
La tortura como diversión
En uno de los juegos, los competidores deben soportar sobre su cuerpo el paso de innumerables ratas. En otro, son impulsados a zambullirse dentro de un tanque de aguas pestilentes, plagado de lombrices en descomposición. Un tercero obliga a los participantes, atados y semidesnudos, a exponerse a chorros de agua fría y caliente o a bruscos cambios de temperatura en su cuerpo. Y no falta el pobre hombre forzado a comer gusanos por haber contestado mal la pregunta que le formuló el grupo que lo mantenía secuestrado y vestido como un preso. En su edición de anteayer, The New York Times abrió las páginas de artes y espectáculos con la nueva tendencia televisiva norteamericana, basada en juegos que intentan convertir la tortura en un entretenimiento.
Los programas llevan nombres como "Fear Factor", "The Chair", "The Chamber" o "Kidnapped" y en la mayoría de los casos llegan a los hogares entre las cinco de la tarde y las nueve de la noche.
Todavía encuentran un eco dispar en la audiencia ("Fear Factor" es un éxito y el resto navega entre la repercusión moderada y el riesgo de levantamiento), pero a la vez, según observa The New York Times, muestran cómo las grandes cadenas televisivas de Estados Unidos reaccionan ante la progresiva libertad creativa del cable con una discutible ampliación de lo que se entiende como cultura del entretenimiento. Semejante tendencia no sólo se manifiesta en el tipo de juegos, mediocres y "desesperadamente poco originales", según las palabras del diario neoyorquino. También en las preguntas a las que son sometidos los participantes para ganar premios que van desde unas modestas vacaciones hasta 50.000 dólares: "¿Quién de ustedes, con tal de salvarse a sí mismos, estaría más dispuesto a empujar a una anciana a la calle al paso de un ómnibus?" está entre lo más suave de los cuestionarios.
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Aunque esta tendencia responda a causas netamente locales (reacciones violentas que se desenvuelven en una sociedad extremadamente sensible desde los ataques del 11 de septiembre), no hay que perder de vista otros factores que podrían extender esta ola televisiva de dudoso gusto hacia otras geografías. Los torture games son baratos, garantizan alto impacto y podrían verse con algo más de curiosidad en una TV como la nuestra, que ya dio sobradas muestras de estar dispuesta a cualquier cosa con tar de elevar sus magras cifras de audiencia.
Gracias a esta nueva moda televisiva, en Estados Unidos ya se habla con nostalgia de "Gran hermano" y "Survivor" (el programa que inspiró "Expedición Robinson") como inofensivos reality shows. El tiempo dirá si estos "juegos" de nuevo cuño torturan a los participantes (y, desde otra perspectiva, también a los espectadores) fuera de las fronteras norteamericanas.
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