneo e idealista", define, y los adjetivos brotan de su boca de labios finos con un peso dramático, casi solemne, como si provinieran de un sacerdote.
Chávez habla serio, responde meticulosamente cada inquietud y sigue hilvanando ideas hasta que se le formula la siguiente pregunta. "Es un ex cocainómano que está en recuperación e intenta reconquistar a su pareja [Gabriela Toscano]. Vive muy estresado, tanto que a las 3 de la mañana puede despertarse para arreglar cosas porque tiene que resolver muchos problemas en la villa", detalla.
Al igual que el resto de sus compañeros de elenco, insiste en que El puntero es una ficción. "El programa, frente a lo que uno ve, es sumamente light . El rol de puntero existe en la realidad, pero nosotros hacemos una ficción", recalca con sus expresivos ojos bien alertas.
"No es un programa que esté puesto para dar lecciones o tomar partido; para mí, aquí el juez es el arte. El mayor desafío es no idealizar al «Gitano»; no embellecerlo ni afearlo. Me importa humanizarlo y que el tema no se imponga por encima de eso", aclara, sobre el hecho de abordar un personaje tan polémico como clave dentro del engranaje político en un año electoral.
Cuando se le pregunta si cree que los televidentes sentirán empatía por el "Gitano", Chávez opina: "Vos ves un montón de películas en las que el protagonista es un desastre como en Scarface, y la gente lo quiere, o como Tony Soprano, que es adorable. Históricamente, se puede lograr; ahora, si esto va a ser así en este caso, no lo puedo decir, ni lo hubiera podido decir ninguno de ellos hasta que sucedió".
Dos perdedores
Sentado bajo la sombra de un árbol descansa Luis Luque. Desde allí reflexiona: "No nos metemos en el tema político porque ése sería un trabajo de investigación. El tema de los punteros es un tema muy delicado, con mucho mito y pruritos, y más en este momento, en que está todo tan sensible, tan polarizado. El puntero tiene que ver con la historia de estos seres en este contexto puntual, pero no es nuestra intención dar una opinión política".
A su personaje lo apodaron Levante y Luque no puede revelar su verdadero nombre. "Es un misterio", suelta con amplia sonrisa. Es la primera duda que planta alrededor de la figura del ladero fiel del "Gitano". "Tiene un pasado bastante oscuro que no te puedo adelantar porque, si no, arruino todo. Su vida tiene sentido a partir del «Gitano», su único amigo. Es bastante especial, amante de la murga y de las fiestas populares -destaca-. El mío es un personaje por momentos invisible y está muy bueno porque suelo hacer papeles histriónicos o fuertes por fuera, y éste es un trabajo más chico en expresión, más introvertido", compara el intérprete, que así se aleja del rol de malvado irascible.
"Somos seres perdedores. Ninguno es un ganador. Tienen el humor de esa clase de perdedores, ese humor negro", señala, y pide perdón antes de levantarse para unirse a la siguiente escena.
Minutos más tarde, Chávez -que encarnó a José, un atribulado perdedor y marido en crisis en Tratame bien, que le valió el Martín Fierro-, confirma las palabras de su compañero y amigo Luque. "El «Gitano» es un antihéroe, un hombre que tiene una mezcla de elementos muy positivos y otros negativos. Es divertido interpretar a un perdedor. Los grandes dramas son de perdedores. Edipo mismo pierde", enseña Chávez, haciendo alusión al clásico de Sófocles.
"No hay una sola manera de contar un perdedor. Lo lindo de un perdedor no es que pierde, sino ver cómo intenta no perder, como el mito de Sísifo", apunta el maestro de actores, y vuelve a ampliar el análisis de la mano de la literatura; en este caso, de aquel héroe condenado a empujar eternamente una enorme roca hasta la cima de una montaña, sólo para ver cómo vuelve a caer rodando hasta el valle.
A pocos metros, el director, que también dirigió a Chávez junto a Cecilia Roth en el recordado unitario de El Trece, va y viene dando pasos largos y apurados con indicaciones para repetir la escena de lucha entre las dos manifestaciones.
"Este proyecto demanda muchísimo. Se muestra un universo popular y esto obliga al equipo de vestuaristas a investigar para que sea realista. El hecho de que sea unitario nos permite preproducir y tomar decisiones estéticas para darle un estilo y una identidad al programa", explica Barone, cuya mano gestora se percibió hace poco en Para vestir santos , y más atrás en el tiempo, en Verdad consecuencia y Vulnerables , entre otros.
Según resalta, una de las películas de las que sacaron ideas para ver cómo mostrar una ficción de gran contenido social sin prejuzgar ni mirar desde lejos, sino humanizando la historia es Ciudad de Dios .
El agitador constante
"Vos sos el loquito de acá", le dice uno de los tantos chicos de villa La Ñata que se arrimó para ver la acción a Rodrigo de la Serna. El joven actor, vestido con un short deportivo de tres tiras y una musculosa gastada, se acerca y reparte autógrafos y piñas al aire entre todos y sigue jugando con ellos hasta que lo reclama la cámara. "Hoy somos una fuerza de choque y tenemos que correr a estos otros que se infiltraron en el barrio", presenta De la Serna, que acaba de colgar los guantes tras el fin de Contra las cuerdas , en Canal 7, y de encarnar a San Martín en el film Revolución .
Aquí, el talentoso protagonista de Okupas seguirá pegando, pero no de manera profesional. "Lombardo es de armas tomar; un agitador constante. Es un chico adicto que vive en una situación de abandono miserable. Anda en negocios turbios y utiliza al «Gitano» [Chávez] para zafar un poco y, a la vez, está a su servicio, hasta que empieza a jugar por su propio lado", adelanta.
"¿Empezamos con los bombos, o no?", consulta al director, antes de volver a la marcha y a la lucha. Dos extras uniformados de policías lo miran de lejos y uno de ellos suelta un chiste: "A nosotros ya nos dieron lo nuestro para que no nos metiéramos".






