
Murió el artífice de un personaje entrañable
Con el "Preso", demostró que era un cómico de raza
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Con la muerte de Vicente La Russa, el humor televisivo perdió a una figura que lució el raro mérito de haber llegado muy lejos con un personaje elaborado con mínimos recursos y que la historia registra como uno de los más perdurables del género en la pantalla chica.
La Russa, que falleció anteanoche tras una larga enfermedad, a los 80 años, en una clínica local, quedará para siempre identificado con la imagen del "Preso", que a partir de su desaliño y una indiferencia a toda prueba frente a lo que ocurría a su alrededor funcionaba como ladero perfecto de las andanzas de Minguito Tinguitela, la creación de Juan Carlos Altavista.
Cada vez que Minguito salía a hacer un reportaje para La Voz del Rioba , el "Preso" era su acompañanante infaltable como reportero gráfico. Y si bien Altavista solía acaparar la atención gracias al carisma de su personaje, había en cada sketch de Minguito al menos un instante de lucimiento para el "Preso". Los entrevistados quedaban mudos frente a un personaje que se dedicaba a merodear, a sacar fotos desde lugares inverosímiles (era común verlo completamente tendido para registrar una "placa" del pie del invitado del turno) y a exhibir sus muy particulares y desaliñados rasgos de identidad: boina, cigarrillo eternamente apagado entre los labios, bufanda a cuadros, alpargatas.
La Russa aportó a este personaje mudo y de gesto siempre abombado -hasta que en algún momento salía de su voz un grito primitivo y gutural muy gracioso- notables recursos de mímica y movimiento, propios de un actor de condiciones innatas para la comedia. La precisión y el timing para el chiste visual del "Preso" funcionaron siempre como complemento perfecto de la comicidad costumbrista de Minguito.
El "Preso" mantuvo su presencia ante las cámaras, tras el fallecimiento de Altavista, en julio de 1989. De hecho, fue el personaje que más tiempo se mantuvo detrás del mostrador de Polémica en el bar , como el heredero más perdurable del lugar antes ocupado por Alberto Irízar. Allí también La Russa siempre se las ingeniaba para hacer que el "Preso", aún en segundo plano o en el fondo de la imagen, tuviera una presencia propia y visible dentro del cuadro humorístico.
Siempre confiable
Más allá de este personaje tan popular, La Russa perteneció a ese grupo especial de actores secundarios confiables a toda prueba para integrar elencos cómicos o secundar a las grandes figuras del género. Nacido como Vicente Rodríguez Cid, fue también un relevante imitador de figuras políticas argentinas en el teatro de revistas de los años 60 y supo utilizar como recurso cómico sus notables condiciones vocales, desarrolladas gracias a una rigurosa formación como cantante lírico.
También formó parte de la troupe de La revista dislocada , a la que llegó en 1959 junto a Carlos Balá, Alberto Locati y Jorge Porcel, y con la que filmó dos películas ( Disloque en Mar del Plata y Disloque en el presidio ), ejemplos de una larga carrera cinematográfica caracterizada por comedias livianas de tinte familiar ( Amigos para la aventura , Cosa de locos , Gran Valor , Minguito Tinguitela papá ) o picarescas ( Las muñecas que hacen pum , El manosanta está cargado ).
Su último gran papel en la TV, junto a Alberto Olmedo en No toca botón , merece un recuadro aparte: aquel jocoso director de bigote hitleriano y acento germánico que se aprovechaba del pobre jefe de cadetes Rogelio Roldán y lo zamarreaba con empujones que terminaban rompiendo decorados habla a las claras del talento de un cómico de raza. Sus restos fueron inhumados en el cementerio de Olivos.
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