
Endemol dobla la apuesta
Doble venganza , telenovela de suspenso protagonizada por Gerardo Romano, Tomás Fonzi, Marcela Kloosterboer y Carolina Papaleo. Con Agustina Lecouna, Elizabeth Killian, Gabo Correa y elenco. Autor: Alejandro Ocón. Dirección de fotografía: Marcelo Giménez. Dirección de arte: Zulma Correa. Arte electrónico: Mariano Ugo. Producción ejecutiva: Walter Minaglia. Dirección de producción: Damián Bacman. Dirección: Gustavo Luppi. Productor asociado: Marcelo Kohen. Realización general: Martín Kweller. Una producción de Endemol Argentina para Canal 9, de lunes a viernes, a las 21.30.
Nuestra opinión: buena
Hay un doble desafío que parece haberse impuesto Endemol para llevar adelante un procedimiento poco habitual en las producciones de ficción más recientes de la TV abierta: hacer que un nuevo relato funcione como secuela de una historia previa y tenga a la vez características propias, casi originales.
El tránsito que nos lleva de Doble vida a Doble venganza tiene un rostro y un nombre clave, Malena Saravia (Agustina Lecouna), hija del cirujano plástico que manejaba la clínica alrededor de la cual giraba la trama que conocimos en 2005 por América. Tras la muerte dudosa del personaje encarnado allí por Jorge Marrale, su hija resuelve vender el establecimiento y dejarlo en manos de dos hermanos, discípulos reconocidos del fallecido dueño anterior.
Los problemas comienzan cuando aparece como socio de la operación y futuro nuevo propietario de la clínica un sinuoso psiquiatra (Gerardo Romano) dispuesto a moverse siempre a partir del cálculo y la ambición. Así, lleva adelante su matrimonio, con una mujer de holgada posición económica, y se enfrenta con su hijastra Vera (Marcela Kloosterboer), quien está dispuesta por todos los medios a frustrar sus planes a pesar de haber dejado en manos del psiquiatra secretos personales y familiares.
El círculo empieza a completarse con la aparición de Tomás Fonzi, un fiscal defenestrado después de haber fracasado en la investigación del caso Saravia. Hundido en la depresión y el alcohol, encontrará el guiño del destino para empezar a recuperarse a partir de un primer encuentro casi azaroso con Vera.
Falta la llegada, en el segundo capítulo, del personaje de Carolina Papaleo para cerrar el clásico cuarteto protagónico de toda telenovela que se precie de tal; en este caso, aderezada con toques de intriga, suspenso y, muy probablemente, de carga denunciatoria sobre el funcionamiento de ciertas instituciones.
Es aquí donde está marcada la gran diferencia que separa a Doble venganza de su predecesora. En Doble vida , la historia se apoyaba en gran parte en cimientos muy forzados: una trama enrevesada en la que ningún encuentro presentado como fortuito adquiría el carácter de tal y en el que el fuerte tono erótico, visible sobre todo en los primeros tramos, lucía más efectista que funcional al resto del relato.
Doble venganza , en cambio, abreva mucho más en los pilares clásicos y tradicionales del género, poniendo frente a frente a la chica idealista y valiente y al villano inescrupuloso y dispuesto a todo, con la posibilidad de que puedan desarrollarse en forma paralela algunas subtramas que, por fortuna, no distrajeron la atención del público en el bien urdido capítulo inaugural.
Mediante distintos flashbacks (algunos, tomados de Doble vida, y otros, armados especialmente para esta ocasión) y la presencia del personaje de Lecouna, las dos historias alcanzaron una razonable continuidad y, en el comienzo de esta nueva etapa, la intriga se combina con cierto toque meloso y prototípico de la esencia del teleteatro, en especial representada a través de los encuentros entre Romano y su esposa (la reaparecida Elizabeth Killian).
La calificación que encabeza esta nota corresponde exclusivamente a un sólido y correctamente armado episodio de presentación, en el que se destacó el impecable villano compuesto a fuerza de oficio y personalidad por Gerardo Romano, cuya presencia atrae todas las miradas y coloca en segundo plano hasta a Kloosterboer, que deja por ahora la impresión de no acomodarse del todo a un personaje que reclama más vigor y energía.
El tiempo dirá si ese papel se consolida y si una historia que ofrece aristas atractivas logra salir a flote o termina condicionada a la necesidad de plantear una instancia fuerte cada noche. Doble venganza es el tipo de historia que, a priori, funcionaría mejor y entusiasmaría más con una frecuencia semanal en vez de las sobreexigencias impuestas por sus 60 minutos diarios.
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