Soledad, en el mundo del reality show
La cantante conducirá el nuevo programa del 13
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En 1999 un nuevo género apareció en la TV local para cambiarla para siempre. Al menos eso parecía cuando detrás de los náufragos de "Expedición Robinson", en 2000, llegaron los reclusos por opción de "Gran hermano", los habitantes de "El bar", las aspirantes a modelo de "Super M", los proyectos de cantantes de "Popstars" y hasta los actores desorientados de "Reality-reality". En aquellos tiempos la pantalla chica rebosaba de "gente común" viviendo situaciones extraordinarias con muchas cámaras de testigo. Pero el fenómeno -crisis económica y agotamiento de formulas mediante- cambió, bajó de intensidad y en la selección de la televisión verdad sólo sobrevivieron los aptos. Desde hoy, a las 21, por Canal 13, "El llamado final" mostrará la nueva cara de un género que cambia de piel cada nueva temporada.
"Para nosotros el reality tiene que ver con la forma en que registramos lo que les pasa a los participantes. En este caso eso tiene relación con las cosas que le suceden a una pareja en un juego, una competencia. La idea es mostrar a los jugadores, antes, durante y después. Por eso la premisa es que la pareja tenga conocimiento previo, tienen que jugar condicionados por su vínculo, el de madre e hija, por ejemplo", explica Pablo Martins, productor general de Promofilm, la productora de "El llamado final" y "Expedición Robinson", el pionero de los realities en la TV local.
El programa que conducirá Soledad Pastorutti mostrará a dos parejas que serán "abandonadas" en algún lugar del país (en el primer episodio será Capilla del Monte, Córdoba), dónde deberán pasar algunas pruebas físicas y conseguir trasladarse hasta su destino final, en este caso, la ciudad de Córdoba guiados por las pistas de un invitado famoso y las llamadas por celular de la conductora.
"El juego consiste en pequeñas competencias donde se suman datos para la final. Cuantos más datos tienen más fácil les resulta ganar, pero eso no quiere decir que esté todo dicho. Son 36 horas de competencia y el último juego dura entre seis y ocho horas. En las pausas, al final de cada desafío, se hacen entrevistas para saber qué les va pasando a medida que avanzan. No es lo mismo agarrarlos al final y que recuerden lo que pasó que apenas bajados del caballo. Es una forma de seguir la euforia del que ganó y lo que le pasa al que perdió", detalla Martins, que agrega: "Ahí se podrá ver cómo se asocian o se enojan por cosas que tal vez vienen de antes del programa que no tienen que ver necesariamente con el juego". Algo así como una terapia familiar o de parejas con las cámaras prendidas.
Una práctica que siempre formó parte de los reality shows. Después de todo, de eso se trataba el confesionario de "Gran hermano", con su sillón/diván, siempre dispuesto a registrar los más íntimos pensamientos de quienes habían renunciado a su intimidad en pos de la notoriedad.
En el caso de "El llamado final", más que la intimidad de los participantes el terreno más expuesto será justamente el terreno. "Vamos a mostrar el interior de una manera especial. Se verá su gente, su idiosincrasia, algo que tiene que ver con lo que yo hago en las giras cuando, por ejemplo, sorteamos caminos que no conocemos. No tengo que imaginarme dónde estarán los participantes porque seguramente pasé por ahí para cantar", explica Pastorutti, la conductora del ciclo que estrena esta noche Canal 13.
De la casa a la calle
En un principio todo era sobre el encierro. Poner a un grupo de conejillos de indias en un ambiente controlado, cerrado y monitoreado. Se tratara de una casa o de una isla, la cuestión era el aislamiento y la capacidad de los ojos de las cámaras para seguir cada movimiento de los sujetos de los experimentos. Pero el tiempo pasó, la casa de "Gran hermano" se volvió monótona incluso con los cambios de acolchados y la isla de Robinson se transformó en un lujo inaccesible para la Argentina posdevaluación. Ahí sucedió la primera mutación: el neologismo docu-reality inauguró la nueva era. Era el tiempo de "Popstars", "Super M" y "Camino a la gloria". En esos ciclos, la clave era la búsqueda de talento y las historias de vida que lo acompañaban. También, con "E24" y de alguna forma con "Ser urbano", la ecuación se invertiría con las cámaras saliendo a la calle para tomar la "realidad".
"Van a surgir nuevas formas y variantes. El reality es un género nuevo que tiene que ir reinventándose. Como ya lo hicieron antes las novelas, los magazines", dice Claudio Villarruel, director de programación y contenidos de Telefé y un verdadero experto en la materia. Por su pantalla pasaron tres temporadas de "Gran hermano", la primera de "Operación triunfo" y ahora se ve "Odisea. En busca del escarabajo dorado", un ciclo tan exitoso como difícil de clasificar. Una mirada superficial podría ponerlo en la misma bolsa con los reality de aventuras, como "El llamado final" o "Robinson", pero el producto de Marley escapa al encasillamiento. "Lo de Marley es un programa de entretenimientos más que un reality. La única parte de realidad es que los famosos que participan no están actuando. Los juegos son apenas una excusa para que ellos se diviertan y la audiencia se ría a la par. Y funciona", explica Villarruel.
