
La danza triunfal de Celina Rucci
El cierre de "Bailando por un sueño" mostró el mejor rostro del ciclo de Tinelli
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"El año que viene vuelve a estar este formato, del que nos cuesta tanto desprendernos." Habían pasado casi 30 minutos desde la medianoche de ayer y Marcelo Tinelli, en medio del todavía abarrotado estudio mayor de Ideas del Sur, anunciaba ante las cámaras de Canal 13 que en 2008 habrá una quinta versión de "Bailando por un sueño".
Junto al satisfecho conductor, que con toda seguridad ya manejaba los primeros números extraoficiales de un rating que volvió a consagrarlo como el preferido de los televidentes argentinos, la vedette Celina Rucci y el soñador santiagueño Matías Sayago celebraban una ajustada victoria en la final del cuarto envío del ciclo sobre Paula Robles -esposa del conductor- y el cordobés Franco Tabernero.
Todo terminó en paz, con un compartido y emotivo espíritu de confraternidad entre Tinelli, los participantes y un jurado (integrado por Graciela Alfano, Moria Casán, Gerardo Sofovich y Jorge Lafauci) que optó una vez más por una posición salomónica de equidad absoluta, sin vencedores ni vencidos, dejando una vez más en manos del público la toma de posición para el veredicto definitivo.
Tinelli, entonces, proclamó el voto de la gente a través "de un récord de 670.000 mensajes de texto y llamados telefónicos", impreso en un papel que dentro de un sobre cerrado le acercó al conductor el escribano del programa: 53,4% por ciento para Rucci-Sayago y 46,6%, para Robles-Tabernero. El inmediato clip final, con una vertiginosa recopilación de los siete meses del ciclo, se cerró con el saludo a los ganadores.
"Teníamos preparadas dos producciones, una para cada finalista", aclaró Tinelli para aventar las suspicacias que jamás faltaron a lo largo de un show en el que hubo más de un inconveniente y desaconsejable vínculo directo y personal entre organizadores, jurados y participantes. Pese a que estamos ante un entretenimiento mucho más ligero que riguroso, siempre es mejor garantizar transparencia absoluta, sobre todo cuando están en juego instancias tan delicadas como el cumplimiento de acciones benéficas.
En este caso, la pareja ganadora logró que pueda hacerse realidad la construcción de una sala de pediatría para el hospital de La Banda (Santiago del Estero), en tanto Robles anunció que a través de la Fundación Ideas del Sur, la niña cordobesa Lourdes, de tres años y oriunda de Río Segundo (Córdoba) podrá afrontar un tratamiento contra la leucemia que no está al alcance de su humilde familia.
De todos modos, el final ratificó lo que vimos a lo largo de todo el ciclo: la dignísima actitud de Robles, que siempre procuró mantener distancia del complicado lugar que le tocó ocupar, concentrándose en un elogiable desempeño como bailarina. Así llegó a una final mano a mano con la no menos meritoria Rucci, sin ventajas visibles para una u otra.
En este sentido, quedó la sensación de que el resultado hubiese sido mucho más cristalino y preciso si ambas parejas, por ejemplo, hubiesen medido fuerzas a partir de un mismo tema musical en cada una de las tres categorías de la competencia final (pop latino, cumbia y música disco) en vez de recurrir a distintas melodías y coreografías adaptadas para cada caso.
La final que se inició anteanoche a las 22.20 mostró el rostro más amable y eficaz de ShowMatch, aquel en donde prevalecen las buenas formas y el espíritu del gran show televisivo para una audiencia popular. Cuando todo había terminado, el videoclip final nos recordó que "Bailando por un sueño" no fue siempre así. Hubo varios "escándalos" azuzados por el afán de notoriedad y promoción de algunos de sus protagonistas, además de varios momentos olvidables sobrecargados de vulgaridad y lamentablemente premiados por el rating, ya que el pico de audiencia en estos siete meses no se registró anteayer, con la mejor imagen del ciclo, sino a fines de mayo último, con el "baile del caño". El dilema irresuelto de Tinelli.






