Imparable Lola Berthet

La actriz tiene 25 años y el talento de las transformaciones
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4 de mayo de 2003  

Sin miedo al fracaso ni al prejuicio, esa quinceañera delirante que interpreta en "Costumbres argentinas" parecería tomar posesión de la actriz Lola Berthet. En un momento de la entrevista un lapsus le hace decir: "No quise esperar a que el Incaa me diera el Instituto de Cine". ¿Ya vas por el instituto, Lola?

Esta especie de "Madonnita" en tamaño pequeño y en registro grotesco de la glamorosa diva pop se ríe a carcajadas. Pero la coherencia consigue hacer pie en su discurso, entonces baraja y da de nuevo: "El otro día, en lo de Mirtha (Legrand), dije: "Ojalá que alguien en dos años me llame para dirigir el Incaa"".

El desparpajo vuelve a ganar lugar en su cabeza. Con cierta inocencia remata: "Tengo un deseo tan grande de que le vaya bien al cine argentino que si a mí me diera la cabeza me pondría al frente del instituto. Pero no sé, tal vez tenga que transar con algunas cosas... Ya me lo voy a comer al instituto". Lo dice la actriz que en junio estrenará "Perro amarillo", la opera prima de Javier van der Couten que ella misma produjo organizando 13 fiestas que recolectaron 25.000 pesos.

Una mitad de lo que dice hay que creérselo en forma absoluta. Lola Berthet es una rotunda conquistadora de espacios. Esta actriz de 25 años egresada del Conservatorio Nacional consiguió emerger y destacarse en el cine y la TV con personajes de fondo. El reconocimiento le llegó a través de dos papeles específicos. En TV fue después de un corto recorrido por los programas "Verano del 98" e "Ilusiones", cuando le dio cuerpo a esa extraña mucama llamada Rita en "Son amores": "Un personaje que no tenía diálogo, ni familia, hasta que empezó a hablar y hasta tuvo novio y una hermana que llegó de España, interpretada por mí, claro", cuenta Lola.

Y en el cine, después de hacer de amiga de las protagonistas de "Déjala correr" y "Nueces para el amor", las miradas se posaron en ella cuando hizo de amiga de Valentina Bassi en "Un día de suerte", la opera prima de Sandra Gugliotta. "Así me llames para un bolo o para un protagónico, yo voy a poner la misma intensidad", dice seriamente. Pero agrega: ""Un día de suerte" me abrió las puertas del cine y me permitió viajar al Festival de San Sebastián. No me había subido nunca a un avión y me encontré rodeada de Francis Ford Coppola, Juliette Binoche". Y pestañitas de sus ojos se agitan con la misma inocencia del personaje de Sandra Rosetti en "Costumbres argentinas".

Volver a los 15

Lola Berthet no necesitó cirugía para volver el tiempo atrás unos diez años en la tira ochentista "Costumbres argentinas", en la que interpreta a la hija menor de la familia Rosetti, a cargo de Ana María Picchio y Carlos Calvo. "Mi personaje no piensa tanto, tiene objetivos, delira, se cree una diva, fracasa, llora y vuelve, nunca se agota. Es como un chico que nunca deja de crecer", dice.

Con el registro de Lola Berthet, su personaje entra en la temible zona "freak". Parece nacido de los programas humorísticos de Antonio Gasalla, Alfredo Casero o Juana Molina. Aun así, el recorte de lo grotesco queda perfectamente amalgamado con el resto de los personajes que se quedaron anclados en los años ochenta. "Los productores de TV están dejando de tenerles miedo a las caras raras, porque antes se decía que explotaban en la pantalla, que era mejor dejarlas para el teatro. Me parece que están entendiendo que un personaje freak, grotesco, o lo que fuera, es cuestión de crearlo, y que la combinación puede ser buena."

Lola se animó a los riesgos de bajarse de un éxito como el de "Son amores" y su Rita para irse al programa nuevo de la competencia. Pero acepta que la diferencia de edad frente a su personaje la inquietaba. "Cuando me llamaron para este protagónico yo les pregunté: "Chicos, ¿esta cara da para 15?" Yo le tenía mucho miedo a la edad. Y ahora en la calle la gente se pregunta cuántos años tengo realmente. Ese logro fue muy importante para mí", cuenta la actriz, de 25 años, con una rara belleza de muñeca antigua.