Para él, un programa como "Gran hermano" ya no causaría sensación en la TV actual porque, devoradora insaciable de fórmulas, ahora la pantalla chica les exige a los reality que sean tan buenos como efímeros. "Me parece que «Operación triunfo» es una superación de «Gran hermano». Hoy un ciclo de éstos que tardara en definirse más de cuatro meses ya no funcionaría. Sí creo que «Operación triunfo» debe seguir. Es más: estará en pantalla hacia fin de año", aseguró el responsable de los contenidos de Telefé.
Talentosos en la mira
Aquí y en el exterior el género tiene una gran cantidad de variantes. Claro que a la búsqueda de pareja tipo "The Bachelor" (aquí la emitió Warner Channel), que estuvo de moda hace un año, y sus derivados, parece que se le impusieron los shows que salen a la caza de talentos. Cualquier tipo de talento. Si "America idol", similar a "Operación triunfo", terminó su tercera temporada (se vio por Sony) con el honor de ser el programa más visto de la TV norteamericana, "The Apprentice" conducido por el magnate Donald Trump se transformó en fenómeno. Allí se pone en juego el talento de los participantes en el duro mundo de los negocios.
"Los americanos apenas están descubriendo este género. Como es una sociedad que se rige por lo que es políticamente correcto, «Gran hermano» no funcionó y sí tienen éxito programas como el de Trump. Todo lo que represente el sueño americano va a funcionar", cuenta Villarruel. El famoso american dream tiene en el universo de los reality más de una faceta. Ahora, a la búsqueda de modelos que hizo la top model Tyra Banks se sumó el casting televisado del próximo gran campeón de boxeo. Sylvester Stallone y Oscar de la Hoya participan, cada uno por su lado, en dos reality shows que buscan al mejor candidato a boxeador profesional.
Peluquerías, restaurantes, islas desiertas y hasta un ring, ningún escenario queda afuera de los tentáculos de la televisión verdad. Es que, además de entretenidos, estos ciclos son más que rentables. No suponen un costo demasiado alto y las ganancias son enormes: para la final de "American idol" se recibieron 66 millones de llamadas de los televidentes, que para votar por su concursante favorito estuvieron dispuestos a gastar tres dólares por llamada.
Cambiame que me gusta
Hay un subgénero de los reality que todavía no desembarcó en la televisión abierta local. Se trata de aquel que les asegura a sus participantes un cambio de aspecto tanto personal como habitacional. Si bien Promofilm anunció la realización de "Transformaciones", por ahora el ciclo que prometía cirugías estéticas a quienes fueran seleccionados frenó su marcha. Sin embargo, por la señal de cable Sony (domingos, a las 22) se puede ver "Extreme Makeover", la intrusión más violenta de la TV en las vidas de quienes estén dispuestos a dejarla entrar. Cirugías estéticas a pedido y al por mayor mostradas hasta el último desagradable detalle para ¿deleite? de la teleaudiencia.
En materia de cambios físicos, "Extreme Makeover" no es el último escalón en el camino de la humillación pública de participantes. La televisión norteamericana, lejos de la sutileza, presentó "The Swan" ("El cisne"), en el que un grupo de mujeres puestas expresamente en la categoría de patitos feos son transformadas en cisnes más parecidos a maniquíes de vidriera de puro plástico que a personas de carne y hueso.
La esencia de los reality shows es el encierro, dicen unos. La aventura, aseguran otros. Las historias de vida, aseveran algunos más allá. Lo cierto es que el nuevo género, que ya cumplió cuatro años, parece tan inabarcable como la variedad de temas y lugares que se anima a invadir para transformar lo normal y ordinario en materia susceptible de ser captada por una y mil cámaras a la vez.
Cómo será el programa
- 2 parejas compiten en "El llamado final".
- 36 horas es lo que dura el juego.
- 20 personas son las encargadas de realizar el programa.
- 1 mes dura el viaje por el país, que recibirán los ganadores como premio.
- 5 son las cámaras que siguen a los participantes, a través de sus distintas vicisitudes.
- 1 provincia por cada emisión será el escenario donde se desarrollará el juego.
Desde "Robinson" hasta hoy
Después de dos exitosas temporadas, "Expedición Robinson" desapareció de la pantalla chica local. Los costos de trasladar un equipo de producción numeroso hasta la isla de Panamá que servía de escenario al programa eran demasiado altos para la Argentina de la crisis. Claro que Promofilm continuó realizando el ciclo para otros países. "Hicimos más de quince «Robinson» para el resto del mundo. Muchos integrantes de ese equipo ahora están en «El llamado final»", explica Martins, que, además de aquel reality, encabezó la producción de "El conquistador del fin del mundo", que se grabó en la Patagonia con participantes de Chile, México, Estados Unidos, Brasil y Ecuador.
Aquellas dos experiencias internacionales funcionaron como una preparación para trabajar en el territorio nacional con jugadores locales.
"Este programa combina lo agreste con lo urbano. No se trata de paisajes inhóspitos como los de «Robinson». Mostramos los paisajes del país, la variedad que tenemos. A veces nos maravillamos con lo que hay afuera, sin tener en cuenta los distintos paisajes, climas, culturas y gente que coexisten en la Argentina", dice el productor, que aunque asegura que este ciclo no fue pensado para su venta al exterior, no descarta esa posibilidad o usarlo para "vender" a la Argentina como escenario para grabar otros ciclos del estilo.





