Quién quiere ser millonario: tiene 93 años y desde el INTI inventa soluciones para la tercera edad

Rafael es ingeniero químico y da charlas por todo el país.
Rafael es ingeniero químico y da charlas por todo el país.
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13 de septiembre de 2019  • 00:07

El 10 de octubre, Rafael Kohanoff va a cumplir 94 años, y asegura que todavía tiene "una vida por delante". Y es que este ingeniero químico aún se encuentra en plena actividad. Trabaja en el INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial), recorre el país dando charlas, y en los últimos años se ha dedicado a pensar en las necesidades de los adultos mayores.

Así describió su presente en Quién quiere ser millonario: "Antes sabíamos que el cerebro te hacía pensar, pero ahora se descubrió que tu pensamiento actúa sobre tu cerebro. Si tenés pensamientos virtuosos, alegres, eso te hace sentir bien y tu vida se extiende. Me dí cuenta que en mi vida siempre trabajé en positivo, siempre tuve proyectos, amo la vida y amo a la gente".

Gracias a ese amor y a sus propias vivencias, Rafael comenzó a pensar cuál era la mejor manera de focalizar sus ganas de hacer cosas con la necesidad de ayudar a los demás: "quería que mi experiencia se volcara a la gente más necesitada. En base a eso creamos en el INTI un centro de tecnología al servicio de las personas con discapacidad, y de los viejos". Con la misión de difundir su trabajo, el participante comenzó a mostrar sus inventos: un tope para bastón que evita que este se resbale y se caiga, un dispositivo para poder abrochar botones -"para los viejos que ya tenemos los dedos duros", explicó con simpatía- un calzador XL, y un complemento para poder ponerse las medias sin agacharse.

La característica de cada uno de estos aparatos simples de hacer y muy prácticos es que nacen de materiales que pueden encontrarse en cualquier casa: "Cuando creamos esto (el tope para bastón) y vimos que nadie en el mundo lo tenía llamé a amigos para que lo fabriquen y los vendan pero me dijeron 'no es negocio', entonces decidimos hacer encuentros de cien viejitos, y en una mañana les enseñamos a fabricárselo".

Entre anécdotas de su vida, y un sólido conocimiento Rafael se llevó 180 mil pesos, y al despedirse ofreció el secreto para tanta juventud de espíritu: "Hace poco una sobrina me preguntó: 'tío, ¿vos pensás en la muerte?, y la verdad es que nunca se me ocurrió. ¿para qué si una vez que me muera no voy a saber nada de nada. Trabajamos para la vida".

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