
El show del baile y las lágrimas
Anteanoche, por Canal 13, llegó a su fin la segunda edición del exitoso formato de ShowMatch
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Gracias a la aparición de los reality shows, en la televisión argentina el público aprendió ciertas reglas del género que nunca deben faltar si se quiere conseguir su inmediata empatía con los participantes. Historias de vida tristes, problemas familiares y, si es posible, complicaciones de salud suelen garantizar la presencia de los que están mirando desde su casa. Pero claro: en la nueva generación de la televisión verdad ya no hay necesidad de aislamientos ni forzadas situaciones sociales. Ahora, en "Bailando por un sueño" y "Cantando por un sueño", los segmentos de ShowMatch, la fórmula fue depurada hasta llegar a una premisa clara: el drama personal de los participantes debe ser compensado con una competencia lo más glamorosa posible.
Así, anteanoche la final de la segunda edición de "Bailando..." tuvo todos los elementos de las galas que hasta el año pasado eran habituales en Operación triunfo.
Las dos parejas finalistas estaban integradas por la actriz y bailarina Emilia Attias y Lucas Tortici, el soñador que quería arreglar el club social y deportivo de su barrio salteño, y por Florencia de la V junto a Manuel Rodríguez, que se había anotado en el concurso para conseguir el dinero para una complicada operación de columna que necesita su madre.
Pero claro, más allá de las palabras de la ganadora, Florencia de la V, "si uno no tuviera sueños no viviría", un programa de TV no vive sólo de ellos. También necesita show. Y de eso tuvo también la final, que logró que Montecristo quedara con 23,8 puntos de rating y que Argentinos por su nombre empezara recién a las 0.24 de ayer.
La final
Anteanoche, para terminar de definir su suerte y mostrar sus habilidades para la danza por última vez, los participantes debieron bailar tres cuadros muy distintos: lambada, vals y charleston. Una por una pasaron las coreografías, los vestuarios y la votación del jurado, que esta vez era más decorativo que decisivo. Porque la última palabra la tenían los mensajes de texto del público, que, según Marcelo Tinelli, llegaron a la impresionante suma de 270.000. Pero, más allá de su poder de decisión, los integrantes del jurado volvieron a asumir sus lugares designados, una puesta en escena que fue uno de los hallazgos de esta segunda edición del concurso. Zulma Faiad fue la experimentada vedette con aires de gurú new age; Carmen Barbieri aportó su ecuanimidad y experiencia como bailarina y ganadora de la primera versión de este segmento; Laura Fidalgo jugó a la bailarina seria y a la participante reluctante de una pelea mediática con Florencia de la V, y Jorge Lafauci volvió a asumir el lugar del experto dispuesto a decir todo en defensa del arte de la danza. Quien mejor aprovechó sus dichos fue Tinelli, que hizo de cada presentación del jurado "maldito" una suerte de sketch cómico.
"Es domingo al mediodía y fuiste a Canal 11 a ver Titanes en el ring", decía el conductor mientras se escuchaba la cortina de la Momia Blanca. Repitiendo el formato de la introducción de los últimos meses: un viaje nostálgico hacia esa televisión que ya no existe. Una pantalla chica que no sabía de horarios tan corridos ni de rating minuto a minuto.
Mientras el gran show seguía su marcha y Florencia de la V y su soñador se acercaban al triunfo por el sesenta por ciento de los votos, Andy Kusnetzoff esperaba poder empezar con su programa. Veinte minutos después de la medianoche, Tinelli seguía, como corresponde a este tipo de formato, estirando la resolución del concurso. Unos minutos más tarde, el conductor de Argentinos por su nombre se rendía ante la evidencia y comenzaba su propio ciclo con una entrevista con los ganadores. Ellos, compenetrados con el espíritu de "Bailando...", agradecían a todos emocionados y no lograban entrar en la sintonía de Kusnetzoff. El show de baile y lágrimas ya había terminado, pero sólo hasta la semana que viene, cuando comience "Bailando por un sueño 3".





