
Marcelo Tinelli y sus cartas ganadoras
Un recorrido por los insólitos personajes que surgieron, crecieron y desaparecieron en su programa
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Desde hace un par de años, el "¡Chau, chau, chauuuu...!" que pronuncia Tinelli al terminar cada emisión de ShowMatch no significa el final del espectáculo, sino el inicio de las innumerables repeticiones en las que se multiplica el show en una suerte de ilimitado eco mediático. El centro de esas numerosas reverberaciones son personajes concebidos al calor de las luces del espectáculo conducido por Tinelli, pero que en determinado momento toman vida propia, a tal punto de continuar activos más allá de las cámaras de ShowMatch.
Llámese, en este momento Ricardo Fort, quien construye al ritmo de sus achocolatados millones un imperio de fama aprovechando el impulso que le brinda su exposición junto a Tinelli. Llámese Tito (Héctor Speranza), que gracias al mismo efecto puede mutar en días, de guardaespaldas del fabricante de golosinas a custodia de Lionel Messi; llámese Ileana Calabró, Aníbal Pachano, Jorge Lafauci o Francisco (De Narváez), como en los últimos tiempos. Pero los ejemplos no se agotan y pueden remontarse a los inicios mismos de la era de los programas de Tinelli en nuestra televisión.
Desde el comienzo
A principios de los 90, cuando ya VideoMatch había sufrido su transmutación de programa-deportivo-para salir-del-paso a éxito humorístico, se generó en pantalla un personaje al que se conoció como el Tortero. Quien lo hacía se llama César Santomauro y trabajaba como chofer de Tinelli. Era una época en que se había puesto de moda que muchos artistas, revistas y agentes de relaciones públicas mandaran tortas de regalo al programa para que los nombraran al aire. Un día que había muchas, Santomauro se puso a ayudar y se las alcanzó al conductor. En off, Marcela Feudale gritó: "¡Tortero balín!", y provocó una carcajada general con la que nació el personaje que luego adquirió vida propia. Años después, Santomauro se convirtió en periodista de automovilismo y trabaja en la radio en esta profesión.
<b><i> Ritmo de la noche </i></b>
Pero aun antes que el Tortero, apareció Boby Goma, otro personaje que puede ser incluido en este fenómeno. Lo había creado Lionel Campoy en el teatro under . Un ser irrompible originado por un científico loco. Mediante unos contactos casuales, Campoy fue convocado por la producción y se incorporó, primero, a Ritmo de la noche y después a VideoMatch . Fue el primer miembro de VideoMatch que no era periodista deportivo. Boby Goma cayó muy bien entre los chicos, a tal punto que salió un muñeco de goma con su aspecto, que hizo furor entre los más pequeños. A este producto se le agregó un CD con canciones infantiles, que también se vendió muy bien.
La generación de productos comerciales a partir de estos personajes se produjo en la historia del programa en incontables oportunidades. Una de ellas fue con el Lobizón del Oeste, parodia de un cantante de música tropical que interpretaba temas con letras bastante guarangas. Lo hacía Sergio Gonal, artista marplatense que, luego de mucho insistir, había logrado ingresar al equipo de humoristas del programa. Apenas debutó el Lobizón, Tinelli sostuvo que había que hacer un CD con las canciones. Y, finalmente, sacaron dos: TropiMatch y TropiMatch 2 . El primero superó las 240.000 copias vendidas y el segundo, las 60.000. "Tuve que prepararme; ir al fonoaudiólogo; estudiar canto. Con el tiempo, cuando alguien hacía un documental de bailanta, venían a buscar mi opinión como si fuera músico de ese género. Y yo lo que hacía era solamente un personaje", recuerda divertido Gonal.
Otros que no pueden dejar de nombrarse son el Dinosaurio Bernardo y el Oso Arturo, dos muñecos que compartieron el primer plano junto a Tinelli en la conducción. Bernardo surgió de una canción infantil que grabó Pablo Granados en uno de sus discos. Sin que haya confirmación del autor ni de la producción, la mitología del programa sostiene que el nombre de "dinosaurio" se lo pusieron en honor a Neustadt, vecino de horario en el canal y con quien Tinelli había tenido algunos inconvenientes al principio, debido a lo tarde que el periodista le entregaba el programa. En la primera aparición del dinosaurio, éste dio a entender (sólo con muecas, porque no hablaba) que era de Independiente. Tinelli amenazó con echarlo si no se hacía de San Lorenzo, lo cual generó una catarata de llamadas del público en defensa del bicho prehistórico.
Con el tiempo, lo reemplazó Arturo, un oso hormiguero gigante que tenía la característica de ser muy celoso y de agarrarse a las trompadas con otros muñecos que traía Tinelli para provocarlo. Tanto de Bernardo como de Arturo salieron variados productos con su imagen para los más chicos, amén de los imitadores truchos que ofrecían los servicios de los muñecos para animar fiestas infantiles.
Otro personaje que adquirió vida propia -como Figureti, creado por Freddy Villarreal; el obrero que gritaba "¡Rompé, Pepe!", que hacía Leo Rosenwasser; o los Hermanos Loprete- fue Riquelme, que hizo Toti Ciliberto, un albañil paraguayo bastante irrespetuoso. A espaldas de Tinelli (a quien nombraba Vinelli) decía que él era el conductor del programa, que salía con Paula Robles (la mujer de Tinelli, por ese entonces) y hasta que era el dueño del canal. El personaje trascendió a VideoMatch y generó gran cantidad de notas periodísticas, en las que Ciliberto fue entrevistado como si en la realidad fuera el famoso albañil.
Figuras de concurso
En la lista de figuras que salieron de esa suerte de cantera mediática que son los ciclos de Tinelli, está Nazarena Vélez, que surgió de un concurso de belleza que se hizo en VideoMatch y se llamó "MissMatch". Ella participó a la edad de 14 años y fue la ganadora. Luego, su carrera mediática creció en el seno del ambiente bailantero y revisteril. Otro caso que nace a partir de un concurso es el de Laura Esquivel, que surgió en ShowMatch, en un certamen de canto para chicos. Tenía 11 años. Luego trabajó dos años en ese programa, antes de convertirse en la estrella de Patito feo .
El inventario de figuras que surgen del universo Tinelli es inabarcable en una nota periodística. Pero algunos ejemplos sirven perfectamente como muestra de este fenómeno innegable.