Pero también la década del 80 le representaba un gran desconocido. "Es que yo nací en el 77, y no me acuerdo nada de esa época, entonces a la gente de la producción de "Costumbres argentinas" le pedí mucha información. Y como mis hermanos de ficción iban a tener una banda yo les dije que podría delirarme con Valeria Lynch, los Pimpinela o Abba, gente muy teatral. Y también que si en la tira iba a tener 15 años quería cumplir con todos mis sueños. Entonces ya grabé un programa con Mateyko y con las Trillizas de Oro. Y mañana lo haré con Silvio Soldán, porque justo cuando tenía la edad para ir con el colegio a "Feliz Domingo" el programa se terminó. Pero para mí el sueño máximo sería que llamaran para esta tira a Alejandro Urdapilleta, Humberto Tortonese o a Antonio Gasalla."

Lola Berthet dice que no sólo se divierte en la ficción de "Costumbres argentinas". El hecho de haber tenido que repasar los años ochenta le significa un cierto camino de aprendizaje con el cuerpo de lo que significaron esos años para una familia de clase media. "Un día tuvimos que parar la grabación para plantearnos qué opinión tenía la familia Rosetti sobre la dictadura. Porque nosotros tenemos que saber que estamos haciendo una tira situada en un momento en el que estaba pasando algo en el país. Entonces se pautó que la familia Rosetti, que es la de clase más alta en la tira, ocultara a sus hijos lo que estaba pasando."

Cuestión de modismos

Con la docente teatral Nora Moseinco repasaron las costumbres de la época a través del televisor. "Más que nada la forma de hablar -rescata Lola-. Muchas veces tenemos que volver a grabar escenas en las que se nos escapa el re o el boludo . En cambio, me cuesta mucho decir copado o mató mil, porque me siento estúpida." También cuenta que tuvo que trabajar mucho su voz, "para bajarla un poco". A Lola le gusta colaborar con el vestuario de "Costumbres argentinas" con ropa de su mamá, que lleva siempre a los estudios de la productora Ideas del Sur.

Pero Lola es consciente de que trabajar 12 horas diarias en una tira es como encontrar una nueva familia. "Lo mejor que me dio esta tira fue trabajar con Carlos Calvo y Ana María Picchio. Calvo te vuelve loca cuando te habla y Ana María ya es como una mamá para mí. También me hice muy amiga de su hija, Delfina. Entonces, cuando llamo a la casa de la Picchio, digo: "Hola mamá, hola hermana"." Hace poco que Lola volvió a vivir con sus padres, después de una convivencia con su mejor amiga, la actriz Carla Petersen. "Mi familia está chocha porque sabe que estoy haciendo las cosas bien. Mi mamá es ama de casa y mi papá es empleado administrativo. El a veces viene a las grabaciones. Pero no de cholulo. Es que laburo tanto que a veces le digo "venite porque si no no te veo". Y con Ana María Picchio logró una conexión por el lado de la música: él le graba CD y ella está alucinada."

Lola asegura que los personajes que compone para la ficción no se le pegan en absoluto. "Es que hay un límite peligroso si uno se confunde. Como Sandra yo también soy una persona intensa, enamorada del delirio y con ganas de vivir. Pero soy consciente de que mi trabajo tiene que ser como el de un plomero o un cadete. Me gusta que la gente quiera a Sandra y, en el fondo, me pida que le haga el gestito (el de pellizcar el cachete). Pero cuando firmo autógrafos me gusta poner Lola. En el fondo sigo siendo yo. Si Sandra agrada hay algo de mí que agrada también."

Personalísimo

  • Lola tiene 25 años y es egresada del Conservatorio Nacional.
  • Sus primeros trabajos en TV fueron en "Verano del 98" (Telefé) e "Ilusiones" (Canal 13). El reconocimiento le llegó en "Son amores" (Canal 13) y, ahora, con "Costumbres argentinas" (Telefé).
  • En cine hizo "Déjala correr" y "Nueces para el amor".
  • En junio se estrenará "Perro amarillo", la opera prima de Javier van der Couten, que produjo organizando fiestas.
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