
Maradona, en busca de la emoción
"La noche del 10" , ciclo de entrevistas y entretenimientos. Conducción: Diego Maradona, con la participación de Sergio Goycochea. Producción ejecutiva: Gonzalo Mozes. Dirección: Gustavo Peduto. Los lunes, a las 22, por Canal 13. Crítica del segundo programa.
Nuestra opinión: Muy bueno
Si bien Diego Maradona debe de estar acostumbrado a ser considerado tabla de salvación desde los comienzos de su carrera, nada puede haberlo preparado para las dimensiones del fenómeno que ha creado su debut como conductor en la televisión argentina, tanto para el público como para el resto de la industria (ver aparte).
El notable segundo programa de "La noche del 10" pareció encontrar, con el paso de sus más de dos horas de extensión, tanto el ritmo como la estructura definitiva que seguirá a lo largo de sus trece capítulos pautados. Con respecto a su debut, pareció equilibrar sus dos principales elementos de interés, ya citados en estas páginas (el gran espectacular televisivo y la autobiografía por entregas), y mantener su apuesta por una producción cuidada y lujosa que sirva para presentarlos de forma atractiva y, sobre todo, emocionante.
En muchos casos, el momento en que la historia del conductor se cruza con la de la gente común (o con la historia del deporte) se constituye en el fuerte del programa, como lo fue la reconstrucción de la famosa "mano de Dios" en el primer gol de Maradona a Inglaterra en el Mundial 86 -con confesión incluida: "Fue algo que me salió de adentro, del potrero"-, o las historias de quienes lograron tomarse una fotografía con él. Por el contrario, a pesar de la insistencia con la que se lo promociona, es casi nulo el espacio dedicado a los entretenimientos en el desarrollo del programa.
Pero la verdadera revelación de esta segunda entrega de "La noche del 10" fue la confirmación de que el éxito del ciclo residirá tanto en Maradona como en sus invitados y en la relación que se genere entre ambos. En esta ocasión, la selección de figuras (que incluyó al elenco de "Sin código" y al cantante Ricardo Arjona), si bien perdió brillo internacional, ganó en espontaneidad y ritmo, con invitados que fueron mejor aprovechados en términos televisivos (ya que no mediáticos) y que permitieron que Maradona comenzara a relajarse en su rol de conductor-homenajeado, haciendo gala de la espontaneidad y el sentido del humor que le son conocidos.
El hecho de que entre los invitados estuvieran dos estrellas del deporte como Guillermo Coria y, especialmente, Emanuel Ginóbili -no dudaron en admitir su nerviosismo por estar frente al ex futbolista- permitió que el conductor se apoyara menos en el auricular con el que la producción le dictaba las preguntas y mucho más en los códigos y las experiencias compartidas con ellos. Por momentos, sin embargo, el cruce de elogios pareció quedarse simplemente en eso, diluyendo el interés del público por un encuentro muy esperado.
Como fue señalado en la reseña realizada al estreno del ciclo, el difícil equilibrio necesario para no convertir al homenaje de Maradona a otros grandes en el de Maradona a sí mismo es el verdadero desafío para los próximos envíos de "La noche del 10". Momentos como la comunicación sorpresa con el sobrino de Maradona desde Miami, en este envío, parecen pensados para provocar emoción en el ámbito familiar y continuar la narrativa de su encomiable recuperación más que por tener algún tipo de interés para el público en general.
La contracara de esta suerte de mandato televisivo de "emocionarse con el Diego" fue el jugoso diálogo íntimo del conductor con Susana Giménez, en el que se puso en evidencia que el carisma y la humildad son las mejores armas del futbolista en la conducción. Casi como en su casa, Giménez y Maradona intercambiaron confesiones, chistes, regalos y hasta un paso de comedia a cargo de Adrián Suar (que quiso hacerle firmar allí mismo el pase al canal que dirige). Quizás el secreto del éxito de "La noche del 10" radique, precisamente, en demostrar que -frente a Maradona y detrás de cámara- cada estrella es, en el fondo, una persona común y corriente.





