
Rico al instante y todo lo que vale una llamada
Un exitoso formato internacional que busca sacar provecho de los juegos telefónicos y apuesta al reality show se instaló en la TV local
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Rico al instante, programa de entretenimientos con premios. Conducción: Mariano Peluffo. Movileros: Rafael Casado, Paula García Larsen, Willy Van Brook, Eugenia Puggioni y Belén Badía. Asistente en el estudio: Valeria Mammoliti. Escenografía: Julio Bangueses. Coordinadora de producción: Ianina Celasco. Dirección: Pablo Milutinovic. Producción ejecutiva: Miguel López-Quesada, Ana Laura Deluso y Fidel Chiatto. Una producción de Zed Televisión y Telefé, los sábados, a las 19.
Nuestra opinión: buena
Hace algo más de un año que Rico al instante despierta en España, su país de origen, tanta expectativa como polémica. Este formato, que la cadena privada Antena 3 emite en la península desde enero de 2009, fue reconocido en un mercado televisivo de la envergadura del Mipcom como uno de los 30 más originales presentados durante esa temporada en todo el mundo. Sin embargo, no deberíamos hablar en este caso tanto de originalidad como de astucia, porque aquí el mérito (de los organizadores) descansa en la sagaz idea de actualizar algunas fórmulas bastante frecuentadas del viejo género del entretenimiento televisivo sobre la base de los dos elementos de reciente aparición con mayor convocatoria en la búsqueda de fama y recompensa a través de la pantalla: el reality show y los juegos telefónicos con doble propósito: hay que llamar para participar y también para votar por el ganador.
Aquí, las pretensiones son algo más modestas respecto del original: la promesa en España de un premio mayor de un millón de euros se redujo aquí a la nada desdeñable cifra de 300.000 pesos, seguramente mucho menor que la suma que se recaudará por las llamadas vía celular de los potenciales participantes. "Mandé como 500 SMS", se sinceró Raúl, un enfermero marplatense que se convirtió en el primer ganador local del ciclo, al abrir de par en par las puertas de su hogar a la unidad móvil del programa, cuyo ingreso se produjo con un despliegue digno de una fuerza de choque. Cuando ocurría lo mismo en otra ciudad, el conductor Mariano Peluffo rubricó la idea: "¡Miren, parecen los de SWAT!", dijo casi al pasar, pero a conciencia.
Son cinco los móviles (para otros tantos competidores) que aparecen ante la vista del conductor agrupados en colores a partir de un original alarde tecnológico en medio de una escenografía estrecha y funcional, que en este caso prescinde del público en el estudio. Aquí, en cambio, el apoyo masivo lo brindan los vecinos del quinteto de participantes, cuyo perfil marcará la tónica del programa en su costado de reality show: pertenecen a la clase media o media baja de barriadas suburbanas (Lanús, Monte Grande) o localidades del interior (Mar de Ajó, Totoras, Mar del Plata) y son familias que sueñan con el premio para convertirse en propietarias de sus respectivas viviendas o cumplir aspiraciones puntuales. Como la joven madre que deseaba el premio para pagarle al abogado que debía gestionar la patria potestad de su hija.
Así las cosas, el precio de competir por la jugosa recompensa en metálico consiste en que cada una de las cinco familias deje entrar a las cámaras, revele algunas rutinas familiares y describa sus sueños y aspiraciones (al fin y al cabo, uno de los artífices de la idea fue cerebro del Gran Hermano español) para que los televidentes, otra vez por medio de los SMS, voten y se pronuncien por aquel que les despierte más simpatía o compasión. Sólo de esta manera se estira por casi dos horas un programa de mecanismos tan sencillos que el juego podría definirse en escasos minutos.
La producción está a la altura de lo que requiere una propuesta emitida en vivo, con conexiones simultáneas desde cinco lugares diferentes, más allá de los desajustes comprensibles del debut. Con mucho oficio para sostener 120 minutos de emisión ininterrumpida sin pausas ni tandas, más una comprensión acabada de la impronta familiar del ciclo (hasta contó anécdotas personales de sus hijas), Mariano Peluffo también cumplió al frente de un programa concebido para estimular la atención del televidente y por momentos genuinamente emotivo, pero también expuesto a riesgos de un potencial desinterés. Es que el interés está puesto en el medio, es decir, la mayor recaudación posible a través de SMS (la creadora del ciclo, Zed, es la empresa líder en el mundo en materia de entretenimiento sobre la base de plataformas móviles), y no en el fin.
8,6
puntos
En el debut del sábado 20 quedó primero en una franja horaria de escaso encendido




