La TV se viste a la moda
La sociedad entre la pantalla chica y la obsesión por el vestuario llenó como nunca la grilla de ciclos dedicados a ver qué nos ponemos
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"La gente se burla de los que estamos interesados en la ropa, en la moda. Pero lo que no toman en cuenta es que eso que decidís ponerte a la mañana habla de tu estado de ánimo, del día que vas a tener." La reflexión, cortesía de Kate Hudson, ocurre dentro de una limusina que recorre las calles de Londres. Allí, acompañada por Rachel Zoe, estilista, diseñadora y protagonista de su propio reality show - The Rachel Zoe Project , en Glitz-, la actriz y aficionada de la moda explica, sin querer, una de las razones por la que la industria de la indumentaria importa más allá de los prejuicios de algunos y por qué parece haber invadido todos los medios. Ya no se trata sólo de su relación íntima, de mutua necesidad, con las revistas que viven y se desviven por mostrar y difundir lo que se usa. Ahora, junto con Internet, la TV parece ser el medio de preferencia para hablar, mostrar y demostrar que la moda es mucho más que lindos vestidos y accesorios deslumbrantes. Pero que también es mucho de eso, y qué mejor lugar para exponerlo que la pantalla chica.
Así, en este momento hay casi una docena de programas que giran en torno a cómo se hace, cómo se usa y cómo se vende lo que nos ponemos o deseamos ponernos. Se trata de la TV aspiracional en su máxima y más primaria expresión. Además de una forma de difundir y hasta popularizar una industria que poco tiene de popular y que, de hecho, parecería subsistir en gran medida gracias a su excepcionalidad y exclusividad.
Si gracias a Sex and the City nombres como Manolo Blahnik, Jimmy Choo y Diana von Furstenberg, por citar sólo a un trío de los diseñadores de los muchos que figuraron en el programa, se beneficiaron con la promoción que les dio la exitosa serie de HBO, con la explosión de los reality shows y su versión más estilizada los docu-reality, la moda se expandió por la TV como un buen jean elastizado. Especialmente en unas cuantas señales de cable que se dedicaron a evangelizar al vulgo sobre las bondades de un vestido terminado a mano en Milán, la destreza y el arte del diseñador de sombreros-piezas de arte Phillip Treacy o el dinero que se necesita para poder lanzar una colección en la semana de la moda de Nueva York.

Uno de los canales más dedicados a la divulgación de la moda y a mostrar su fuerte vínculo con Hollywood es E!, que por estos días vive su mejor momento gracias a la temporada de premios y las alfombras rojas que acompañan cada galardón. Allí, las estrellas circulan para promocionar su trabajo en cine, pero también para dar a conocer a esos diseñadores que les "prestan" sus vestidos a cambio de una mención en el más codiciado y cotizado prime time. Y, si tienen mucha suerte, puede que repitan exposición en los especiales de Fashion Police. El ciclo regular y sus emisiones extraordinarias dedicadas a los premios, comandado por la fabulosamente ácida, inclemente y ocurrente Joan Rivers. La comediante, junto al estilista George Kotsiopoulos, la fashionista Kelly Osbourne y la conductora Giuliana Rancic, mira, critica y elige a los mejores y peores vestidos entre las celebridades. Y, de paso, mientras hacen chistes sobre la locura galopante de Tom Cruise y la falta de estilo de Sharon Stone, se hacen el tiempo para divulgar el trabajo de diseñadores que les interesan. Y para completar la mirada sobre la moda la señal también emite temporadas pasadas de Project Runway, el reality de competencia que logró hacer de la moda y sus personajes un interesante y divertido objeto de estudio y admiración. Con él aprendimos cómo nace un vestido, hasta dónde se puede llegar con creatividad y habilidad para manejar la máquina de coser y que todos necesitamos a un mentor como Tim Gunn cuando salimos de compras. De hecho, tanto impacto causó el programa que actualmente se emite en dos canales, E! y Glitz y hasta tiene una tercera pata con el ciclo Tim Gunn: gurú del estilo, que se ve por Discovery Home & Health. Gracias al carismático Gunn, ex profesor de la prestigiosa escuela de diseño Parsons en Nueva York, el recorrido por el armario de la gente se transforma en recorrido emocional.
Algo similar a lo que ocurre con otro gran programa de la señal: No te lo pongas. Menos contenedores y diplomáticos que Gunn, sus conductores, Stacy London y Clinton Kelly, suelen demoler el sentido de la moda de sus "pacientes" para reconstruirlos después. Y, para completar el trío de intervenciones emocionales en el placard, el canal tiene Mi marido, mi estilista, un ciclo que, como su título indica, pone al cónyuge a cargo del nuevo look de su mujer. Una terapia de pareja realizada lejos del consultorio y cerca del shopping.
La mejor vidriera
Con su insaciable necesidad de dar con temas, profesiones y hasta industrias para investigar, grabar y reciclar para el consumo televisivo, los reality shows encontraron en el mundo de la moda una inacabable fuente de programas. Lo que empezó con la búsqueda de nuevos talentos en el diseño de ropa del mencionado Project Runway, conducido por Heidi Klum, derivó en otros concursos de su tipo como Fashion Star (FoxLife) con la supermodelo australiana Elle McPherson al frente y el docu-reality All in the Line (Glitz)en el que Joe Zee, director creativo de la revista Elle, asesora a creadores que perdieron el camino para que puedan continuar en la industria de la moda.

