Televisión y buenos sentimientos
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"La misión", programa de servicios con Bárbara Cudich, Pablo González, Alejandro Ortino, Fernanda Caride, Francisco Civit y Picky Paino. Producción ejecutiva: Pablo Martins-Marcela Fernández. Dirección creativa: Marcela Campos. Dirección: Diego Santos. Posproducción: Leandro Santagada. Coordinación de guión: Oscar Tabernise. Guión: Santiago Varela, Alicia de las Casas, Victoria Katz, Marcelo Stupini, Adolfo Maña. Coordinación de producción: Vanesa Dorado. Dirección de arte: Julia Freid. Musicalización: Martín Rocha. Música original: Leonardo Gramajo. Vestuario: Silvia Rizzo. Jefe de sonido: Mariano Vaccaro. Jefe técnico: Juan José Pandori. Una realización de Promofilm. Domingos, a las 21, por Canal 13.
Nuestra opinión: bueno.
Primero, una definición global: "La misión" es un ciclo de servicios/documental en el que un grupo de productores cumple cada semana un objetivo solidario con la ayuda de diferentes actores sociales. Hasta ahora las misiones cumplidas fueron:
Primera: se consiguieron los fondos para que la Fundación Argentina de Infectología Pediátrica del Hospital Gutiérrez pueda comprar los reactivos para controlar la evolución de los bebes portadores de HIV. Para recaudar el dinero se grabó un CD con una canción interpretada por muchos cantantes (una suerte de "We are de world" escrita por Alejandro Lerner y producida por Lito Vitale).
Segunda: se construyó un camino para que los habitantes de El Sauzal, un pueblo salteño a 30 metros de la frontera con Bolivia, puedan llegar a la ciudad más próxima sin salir del país. El único acceso de entrada y salida del pueblo, antes de "La misión", era a través del territorio boliviano. No participaron famosos.
Tercera: se reinauguró el teatro Italiano, de la ciudad bonaerense de Rawson, con el padrinazgo de Hugo Arana.
Cuarta (hoy): Julián Weich y más de 200 buzos ayudarán a limpiar la contaminación de las costas de Puerto Madryn, hábitat de ballenas, pingüinos, lobos y elefantes marinos.
Algunas precisiones acerca de "La misión":
- Está realizado como cualquier programa de TV (en este caso, con buena edición, buen sonido, buena iluminación y muy buena musicalización). Por lógica, tiene productores, camarógrafos, sonidistas, guionistas, iluminadores, editores, musicalizador y equipo técnico en general. Este conjunto de gente no aparece en pantalla. Su función es registrar el desarrollo de cada misión y darle formato documental. Estas personas son las que hacen el programa.
- Quienes aparecen como "productores" son los seis protagonistas del ciclo. Su función es -al menos, según lo que se deja ver- de contenido: seleccionan misiones y consiguen los recursos para realizarlas.
- El espíritu del programa es solidario. Pero su primer deber es funcionar como programa de televisión.
No tan verosímil
El formato documental que sirve como soporte de "La misión" muestra al grupo de productores generando una idea, debatiéndola, hablando por teléfono para conseguir recursos, etcétera. Se alegran, se pelean, se apoyan, se sorprenden. Y ninguna de esas situaciones parece real. Sea porque las escenas no son espontáneas, sea porque lo son, pero los productores se ponen nerviosos por la presencia de las cámaras, estos tramos de "La misión" brillan por su artificialidad.
Seguramente la producción (la real, no la que aparece ante cámaras) pensará de esta crítica: "¿Cómo escribe esto? Todo es verdad. Absoluta verdad". Lamentablemente, en televisión no solamente hay que serlo sino también parecerlo.
Las misiones en sí son irreprochables. Cada uno de los objetivos cumplidos tuvo un doble valor: por un lado, dejar tras de sí un hecho positivo y concreto, y por otro, poner en funcionamiento lazos solidarios. En resumen: el programa vehiculiza cierta energía social con el fin de realizar determinado emprendimiento.
Sin embargo, no debe confundirse a "La misión" con instituciones como la Red Solidaria, encabezada por Juan Carr. ¿Cuál es la diferencia? La Red buscará uno, dos, tres, diez donantes de corazón y todos los que hagan falta mientras exista un ser humano que lo necesite. El entusiasmo televisivo, en cambio, es limitado. Una anécdota: siempre se supo que, hace años, un noticiero subía su rating con ciertas campañas del tipo: "Consigamos una pierna ortopédica para Rosita". Como la emisora lograba el cometido, al otro día, en la puerta del canal, una larga fila de gente con el mismo problema esperaba para ser ayudada. Pero los productores contestaban: "Lo de la pierna ortopédica ya lo hicimos. Ahora necesitamos otra cosa".
Si bien en términos éticos y estéticos "La misión" está lejos de ese ejemplo del pasado, al igual que aquél tampoco puede evitar comportarse como un programa de TV. Está obligado a la variedad: hoy algo con músicos, mañana un camino, pasado una tarea subacuática. No obstante, nada le quita la virtud de ser una buena idea que aporta tanto en favor de la televisión como de la comunidad.
"La misión" ocupa un lugar vacío: construye caminos, provee a un hospital público, fomenta los espacios culturales y lucha contra la contaminación de hábitats marinos. Todas funciones de un papel que, en verdad, le corresponde al Estado.
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