"Los actores somos bichos inseguros"

El intérprete protagoniza dos obras sobre las complejidades del amor: la pieza teatral Cock y la tira televisiva Mi amor, mi amor
Francisco Ganduglia
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30 de enero de 2013  

Llega en su flamante moto Triumph, esa que utilizaban galanes como Marlon Brando y Steve McQueen (dos de sus actores favoritos) y la que le permite hoy conectar sin prisa y sin pausa ni embotellamientos los barrios de Benavídez donde vive con su mujer, Natalia, Palermo (donde graba la novela de Telefé Mi amor mi amor) y el microcentro, donde protagoniza de miércoles a domingos la obra Cock, en la sala Pablo Picasso del Paseo La Plaza. En ese ambiente tan teatral transcurre la nota, con un Juan que en minutos nomás se convierte en anfitrión, revelando los recovecos o "catacumbas" del lugar, hablando de sus secretos y hasta de los locales donde sirven el mejor café. "Bienvenidos a mi mundo", parece decir sin hacerlo, aunque sus siguientes palabras serán aún más elocuentes que ello.

En general, los actores rehúyen de la idea de combinar el trabajo de una tira diaria con el de una obra de teatro. ¿Por qué no es tu caso?

[Piensa] Yo hago televisión para que la gente después tenga ganas de verme en teatro. Cada vez lo entiendo más así y creo que la gente también. Cuando llegó la propuesta de tomar la posta de Leonardo Sbaragalia no hablaría jamás en términos de reemplazos yo ya había aceptado el trabajo en Mi amor, mi amor . Enseguida hablé con la gente Telefé y les dije: "Señores, les pido por favor que me dejen hacer teatro. Lo necesito y ustedes mismos se beneficiarán con ello". Lo entendieron.

— ¿Siempre tuviste esa visión?

— Sí, desde los 16, cuando empecé a soñar con esta profesión. En aquel momento veía programas como Atreverse o Verdad consecuencia y sentía, además, que era posible desplegar cierta profundidad en televisión. Y esto no es una mirada "progre" ni mucho menos. ¿No es raro que querer hacer las cosas bien ahora sea progre? No sé cuándo carajo esa palabra comenzó a mancharse de cinismo. La verdad, yo no sé qué es ser un actor progre o cool, sí sé que me gusta la calidad, ya sea en una obra de teatro, en un programa de televisión o en un disco de música. Y apuesto a eso.

– Hoy protagonizás una novela que cada vez vira más hacia la comedia; ¿te planteó dudas ese formato?

— Y, los actores somos bichos inseguros, siempre dudamos. En el momento de dar el sí, yo venía de una experiencia teatral que no había sido muy satisfactoria, Las brujas de Salem, y lo que más deseaba era pasarla bien. En medio de mis dudas, tanto mi mujer como Nancy Dupláa, con quien trabajaba en Graduados, me dijeron: "¿Y si te dejás de joder un poco y te divertís? Hacé comedia, explorá tu lado tonto y ridículo. Tomate el pelo". Creo que tenían razón, necesitaba eso.

– ¿Y el bajo rating, cómo lo tomás?

— No soy un experto en el tema, pero tengo entendido que el encendido bajó para la televisión en general. De todas formas, si no hubiese sido así, yo invito a cualquiera a que se pregunte realmente qué corno es el rating. Es un coeficiente que está medido por una sola empresa, pero que no se discute jamás y que encima se toma como referente absoluto. Si hay alguien que está matando a la madre en cámara y mide 50 puntos y Alfredo Alcón se pone a recitar a Lorca y mide 2, ¿dónde está la vara? El "rey-ting" es un rey absolutamente tirano, a mí no me representa.

–Pero ahora estás como protagonista y capitán de barco...

— Sí, y siento que justamente puedo ocupar ese lugar porque pienso de ese modo. Lo mejor que puedo decirle a la gente con la que laburo es eso: "Hagamos algo que nos guste, que tenga corazón, no importa si los números nos dan la espalda". Lalola medía 8 puntos y fue una ficción fantástica, lo mismo que El elegido, que medía 14, o la actual Tiempos compulsivos, que también anda por los 9. ¿Qué pasaba si Graduados no hubiera medido veintitantos puntos de rating todas las noches? Para mí es clara la respuesta: hubiese sido un excelente programa igual. Lo siento, pero no puedo estar de acuerdo con algo que va en contra de la calidad y del esfuerzo de lo que elijo hacer todos los días.

–Tanto el programa como la obra (escrita por el británico Mike Bartlett) hablan del poliamor, de relaciones de pareja más allá de dos ¿Creés que es posible esa forma de amar?

— No sólo coinciden en eso los proyectos, sino que en ambos mis personajes se llaman Juan (sonríe). Respecto de la pregunta, supongo que sí, que hay tantas formas de amar como personas en el mundo. En mi caso, no lo veo posible: mi mujer es maravillosa y me insume tanta energía que realmente no tendría nada para darle a otra persona... Quizá haya otra lección en el poliamor, una especie de ayuda tal vez para repensar esta época en que todos te exigen estar de un lado o del otro.

–En ese sentido, ¿como viviste todo el "affaire Darín"?

(Suspira) — Creo que como en muchas otras cosas, el teatro, y Shakespeare en este caso, también tiene una respuesta para dar. En Romeo y Julieta, hay un momento en que Mercucio dice, a modo de profecía ya que está por morir a causa de la pelea entre Montescos y Capuletos: "La peste caerá sobre ambas casas". Esa frase condensa todo lo que trae la guerra: la maldición, la muerte. Necesitamos dialogar entre nosotros, no descalificarnos. Por eso es que jamás estuve de acuerdo con la forma en que se expresó Federico Luppi. Más allá de lo que diga Darín, yo creo que fue una frase muy injusta y desafortunada. Me parece que los medios y los políticos ?tanto oficialistas como opositores? deberían entender que obligando a la población a estar de un lado o del otro están tomando a la democracia de rehén. La verdadera democracia se construye de múltiples visiones, no de una, de dos, ni de seis. Y sobre todo, se construye con gente que quiere pensar, no agredir brutalmente para defender su camiseta.

Tres programas, tres momentos

El actor repasa los ciclos que marcaron su trayectoria en la televisión

  • Floricienta (2004)

    "Recuerdo que en ese momento me había separado de mi ex mujer y tenía que buscarme con urgencia departamento. Después sucedió el fenómeno, cosa que no me esperaba para nada y con el tiempo terminé dando un paso al costado. Aun hoy hay gente que me cruza y me habla de aquel programa, pero creo que lo hace más por amor al personaje –un príncipe bueno y arquetípico– que a mí. A partir de esa tira, pude empezar a elegir lo que quería hacer y contar"
  • Vidas robadas (2008)

    "Fue lo último que hice en tele con un contenido social y si bien ayudó a poner el tema de la trata de personas sobre el tapete, las últimas noticias del caso Susana Trimarco y su hija Marita Verón demostraron que no sirvió para mucho. La corrupción, la falta de respeto y el horror están a la orden del día en nuestra sociedad y siguen teniendo actualizaciones constantes"
  • Graduados (2012)

    "Una gran experiencia, sobre todo porque se trató de un ciclo que tenía mucho más corazón que marketing. Como muchos, yo entré y salí de la serie varias veces y eso nunca fue un problema, no había egos tontos que complicaran el panorama"
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