
Entre el futuro y el fantasma de CQC
Día cero, programa periodístico / Conducción: Juan Di Natale, Mariana Verón, Diego Iglesias / Idea original: Gonzalo Arias / Dirección artística: Pablo Camaití / Productor ejecutivo: Patricio Alvarez / Producción general: Cune Molinero, Gonzalo Arias / Dirección: Renato Kahn / Por canal 9, los domingos a las 22 / Nuestra opinión: Bueno.

Más que una nueva propuesta periodística para la noche dominical de la TV abierta, Día cero es un desafío. Tendrá que demostrar entre otras cosas si Caiga quien caiga (CQC) es un punto de referencia entre muchos otros para el armado de esta propuesta o funciona como un fantasma que la limita y condiciona en todo momento.
La respuesta no puede demorarse mucho si es que Día cero quiere afirmar una identidad propia lo antes posible. La primera emisión quedó a mitad de camino, con el programa moviéndose entre una apreciable dependencia del modelo estético de CQC (pero en otro contexto, lo cual hace más riesgosa esa subordinación) y una postura innovadora en el tratamiento de la actualidad desde el periodismo televisivo. En este último punto, el debut tuvo algunos resultados auspiciosos.
Lo mejor del arranque de Día cero fue el reportaje a tres voces con Marcos Peña. Hubo tiempo para recorrer distintas cuestiones de la información más candente, con preguntas oportunas y muchas veces filosas, mérito de Diego Iglesias y Mariana Verón. La producción se las ingenió para crear el escenario más propicio en mucho tiempo dentro de la TV abierta para una entrevista con un protagonista de la actualidad.
Hay otros espacios ciertamente atractivos con el mismo propósito en otros canales y horarios (las charlas mano a mano de Alejandro Fantino con los invitados de Animales sueltos), pero aquí se busca y se espera del entrevistado una respuesta inmediata a cuestiones urgentes, y la agenda periodística del momento estuvo presente de principio al fin en la conversación con el jefe de Gabinete.
Con un segundo invitado, Aníbal Fernández, las cosas se movieron en la misma dirección, pero con menos tiempo para repreguntar. Esta charla concluyó demasiado rápido, aunque dejó (como la anterior) la sensación de que estamos ante una respuesta sobria y bastante criteriosa a la crispación de Intratables y otros sobreactuados programas políticos de moda.
Antes de las entrevistas y como prólogo temático de esos encuentros, Día cero arrancó con el "momento CQC" de la noche. La presentación, a modo de "informe", del debate por el desempleo respondió en un 100% a la identidad de aquel innovador ciclo surgido en los años 90, que impuso un modelo de narración visual basado en el montaje y una serie de efectos visuales y de sonido.
El artífice de esa idea, el talentoso Cune Molinero, es uno de los productores de Día cero. Pero las diferencias entre ambas propuestas son decisivas: CQC funcionaba desde la ironía, la mordacidad y el desparpajo. Día cero quiere hacer un periodismo más riguroso. Necesita que el televidente confíe más en la credibilidad de la emisión en vivo que en el riesgo de convalidar frases sacadas de contexto, algo que siempre ocurre cuando se abusa del montaje hiperestilizado. Una puerta abierta a la frivolización de la noticia que puede disimularse cuando las cosas no se toman tan en serio, como en la etapa fundacional de CQC.
Esa necesidad de apoyarse en la certidumbre quedó expuesta al máximo con una discusión sobre el empleo entre tres economistas de diferentes extracciones políticas a través de una puesta en escena idéntica a la de los debates preelectorales. La experiencia no funcionó por razones de oportunidad y de tiempo. A las apuradas, los participantes pudieron decir lo que pensaban, pero al televidente no le quedó nada sustancioso. Todo fue altisonante y precipitado, demasiado cercano a las experiencias que Día cero con toda razón se propone evitar. Otro desafío.