Que varios de los que aparecen en la serie sean diseñadores "graduados" de otros reality shows habla de la retroalimentación de un subgénero que no parece cerca de agotarse. Todo lo contrario. Si hasta el cable local se sumó a la tendencia con La jaula de la moda, un ciclo que emite Magazine con la conducción de Horacio Cabak y los comentarios de los expertos en moda Fabián Medina Flores, Daniel Gómez Rinaldi y el diseñador Claudio Cosano, además de algún invitado especial que aporta sus opiniones sobre la forma de vestir de la farándula. Si en el programa de E! mencionan seguido a Cate Blanchett, aquí las habituales criticadas pueden ser Adriana Aguirre y Moria Casán.
Por cada canal de cable dedicado a estilos de vida hay por lo menos dos programas que hacen zoom en algún aspecto del mundo de la moda y el diseño. MTV tiene uno –Plain Jane–; Glitz muestra el backstage de las campañas publicitarias de las marcas de moda, Making of Glitz, y hace poco estrenó la sofisticada vuelta al mundo de Manifesto, y hasta Sony le hizo lugar a las competencias de modelos como America’s Next Top Model y sus derivados.
De hecho, en el canal tradicionalmente dedicado a las series la moda también tiene un lugar en la ficción gracias a Jane by Design, la historia de una adolescente que sueña con ver sus creaciones en las pasarelas y que, por esas cosas del destino, lo consigue. Una ambición que comparte con Blair Waldorf, uno de los personajes principales de Gossip Girl, la serie que tomó la posta de Sex and The City en eso de transformar a sus protagonistas en marcadoras de tendencias. Después de ser Carrie Bradshaw y ponerse en las manos de la diseñadora de vestuario más reconocida de la TV y el cine, Patricia Field, Sarah Jessica Parker se volvió ícono de la moda y algo similar sucedió con Leighton Meester y Blake Lively, elegida para representar a los perfumes de Gucci en sus más recientes campañas. Es que en Gossip Girl, el vestidor de las protagonistas tenía tanto espacio en pantalla como sus romances e intrigas familiares. Está claro que ya sea en la ficción, los reality shows o los numerosos documentales que pueblan la TV, la moda ya eligió a la pantalla chica como su más efectiva y visible pasarela.
La nueva (vieja) Carrie
Para mantener viva la relación entre las series y la moda, pronto llegará al cable local, se estrenó hace algunas semanas en los Estados Unidos, The Carrie Diaries, la ficción que viaja al pasado, más precisamente a los años ochenta, para presentar a Carrie Bradshaw en la adolescencia.

Basada, como Sex and the City, en una novela de Candace Bushnell, la nueva serie pone a la indumentaria en primer plano. Así, la Sarah Jessica Parker del pasado es AnnaSophia Robb, una actriz de 19 años tan menudita como su antecesora, que en la historia aparece con algunos looks que bien podría haber sacado del armario de la Madonna de "Like a Virgin" o la Jennifer Beals de Flashdance. El vestuario diseñado por Eric Daman, discípulo de Patricia Field y responsable de ese área en Gossip Girl, es puro concepto vintage, mucha feria americana mezclada con diseñadores de la época que a medida que el programa avance podrían volver a ponerse de moda. Y esa es la idea.
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